Por Emilia Viacava

Hoy en día la cuestión de la transgénesis se ha instalado en el debate político pero la desinformación abunda. Por eso dialogamos con Federico Espinosa, especialista en biotecnología, quién ha desterrado los mitos más comunes, señalando la importancia que tiene esta tecnología para la economía en Argentina  y su positivo impacto en la población.

El Ministerio de Agricultura reunió a la Mesa de Biotecnología para promover el uso de organismos genéticamente modificados.

 

1) Sabemos que hay mucha desinformación al respecto de la tecnología de la transgénesis, ¿cuáles son los beneficios de los cultivos transgénicos frente a los cultivos tradicionales?

La biotecnología y las herramientas de la ingeniería genética tienen hoy en día un incuestionable beneficio para toda la humanidad. Si hablamos de transgénesis en general, hoy en día el impacto que está teniendo en medicina, medio ambiente y alimentación es absolutamente asombroso. Se salvan millones de vidas gracias a productos como la insulina humana fabricada por levaduras, hormonas, vacunas y un sinfín de compuestos que los microorganismos pueden fabricar para nosotros. Se están desarrollando bacterias que detectan la calidad del agua, de sus tóxicos en solución, de enfermedades contagiosas, etc. También se están creando bacterias que puedan degradar los plásticos y los combustibles fósiles en el ambiente y hasta virus modificados que podrían erradicar enfermedades específicamente.

Pero por supuesto que las críticas que encontramos hacia los transgénicos se dirigen hacia aquellos usados en nuestra alimentación. Parte de la contra de los consumidores se justifica en que no perciben realmente las mejoras de estas plantas, no llegan a ver los beneficios. Pero tenemos que pensar que ahora es posible crear alimentos con más vitamina, proteína, ácidos grasos esenciales, hierro y hasta quien sabe en un futuro cercano, la tan aclamada vitamina b12. Por supuesto que las mejoras agronómicas si tienen un increíble beneficio y es nada más ni nada menos que la producción de alimentos se está incrementando en un menor espacio de cultivo, lo que conlleva a menos bosques desforestados, y por ende menos impacto en los ecosistemas.

2) ¿Por qué consideras que se oponen los movimientos ecologistas considerando los grandes beneficios de dicha tecnología, en especial su mayor rendimiento? Cuál es el negocio que hay detrás de estas manifestaciones opositoras?

Los movimientos ecologistas que comenzaron a gestarse a mediados de los 90´, lamentablemente no han actualizado sus críticas y argumentos. En aquel entonces era perfectamente entendible el miedo masivo a esta nueva revolución de la genética. En esos tiempos, mover genes entre distintas especies de vegetales parecía una aberración. Sin embargo, conforme los controles de bioseguridad se solidificaron, miles de organizaciones independientes comenzaron a invertir en esta tecnología y los estudios rigurosos comenzaron a aparecer, llegando hoy a existir alrededor de 2000 estudios que garantizan la seguridad en humanos y hacia el medio ambiente, convirtiéndose en los alimentos más estudiados y regulados en la historia de la humanidad.

Hoy en día solo basta con estudiar a notables activistas que han cambiado radicalmente de opinión, no por intereses sino por un mejor acceso a la información. Estamos hablando de salvar a mucha gente de la pobreza extrema, de la intoxicación con cantidades abusivas de pesticidas, o de combatir  plagas que generan enormes pérdidas de tiempo y dinero.

Lamentablemente las protestas a veces van mucho más allá y entran en el terreno de los intereses. Es una realidad que por lo general los movimientos activistas opositores sean partidarios de enormes conglomerados de productores orgánicos y ecológicos y que consideren a estos productos como mejor para la salud y el medio ambiente, situación que es altamente discutible. Los intereses también aprovechan el marketing del miedo, llegando a generar una enorme concepción de que todo lo natural es mejor y que la industria química y biológica es mala, conceptos que ya han quedado zanjados por la ciencia en el siglo XIX.

 

3)  ¿Cómo ves el papel de la transgénesis en la producción agrícola nacional? ¿Te parece fundamental para la economía argentina?

Argentina es un gran productor agropecuario mundial y sin dudas ha elegido a la biotecnología como impulsora máxima de esta gran agroindustria.  Como parte de esto, los cultivos commodities han sido los que se han mejorado. Tenemos principalmente soja, maíz y algodón  como cultivos mayoritarios. Luego en pequeñas proporciones tenemos proyectos de trigos resistentes a sequías, y muchas variedades resistentes a distintas plagas que asolan el país. Económicamente hablando la transgénesis dio excelentes ganancias extras al país, de alrededor de 72 mil millones de dólares en 15 años. Lamentablemente la mayoría de los cultivos adoptados tienen patentes privadas y se depende mucho de estas últimas, incrementando el precio de las semillas. Por esta razón es de fundamental importancia que el gobierno invierta en productos e investigaciones con patentes nacionales o de dominio público. Argentina se ha convertido en el tercer país que más cultiva transgénicos, con una cifra de alrededor de 24 millones de hectáreas.

 

4) ¿Qué papel cumplen las empresas privadas y corporaciones?

Es una realidad que desde los comienzos en el uso de esta tecnología hasta hoy, la mayor parte de los mejoramientos han estado bajo la directriz de corporaciones y grandes empresas, generando en parte monopolios que no ayudan ni a la sociedad ni a la economía.

Para entender por qué sólo el sector privado maneja semejante herramienta agronómica, simplemente hay que tener en cuenta que, si bien la bioseguridad se solidificó y los controles son los más rigurosos, en la mayoría de los países se ha generado un control legal extremo e injustificado, haciendo que el precio final para el desarrollo de cualquier variedad transgénica sea extremadamente caro de sacar al mercado, esto es una de las causas de él por qué sólo existen corporaciones que pueden solventar dichos gastos.

 

5) ¿Qué opinas frente a la posibilidad de una fuerte inversión por parte del Estado en el desarrollo tecnológico público?

Opino que es de fundamental importancia que el Estado invierta en investigaciones nacionales y con patente de dominio público o que por lo menos las regalías queden dentro del país. La balanza tiene que equilibrarse y para ello como ya expliqué, la gente debe apoyar esta tecnología.

Entre los desarrollos argentinos en materia de biotecnología vegetal, podemos nombrar a los siguientes: papa resistente al virus PVY, caña de azúcar tolerante al herbicida glifosato,  trigo tolerante a sequía y salinidad, trigo, maíz y alfalfa tolerantes a estrés hídrico, Alfalfa con antígenos de interés para uso en medicina veterinaria. Todos estos casos están siendo desarrollados por instituciones públicas de ciencia como el INTA, CONICET, INDEAR, Facultad de Agronomía de la UBA e INGEBI.

Hay que entender que tenemos el deber ético de utilizar lo mejor que la ciencia y la tecnología nos ofrecen para producir alimentos, ya que, como bien dijo el reconocido científico Carl Sagan, “no podemos permitirnos el lujo de renunciar a ningún tipo de tecnología que nos ayude a tener capacidad para alimentar a toda la población a un precio asequible”, concluye Espinosa.