Desde hace unos meses se empezó a barajar la posibilidad de irse por primera vez solos sin la cansadora vigilancia de los padres.

Las primeras charlas fueron complicadas, tampoco es fácil hacer una revolución y conseguir la independencia.

Sin embargo, luego de mucha negociación y muchas condiciones, accedieron. ¿Y ahora? ¿Quién reserva el lugar? ¿Quién cocina? “Cuando se van de vacaciones solos surge una angustia de separación, porque si bien está el deseo de los jóvenes, también está el miedo a enfrentarse con esa libertad”, explica Fabio Otamendi, psicólogo especialista en adolescentes. Es insoslayable que la autonomía de los chicos, hoy en día, es completamente distinta a la de hace una década. La demanda cotidiana de independencia es lo que lleva, en muchos casos, a conflictos familiares que ponen en jaque los miedos subyacentes de los padres.

Ahora bien, la cuestión de la emancipación parental no es cosa de estos días: “Antiguamente, en todas las culturas, cuando se pasaba de la adolescencia a la adultez, tenía lugar el llamado `viaje iniciático´, donde los jóvenes realizaban algún tipo de excursión, por ejemplo yendo a cazar, y volvían ya siendo adultos”, cuenta Otamendi. En la cultura occidental de nuestra época ya no existen ese tipo de viajes u actividades, entonces se utilizan estas vacaciones como una forma de despegar. Tienen un carácter muy importante, ya que es la primera ruptura con la familia.  No obstante, el licenciado plantea que si bien el beneficio es no estar bajo el control de nadie, aparece el miedo de carecer de protección, por lo que el chico se encuentra solo, angustiado y privado de ese marco de atención. Como consecuencia, surge el riesgo de que el jóven intente canalizar esta mezcla de sentimientos de una forma dañina, en la que juegan un papel fundamental los excesos.

Por otra parte, lo excitante que puede ser dar el primer salto en materia de independencia frente a los padres tiene una contracara que se expresa a través de la precipitación. Frente a la emoción de irse, los chicos suelen obviar diversas cuestiones que hacen no sólo a su seguridad sino al propio disfrute de las vacaciones. En ese sentido, Romina Rotta, guía nacional de turismo, sostiene que muchas veces los primerizos optan por las opciones más económicas de alojamiento, lo que puede llevar a problemas como por ejemplo que las condiciones del hotel no se condicen con lo contratado.

Para evitar estas cuestiones, les dejamos diez consejos para tomar en cuenta a la hora de encarar por primera vez un viaje solos:

1)       Chequear la documentación necesaria según el destino: pasaporte, visas, etc.

2)      Contratar un seguro de viaje de salud y equipaje.

3)      No llevar toda la plata junta. Es altamente recomendable llevar una parte en efectivo y alguna tarjeta de crédito o débito para gastos de estadía y alimentos.

4)      Verificar si es necesario darse alguna vacuna, sobre todo si viaja a países exóticos.

5)      Investigar: buscar información, asesorarse apropiadamente antes de emprender cualquier viaje, por ejemplo en temas de seguridad.

6)      No hacer ostentación con artículos costosos, por ejemplo un celular o una computadora portátil.

7)      No confiar 100% en la información obtenida por internet.

8)      Ubicar los puntos de interés en caso de cualquier emergencia, ya sea un hospital, sanatorio o sucursal de la obra social.

9)      Tratar de evitar las fechas en las que hay mucho turismo como Semana Santa o meses de temporada alta, ya que aumentan mucho los precios y, en general, los destinos están colapsados.

10)  Preferentemente intentar no separarse del grupo de viaje durante la noche.

Durante el segundo trimestre de 2012 casi 1.500.000 de argentinos han viajado al exterior, un 13,6% más respecto del año anterior. No obstante, no es común que los primeros veraneos se den fuera del país. Naturalmente, depende qué es lo que los chicos buscan en el destino elegido. Si prefieren una vida más nocturna, ya sea en bares o boliches, se suele elegir la playa. En cambio, si la intención es la aventura, como por ejemplo caminatas o excursiones, la montaña aparece como una gran opción.

Existen muchas situaciones que se pueden evitar, sin embargo, cuando se acerque el día de partida, hay un hecho que tendrá lugar sí o sí, bajo cualquier circunstancia: la charla con los padres. Se sentarán y darán un largo discurso sobre seguridad, prevención y plantearán los más curiosos casos que alguna vez hayan escuchado. Si bien esto puede ser más que cansador, a veces le terminan acertando y hay algo, de todo lo que dicen, que tal vez puede servir. A ellos también les da tranquilidad advertir a sus hijos. Es, tal vez, una forma de mantener la protección, aunque sea a algunos kilómetros de distancia.