¿Existe una única globalización? ¿Qué es lo que se globaliza cuando se habla de integración? En América Latina, el Mercosur y la UNASUR enfrentan varios dilemas que ponen en cuestión la idea misma de integración regional. Un análisis acerca de las perspectivas de unificación y organización política en América Latina.

Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. José Martí

¿A dónde va nuestra América?, una América mestiza, de grandes sueños y grandes luchas, caída tantas veces y con tanta esperanza aún, un continente que como lo afirma Adolfo Pérez Esquivel “vive entre la angustia y la esperanza”. Es una pregunta que se nos presenta todos los días, que nos convoca a pensarla, a sentirla, a buscarla y sobre todo a hacer los caminos por los que podríamos vernos juntos compartiendo ese sueño de Patria Grande.

Luego de muchos años, los países de Latinoamérica comienzan a materializar un proceso de unión y de consolidación que se refleja en proyectos de integración específicos y en agendas definidas de trabajo conjunto. Grandes pensadores y luchadores como Simón Bolívar, Francisco de Miranda, José de San Martín, José Artigas, José Martí y muchos otros, plasmaron en la historia la posibilidad de crear una América Latina unida y soberana. Hacer realidad ese sueño de integración es nuestro actual desafío.

¿La globalización? o… ¿Las globalizaciones?

La globalización, los modelos de desarrollo, las relaciones entre soberanía e identidad y la integración política, entre otros, fueron algunos de los temas que se plantearon durante uno de los talleres del seminario “El Futuro de la Integración Latinoamericana” realizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Allí, constitucionalistas, legisladores, diputados, ex ministros y académicos de los países de la Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil se reunieron con el fin de discutir perspectivas de integración, desarrollo sustentable, educación y organización política para la región.

La globalización fue entonces uno de los abordajes. Al hablar de integración regional no es posible eludirla ya que es por ambos procesos que surgen formas alternativas de organización, de resistencia y de disputa por la soberanía. Pero ¿qué globalización?, o más exactamente, ¿qué es lo que se globaliza? Aldo Ferrer analiza dos visiones en el mundo de hoy: una “neoclásica fundamentalista”, que se basa en la globalización del capital y de la tecnoeconomía, cuyo primer referente es elConsenso de Washington; y otra que es “sustentable, alternativa y participativa”, que deriva del Consenso de Buenos Aires. Son dos modelos de desarrollo distintos que dependen de la forma de participación de los Estados en la globalización. De un lado, surgen normas prescriptivas generadas desde organismos supraestatales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que interfieren en las decisiones internas de los países; y del otro lado, políticas generadas desde el consenso entre Estados soberanos, basadas en las prácticas de participación popular e integración regional.

La experiencia del Foro Social Mundial de San Pablo de 2001 fue el primer antecedente mundial que dio la posibilidad de generar formas alternativas de globalización basadas en la soberanía popular y el fortalecimiento de la sociedad civil. Si tal como lo entienden los sociólogos Boaventura de Sousa Santos y Aníbal Quijano, la globalización como proceso “determinado, unidireccional y homogéneo” no existe, sino que hay múltiples prácticas colectivas territoriales y desterritorializadas -que así como generan modos específicos de dominación también conciben prácticas localizadas de resistencia-, entonces es necesario hablar de las globalizaciones en plural.

La coordinación en múltiples niveles -locales, regionales, estatales, interestatales- de movimientos sociales, organizaciones académicas, políticas y gremiales permitió en América Latina otro consenso de desarrollo, creado desde los procesos de base de la sociedad civil, de las que resultarían entre otros, experiencias tan significativas como el Consenso de Buenos Aires, la Cumbre de los Pueblos y la Cumbre de las Américas de Mar de Plata en 2005, en la cual se dio un rechazo definitivo al ALCA y se priorizó el fortalecimiento del Mercosur y la consolidación de la UNASUR. Se lograron generar entonces opciones de integración con el fortalecimiento de la soberanía de los Estados y de los mecanismos de participación popular, que aunque no está exenta de contradicciones y errores, sugiere otra vía de desarrollo para Latinoamérica. [1]  [2]  [3]

Desafíos del Mercosur y la UNASUR

El Mercosur y la UNASUR enfrentan varios dilemas que ponen en cuestión la idea misma de integración regional. En el caso de Mercosur, surge la necesidad de lograr una unión que supere las relaciones puramente comerciales y genere procesos de integración políticos, sociales y culturales. Esas son las consignas con las que se viene consolidando la UNASUR como organismo interestatal de coordinación de políticas sociales, que prioricen el bienestar colectivo de los ciudadanos de la región.

Uno de los principales debates actuales gira en torno a las formas en las que se podrían integrar a los dos organismos, de modo que se puedan coordinar las políticas económicas con las políticas sociales a nivel regional y que se complementen en lugar de contradecirse. No es fácil lograr este proceso de unificación, pues tal como fue concebida, la finalidad del Mercosur es la de garantizar la paz y la democracia en la región, en el marco de los intercambios estrictamente comerciales entre los países miembros.

Además, una de las tensiones que presenta el Mercosur es la necesidad de conciliar modelos económicos sustentados en conceptos de desarrollo distintos, distinguiéndose dos grupos de países con políticas radicalmente diferentes: de un lado, países como Chile, Colombia y Perú, con políticas de libre comercio con regulaciones mínimas; y del otro lado, modelos como el de la Argentina, Brasil y Uruguay, con economías que protegen fuertemente su mercado interno y que están orientadas a la distribución social y equitativa de la riqueza.

En el caso de la UNASUR también hay muchos desafíos. Pero el principal es lograr la integración con base en la representación y la participación ciudadana. Para esto, hay una asamblea legislativa cuya función hasta el momento es consultiva para los principales lineamientos políticos de la región. Se necesita constituir un parlamento con representación ciudadana de todos los países miembros y con poder de decisión, lo cual agilizaría la integración y fortalecería el bloque regional. Sin embargo, para alcanzar ese nivel, se precisa profundizar las relaciones con la ciudadanía de los Estados, mediante diálogos y prácticas interinstitucionales entre sindicatos, organizaciones estudiantiles, universidades y movimientos sociales, entre otros.

Una iniciativa que también se viene promoviendo desde hace algunos años es la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). La organización internacional ha funcionado como un programa de convergencia de diálogos y de luchas en común entre movimientos sociales y organizaciones de los países miembros, en defensa de la soberanía nacional, el medio ambiente, la cultura y los derechos humanos. Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

La integración latinoamericana es fundamental en estos tiempos, porque hay un sistema económico y político global que entró en crisis y busca respuestas. Hay quienes tratan de darlas con las mismas recetas que desencadenaron la crisis. Frente a esto, surgen desde Latinoamérica múltiples modelos de desarrollos alternativos, nuevas formas de Estado y de ciudadanía, sistemas éticos, que son los que se buscan articular en las prácticas de integración regional latinoamericana. Se trata entonces de definir una identidad como continente, como algo que se reconfigura en continuo, a medida que enriquecemos nuestras relaciones con la historia y el presente. Volvemos entonces a la pregunta por lo que somos y lo que podemos ser, tan necesarias a la hora de definir el horizonte para la integración latinoamericana. Somos Latinoamérica, “Nuestra América”, una historia hilada de resistencias, de luchas, de mestizajes, un arco iris de historias, de músicas, de memorias y porvenires.

Como menciona Eduardo Galeano, tenemos en común la utopía: “Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”. El autor se refiere a una utopía que hemos sido desde cuando nuestros pueblos originarios descubrieron una tierra prometida para ellos, mucho antes de que las carabelas trajeran el presagio de la extinción. Una tierra para construir un futuro de prosperidad y de libertad; la misma que han soñado tantos hombres y tantas mujeres, indígenas, negros, criollos, campesinos, mestizos. Sólo al reconocernos en este pasado es que podemos compartir las identidades y afrontar un proyecto conjunto que rete al futuro que nos falta hacer.

Aunque el camino no es fácil y esta lleno de obstáculos, de recelos y desencuentros, ya hemos comenzado a caminar. Ahora la historia nos convoca a seguir sumándonos, a hacernos cargo de sostener y dar mayor solidez a este proyecto, con responsabilidad, pensamiento crítico y con imaginación, para aprovechar este nuevo momento histórico, para reencontrarnos, para revindicarnos en el valor de seguir caminando juntos.

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[1] Alianza de Libre Comercio para las Américas (ALCA) fue un tratado de libre comercio promovido por los Estados Unidos, Canadá y México, hacia todos los demás países americanos. Consistía en la reducción de los aranceles para la entrada de los productos de estos tres países a los mercados latinoamericanos, de modo que pudieran competir en igualdad de condiciones con los productos nacionales. El ALCA fue rechazado unánimemente en 2005 porque estimulaba la competición entre economías muy desiguales y ponía en desventaja a las economías de los países latinoamericanos.

[2] El Mercosur es un mercado común interestatal, integrado por la Argentina, Brasil, Paraguay,Uruguay, y al que se está incorporando Venezuela. Creado en 1991 con la finalidad de generar condiciones para el intercambio de productos entre los países de la región, en igualdad de condiciones.

[3] La UNASUR o Unión de Naciones Sudamericanas es un organismo interestatal, conformado para coordinar entre los países miembros políticas en común que favorezcan a la región a nivel económico, político y de seguridad. Participa en la política de la región como una institución de resolución de los conflictos políticos y dinamizadora de los procesos de integración regional a nivel político, económico y cultural.