"Debe escogerse otro tipo de solución que incinerar la basura"

"Debe escogerse otro tipo de solución que incinerar la basura"

Algunos gobiernos y empresas proponen la incineración de los residuos sólidos urbanos como la panacea ante un colapso del sistema de recolección y eliminación de la basura. El aprovechamiento del gas tras la incineración alimenta la expectativa. Especialistas, sin embargo, señalan por qué debe escogerse otro tipo de solución.

A pesar de ser aquello que ya no queremos ni ver y que nos queremos sacar de encima pronto, la basura es una joya más preciada de lo que se supone. Entendida como residuos sólidos urbanos, su recolección, reciclaje, reutilización y eliminación es un negocio multimillonario en todo el mundo.

Especialmente desde la posguerra y su boom de la sociedad de consumo, el incremento en la producción de residuos a nivel mundial fue exponencial. Según algunas estadísticas, cada persona genera 726 kilos de basura por año, lo que significa 52 mil millones de toneladas a nivel mundial producidas anualmente por los 7.200 millones de habitantes del planeta.

La solución más común pero dañina a la vez para el medio ambiente y nuestra salud fue la proliferación de los depósitos de residuos en basurales a cielo abierto, con la consecuente emanación de gases de efecto invernadero.

En las últimas dos décadas, sin embargo, la concientización sobre los peligros en el mal tratamiento de los residuos (y el desarrollo de un rentable nicho económico en lo que hace a su procesamiento) llevó a que se piensen soluciones más amenas para la salud y el ecosistema. Una de ellas es la incineración de la basura y el uso de los gases producto de la misma para energía.

A pesar de ello, un coro de voces que se hace lugar entre las corporaciones que pujan por el negocio de la basura señalan que la solución que parece ser, no lo es tanto. Ante los intentos de algunos organismos públicos y empresas privadas en Argentina de profundizar la vía de la incineración, un grupo de ONGs convocaron a un debate sobre el tema.

Una incompleta solución

La Coalición Ciudadana Anti-Incineración y la Alianza Global por Alternativas a la Incineración (GAIA) organizaron en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires una conferencia llamada “Basura Cero, un futuro sin desperdicios”, brindada por el doctor en Química y especialista en toxicología ambiental, Paul Connett, quien actualmente dirige el Proyecto de Estudios sobre la Salud Ambiental de Estados Unidos (AEHSP, según sus siglas en inglés).

Allí, Connett advirtió sobre los impactos ambientales y sanitarios de la incineración: “Las tecnologías de incineración que se promueven falsamente como solución, en la práctica siguen necesitando lugares de disposición final para las cenizas (que son el resultado del proceso de combustión), las cuales son altamente tóxicas. Además, por la combustión se generan emisiones de un sinfín de sustancias peligrosas que afectan la salud de las personas”.

También cuestionó los “proyectos fallidos promovidos por la industria de la incineración como ejemplos exitosos, cuando en realidad en el mundo no existen experiencias de gasificación o pirolisis (descomposición química) en actividad que utilicen residuos domiciliarios”.

“Necesitaríamos cuatro planetas si todos tuviéramos el mismo nivel de consumo que los estadounidenses y dos planetas si todos consumiéramos tanto como los europeos. Algo tiene que cambiar y el mejor lugar por donde empezar es con la basura. Cuando aparece una planta incineradora de basura en una ciudad, sus soluciones reales se retrasan 25 años, porque es el tiempo necesario para recuperar la elevada inversión que implica. Cada vez que queme algo es volver al comienzo: extracción-manufactura-consumo-basura”, explica.

Connett destaca que a pesar de que se ha perfeccionado el proceso de captura de los contaminantes que se liberan en la incineración, se sigue “siendo rehenes del buen o mal funcionamiento y monitoreo de las plantas, y en el peor de los casos estos metales (como plomo, mercurio, cromo) salen a la atmósfera”.

Por su parte, Mirko Moskat, coordinador del área Residuos del Taller Ecologista de Rosario (organización civil que funciona en esa ciudad desde 1985) fue uno de los militantes ambientalistas que coordinó la visita de Connett y dialogó con Opinión Sur Joven.

La incineración no es sustentable porque si quemás algo tenés que volver a utilizar materias primas para volver a producir el artículo de consumo. La meta debe ser reinsertar los residuos en el circuito productivo. Muchos estudios demostraron que recuperar residuos es más eficiente ambientalmente que quemarlos, además de que hay una cuestión previa que es el reciclaje y la reducción del elemento”, remarca.

Moskat señala que hoy por hoy la mayoría de los residuos no son reciclados o es muy complejo hacerlo, y refuerza la idea de que “ambientalmente es mejor directamente no generar residuos, por más que sean reciclables, porque no se puede siempre pensar en la última etapa cuando ya está el residuo generado sino considerar toda la cadena”.

“La incineración además de emitir gases de efecto invernadero y sustancias tóxicas tiene costos muy elevados. Los incineradores es la tecnología más cara con respecto al tratamiento de residuos. La tendencia actualmente es poder ahorrar más energía reciclando el producto o directamente no generándolo”, añade.

Moskat explica que algunos organismos públicos como “Acumar o Enarsa están analizando apoyar proyectos para la incineración de residuos en el área metropolitana ante el colapso del sistema de los rellenos sanitarios. Uno de estos proyectos está en los distritos de La Matanza y otro en Ensenada”, lo que despertó la preocupación de la Coalición Ciudadana Anti-Incineración –de la cual es miembro- y por ello junto con todas las ONGs de ese grupo buscaron realizar la conferencia de Connett, entre otras actividades.

Casos en el mundo

Por cada cuatro toneladas incineradas su subproducto es una tonelada de cenizas, por lo que uno de los interrogantes de este proceso es qué hacer luego con estas cenizas. En Alemania y Suiza, según su legislación, se las coloca en bolsas de nylon y se las deposita en minas de sal. En Japón muchos incineradores vitrifican la ceniza, lo que la trasforma en material similar al vidrio, a su vez consumiendo gran cantidad de energía.

“En Europa y Japón es fuerte la incineración pero ya se está criticando esta vía, aunque igualmente ellos tienen sistemas previos de reciclaje y recuperación con rigurosos sistemas de control y muchos estudios de impacto. En Argentina se discute pasar de enterrar poco a incinerar todo. La ley de Basura Cero de la Ciudad de Buenos Aires (2005) tiene buen espíritu pero el problema es que en 2012 se enterró el triple de la meta que fijaba la ley”, relata Moskat.

En Argentina, la mayor área metropolitana (Buenos Aires, 15 millones de habitantes según Censo 2010) deriva el 80% de sus residuos totales al Complejo del Ceamse Norte III, que según la organización política Los Verdes está colapsado y viola la normativa de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Muchas comunidades en California, Canadá, Italia, Nueva Zelanda, España y el Reino Unido iniciaron la estrategia de basura cero y alcanzaron resultados rápidos y buenos. Según ejemplificó Connett, en San Francisco se eliminó el 72% de los residuos. En Novarra  y Salerno (Italia) se alcanzó el 70% y el 82%, respectivamente.

Un caso llamativo es la capital noruega. En Oslo el nivel de sofisticación en la gestión de residuos es tan alto que ahora sufren la escasez de basura. Según la agencia BBC, la ciudad ha debido importar residuos de Inglaterra porque carece de ellos, y en consecuencia, carece de su “materia prima” para calefaccionar los hogares durante el hostil invierno escandinavo.

En Oslo hay sobreoferta de incineradores, por lo que los costos descendieron y este nicho se volvió competitivo. Así es como algunos países encontraron rentable exportar su basura para que el procesamiento sea en Noruega. Doble ganancia para el reino de los fiordos: reciben pago por “ocuparse” de los residuos ingleses y a la vez generan energía por su quema para alimentar los radiadores en invierno.

La incineración no es la enfermedad, sino el síntoma de un capitalismo patológico que deglute los recursos del planeta sin mirar las consecuencias ambientales ni de sustentabilidad. Claro está que cambiar los patrones de consumo y de producción (difícil saber cuál debe hacerlo primero) implica que algunos dejarán de beneficiarse con determinados tipos de bienes y servicios que derrochan residuos.

También reciclar y reutilizar debe ser una opción a no olvidar, pero es ya momento de plantearla como el plan B que debe venir luego de intentar actuar en el primer paso de la cadena, que es la producción del producto por primera vez y reducir su potencialidad residual a la mínima expresión. Es que ya es hora de reaccionar, recordando que sólo tenemos un planeta, que para el 2100 tendrá 11 mil millones de habitantes y se debe vivir y consumir acorde a ello.