En América Latina -y en el mundo en general- se habla de la necesidad de una renovación en los cargos políticos. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo hacer que cada vez más jóvenes puedan acceder a cargos públicos electivos? El siguiente artículo explica por qué cada vez menos jóvenes deciden participar en política partidaria y por qué es tan difícil que los nuevos militantes sean electos. Debate: ¿Serviría una ley de cupo sub-35? Opinan el psicólogo Sergio Balardini y los candidatos a legisladores porteños Gonzalo Ruanota, Juan Cabandié y Martín Olmos, todos ellos menores de 35.

América Latina está en cambio. La Argentina tuvo su 20 de diciembre de 2001, en que mucha gente reclamaba “que se vayan todos”; Bolivia vive una renovación política importante de la mano de Evo Morales; Brasil y Uruguay, con sus idas y venidas, también viven momentos de cambio. Este principio de siglo, parecía ser realmente renovador.

Pero el tiempo pasó y aún no se vislumbra una gran participación de los jóvenes en los asuntos políticos de la región. Más bien sucedió lo contrario y las reglas de juego del sistema político no mostraron señales de cambio.

Hoy emergen muchos interrogantes a la hora de pensar estrategias para promover la participación de los jóvenes en política, especialmente el acceso a los lugares que les permitan trabajar desde una posición directamente relacionada con la toma de decisiones. Una de ellas, sería la posibilidad de prescribir por ley que un determinado porcentaje de cargos electivos deban ser cubiertos por menores de 35 años. ¿Es necesario generar un cupo de este tipo?

En la suya

Gonzalo Ruanova (29 años), ocupa el quinto lugar en la lista de legisladores de Diálogo por Buenos Aires. Tiene en su currículum el haberse desempeñado como director general de la Guardia Urbana y subsecretario de Participación Ciudadana de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “La política de cupos no garantiza que una persona sea capaz. En el caso del cupo femenino fue acertado porque realmente las mujeres estaban postergadas a la hora de pensar en quién tenía que ocupar los cargos. Pero con los jóvenes la situación no es la misma”, opina. “El tema central pasa por el contexto general poco participativo, ya que el género político está bastardeado y esto se ha convertido en un fenómeno global”.

Nuestro contexto posmoderno, orienta los valores de los jóvenes hacia la competencia, el consumo y el individualismo: los medios de comunicación, el mundo laboral y el sistema educativo envían señales inequívocas en ese sentido. Existe una contradicción entre el marco individualista en que se forman y egresan los jóvenes, y la posibilidad de participar en un proyecto colectivo.

La falta de interés que expresan en relación al sistema político está más vinculada a una apatía socialmente aprendida que a un rasgo natural de esta etapa particular de la vida. Porque la juventud no elude intervenir en los distintos ámbitos que la sociedad le ofrece, sino que hay un desplazamiento de la participación desde la política partidaria hacia las organizaciones de la sociedad civil o incluso la Cybermilitancia (ver Opinión Sur Joven, Número 13).

Juan Cabandié, 29 años es coordinador del Consejo Federal de la Juventud, y también logró ubicarse en un puesto expectante de la lista de legisladores del Frente para la Victoria. Él también opina sobre el fenómeno. “La participación juvenil es un proceso, una tarea a desarrollar, porque es un sector siempre postergado en las decisiones políticas. Considero que debería existir un cupo”, asegura y dice estar orgulloso de que en su lista el 25% fueron jóvenes.

En foco

No se trata de localizar un fenómeno que es nacional, regional y mundial. Siempre es muy difícil para un joven acceder a cargos electivos. Uno de los recursos más valorados para un político es su red de contactos y las fidelidades cosechadas a lo largo de su carrera. Los jóvenes, que en general no las poseen, tienen dificultades para llegar a los primeros lugares.

Pero como no podemos analizar todas los parlamentos del mundo, trataremos de ver uno, y que éste sirva como botón de muestra: la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Si observamos su composición, podemos contabilizar a trece legisladores menores de 36 años: siete hombres y ocho mujeres. Esto representa un 22% sobre el total (60), casi un cuarto de sus integrantes. Dato alentador, dado que no hay una ley que obligue a incorporar un porcentaje determinado de jóvenes en las listas.

Sin embargo, como se explicaba antes, los cargos dependen de la red de contactos políticos que vaya construyendo cada candidato a lo largo de su trayectoria militante, así como del poder e influencia que pueda tener sobre otros militantes, sectores o líderes dentro de la organización; también del propio liderazgo partidario que lo perfile como un candidato natural a ocupar el lugar disponible.

En síntesis, todo gira alrededor del capital político acumulado que es lo que permite “rosquear” desde una mejor posición el lugar en las listas, o los espacios disponibles en la gestión pública. Poco se habla de idoneidad o capacidad de gestionar como un factor determinante a la hora decidir quién desempeña un cargo.

Y en este esquema quedan mejor posicionados los elementos más antiguos del partido, en desmedro del sector juvenil. Esto no quiere decir que no haya funcionarios o legisladores jóvenes, pero generalmente su presencia se convierte en la excepción y no en la regla, haciéndolos muy dependientes de la voluntad política de turno para acceder a los puestos.

Sobre el tema también opinó Martín Olmos, 27 años, asignado al décimo lugar en la lista para legisladores del Frente para la Victoria. “Es importante que se generen espacios de gestión que puedan ser ocupados por los jóvenes, ya que generalmente somos quienes traemos los elementos novedosos e impulsamos los cambios que permiten renovar la forma de ver los asuntos públicos”, asegura Martín, vicepresidente de la Juventud Peronista de la Capital Federal. “Pero también -agrega- tiene que haber un marco general abierto y favorable a la participación, que tome a la política como un instrumento para cambiar la realidad. Esto se puede complementar utilizando la discriminación positiva para generar un cupo juvenil.”

Sobre esta cuestión también opinó Sergio Balardini, psicólogo especializado en adolescencia y juventud, y consultor de la Organización Iberoamericana de Juventud y de la Fundación Friedrich Ebert: “El cupo juvenil no es una mala idea en sí, pero hay que ver en qué contexto puede ser aplicado. No creo en medidas sueltas, es necesario que estén integradas dentro de un conjunto y que tengan objetivos concretos con respecto al tema”, opina. “También es verdad que hay espacios, territorios, que tienen que ser conquistados por los jóvenes, mas allá de que los adultos tengan que ceder poder. La síntesis de esto sería una alianza entre adultos renovadores y jóvenes con ganas de participar. Porque hay un segmento grande de jóvenes muy lúcidos que no están dispuestos a dejarse manipular por la vieja política. Son quienes dicen que participan no ‘gracias a’, sino ‘a pesar de’, y están alejados de la política partidaria”.

Sin embargo, no hay que caer en la tentación que nos ofrece la falsa dicotomía entre “vieja política” y “nueva política”, porque existen viejas prácticas que pueden ser reproducidas por los jóvenes, como también nuevos procedimientos susceptibles de ser aprendidos por militantes más experimentados.

¿Pero se pueden hacer propuestas de cambio en este sentido?. Una medida posible sería fomentar la participación de los militantes jóvenes mediante voz y voto en la mayoría de las decisiones relevantes de los partidos: es importante que la decisión de elegir al candidato tenga la suficiente legitimidad de todos los sectores involucrados; una participación más amplia de los jóvenes a la hora de seleccionar candidatos generaría una mayor coincidencia entre la oferta de los partidos y las preferencias de los votantes.

Esto también lo señaló Sergio Balardini: “Creo que las estructuras clásicas de participación, como los partidos políticos por ejemplo, se han convertido en ámbitos de expulsión para la juventud que quiere participar. Y esto se debe en gran medida a que la política ha dejado de plantearse en términos ideológicos, para jugarse completamente en el campo de la instrumentalidad. La falta de una ideología clara que mantenga la coherencia de los partidos a la hora del decir y el hacer, es un factor que atenta contra la participación juvenil”.

Es por eso que en la actualidad se vuelve necesario reformular estrategias que desarrollen valores inclusivos y generen un nuevo proyecto colectivo que interpele a los jóvenes.

Es importante entonces, ampliar el concepto de la participación juvenil -que no se agota en la política partidaria- generando nuevos horizontes de intervención que incluyan a otros sectores de la juventud que tienen militancia no partidaria. En este sentido, una Escuela de Formación Política podría servir como espacio de encuentro, donde se efectúe el traspaso de conocimiento y experiencia de la “vieja guardia” militante a quienes comienzan a hacer sus primeras armas en la militancia.

Muchas veces, la falta de una orgánica que forme a los militantes desde sus comienzos y dentro de la cosmovisión ideológica que puede ofrecer el partido, trae como consecuencia la posterior ausencia de disciplina partidaria y aparecen individuos que por un mayor incentivo material o simbólico se pasan de bando político, dejando de lado la ideología como principio rector de sus decisiones.

Es importante prestar atención a este punto, porque cuando la política pierde su dimensión ética se convierte de un medio en un fin en sí misma, perdiendo el elemento potencialmente transformador que tiene para la sociedad.

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Ensayo Balardini
Un trabajo de Sergio Balardini en que cuestiona sobre el supuesto desinterés de los jóvenes en la política.
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¿Cómo se eligen los candidatos en América Latina?
Un interesantísimo trabajo de investigación

Una película: Caballero Sin Espada, de Frank Capra. Un joven boy scoutt llega por casualidad a ser senador de Estados Unidos. Allí se entera cómo funciona en verdad la política. Una película divertida, con un mensaje un poco naiff (es una peli de finales de la década del 30) pero agradable para idealistas. Más info