Opinan dos economistas

Si sos de los que lograron ahorrar pero no saben qué hacer con ese dinero conocé qué indicadores hay que tener en cuenta y cómo “surfear” la inflación. ¿Ahorrar, invertir o consumir?

Pocos elementos son tan gráficos y complejos como el ahorro. Es que ese número que vemos en la cuenta del banco o ese cúmulo de billetes que algunos guardan bajo el colchón tienen un valor mucho más importante que el de uso o el de cambio, tienen el valor del esfuerzo. El destino de ese esfuerzo acumulado siempre es un dilema que rebota entre la posibilidad de preservarlo, intentando que no pierda valor, o multiplicarlo haciendo caso a aquel famoso dicho popular que reza que esa es la base de la fortuna.

Opinión Nº1: Logré ahorrar ¿Me conseguí un problema?

Por Isaac Fainstein*

En tiempos de estabilidad económica, cuando es más sencillo poder predecir lo que va a suceder con la economía, las decisiones de ahorro, inversión y consumo son más fáciles de tomar. Pero cuando no nos toca la suerte de vivir esos tiempos, tomar decisiones más complicado, cuando no paralizante.

El futuro es incierto. Hay demasiadas cosas, demasiadas variables a considerar. La inflación, el tipo de cambio, si podré comprar dólares al precio oficial o las restricciones me lo van a impedir y en ese caso si me conviene comprar en el mercado paralelo (convalidando un dólar un 15% o 20% más caro que el oficial); si es más seguro guardar los ahorros bajo el colchón, en una caja de ahorro, en un plazo fijo, o en la caja de seguridad…por sólo nombrar algunas opciones tradicionales.

Logré ahorrar algo, digamos unos $10.000. Lo podría guardar en forma segura bajo el colchón y poder mantener el valor de mi capital. Hay un pequeño problema: me estoy olvidando que los precios de las cosas que consumimos están en progresivo aumento. Con ese dinero, hoy podría comprar alrededor de 640 latas de atún. Pero en un año… tan solo algo más de 500 latas. ¿Estamos seguros de que el valor del capital realmente se mantuvo bajo el colchón? ¡Si hubiésemos comprado las 640 latas de atún nuestro capital en pesos se hubiese mantenido! El tiempo nos erosionó el valor de nuestros pesos bajo el colchón. Entonces podría pensar en una alternativa más interesante y muy sencilla: un depósito a plazo fijo a un año. ¿Riesgos? los que ya tanto conocemos los argentinos: un corralito. No pareciera ser algo para preocuparse en el día de hoy. Resulta que luego de inmovilizar nuestros $10.000 en el banco por un año, el total de mis ahorros depositados más los intereses me permitirán comprar la módica suma de 580 latas de atún: 60 latas menos que si las hubiese comprado hoy…Entonces el plazo fijo no me parece atractivo, me sigue destruyendo valor.

El tipo de cambio oficial viene creciendo (el peso se viene devaluando y el dólar está cada vez está más caro) a un ritmo de alrededor del 15% anual, así que podemos suponer que al menos va a seguir subiendo a la misma velocidad. Como siempre creí que el dólar era una moneda más confiable que el peso argentino, entonces podría comprar algunos dólares.

Si tuve suerte, compro unos US$2.250 (al tipo de cambio oficial). No está nada mal. Pero ¿qué pasa si de repente me doy cuenta que gran parte de ese dinero en dólares lo necesitaba para pagar una cuota de $6.600 de nuestra tarjeta de crédito que había olvidado? Bueno, puedo recomprar los pesos que antes tenía: con US$1.500 conseguimos lo que necesitamos. Lo que no me di cuenta es que en el medio perdí $60 o… casi 4 latas de atún.

Si compro algo, venderlo al día siguiente no es gratuito. Creer que los bienes sólo tienen un precio es una ilusión. Todo tiene un precio de compra y un precio de venta, o como en la jerga financiera se le llama: un spread. Por nuestra falta de planificación perdimos dinero. De aquí surge su importancia. Planificar es la base de nuestras finanzas personales y de todo negocio que queramos emprender.

Una aclaración: alguien nos podría decir que una buena idea sería comprar dólares en el mercado oficial y a continuación venderlos en el mercado paralelo. Interesante, pero probablemente los controles no nos lo permitan hacerlo en forma repetida.

Planificar requiere estimar cuáles van a ser nuestras necesidades de consumo en los próximos meses, las cuotas de nuestra tarjeta de crédito, nuestros gastos fijos (servicios, impuestos, alquiler) y nuestros ingresos. En base a esto, podremos decidir con más confianza y tranquilidad cuánto dinero necesitaremos tener para hacer frente a los gastos, cuánto ahorraremos, en qué invertiremos esos ahorros y qué plazo de inversión vamos a buscar. La incertidumbre muchas veces nos paraliza y nos angustia. Es necesario reducirla al máximo para así poder concentrar nuestra energía en las actividades a las que nos dedicamos y más disfrutamos.

Si te quedaste con la sensación de que una buena opción de inversión es el alimento no perecedero, y por ende crees que no entendiste nada, pues parece que no estabas tan errado. Quién sabe, tal vez la felicidad esté en una lata de atún.

Opinión nº 2: ¿Dónde invertir en la Argentina?

Por Leandro Bullor**

Desde la perspectiva del pequeño y mediano ahorrista o inversor (según el carácter de tu iniciativa) no se pueden dejar de lado dos aspectos no menores ¿cuánto conozco del mercado en el que estoy apostando? ¿Cuál es mi nivel de predisposición a tomar mayores o menores riesgos?

¿Conviene un Plazo fijo?

Como escribió Isaac, con los niveles actuales de inflación en Argentina, no parece una opción viable mantener el dinero en pesos bajo el colchón, ya que perdería como mínimo un 30% de su poder de compra por año. A su vez, cualquier opción de ahorro de tipo de plazo fijo (que formaría parte de la preferencia de los ahorristas menos propensos al riesgo), si reportase un retorno menor a ese nivel por año, sería al mismo tiempo una inmovilización del capital para perder de todos modos poder de compra y postergarías el problema de qué hacer con el dinero cuando vence el plazo fijo.

¿Me endeudo para invertir?

Cualquier inversión que requiera el pago de cuotas mensuales (de tipo hipoteca, automotor financiado, mismo el consumo en cuotas) va a depender del ingreso con el que se cuente para poder solventar el pago mensual y del anticipo. Del mismo modo,habrá que tener en cuenta la tasa de interés del préstamo, ya que una tasa variable puede ser sumamente peligrosa si la deuda es a largo plazo. Distinto es el caso de una tasa fija (siempre en pesos) que es decididamente la opción más conveniente si lo que se decide es endeudarse para invertir o consumir de esta forma.

Aún con tasas anuales relativamente altas, la inflación actual se encargará de amortiguar el peso del monto el primer año y mucho más el segundo y el tercero, donde la cuota será mucho más fácil de pagar, con una deuda que se sentirá cada vez menos sobre el nivel de ingreso (si este se ajusta medianamente al nivel de inflación). De todas formas, estas opciones dependen en gran medida de la oferta de crédito, en primera medida, para los cuales hay que calificar con un alto nivel de ingreso demostrable y luego del conocimiento sobre el mercado que se elige para llevar el dinero en segunda instancia (ya sea automotor o inmobiliario).

Siempre es necesario un mínimo conocimiento del mercado, no sólo para elegir la mejor opción de inversión proyectada a largo plazo, es decir, la más rentable o favorable, sino también para no pagar sobreprecios por situaciones coyunturales de mercado.

Esto es lo que sucede en la actualidad cuando observamos los precios del mercado inmobiliario, donde las propiedades cotizan en dólares y se encuentran en niveles récord, históricos, donde por más que parezcan y en muchos casos sean un reaseguro típico que rara vez haya defraudado al pequeño ahorrista en la historia local, siempre requiere una capacidad de solvencia a largo plazo que no se condice con la estabilidad del empleo o del ingreso, sumado a cierta sensación de incertidumbre o de burbuja que se posa sobre la compra-venta de inmuebles.

¿Compro un auto?

En el caso del automotor, también tendríamos que manejar cierta información del mercado y preguntarnos para qué poner el dinero allí, aún cuando los planes de pago a tasa fija en pesos son muy convenientes dada la amplísima oferta de financiación. Por otro lado, no hay que olvidar que el costo mensual de mantener un vehículo 0km es muy alto, sumado al 20% del valor que pierde el vehículo nuevo solo por el hecho de rodarse y sacarse de la concesionaria.

¿Compro bonos? ¿Invierto en el mundo de las finanzas?

Si hablamos de la importancia del conocimiento requerido para insertarse en un mercado la opción de los bonos o instrumentos financieros son los más complicados de tener en cuenta. Estos pueden ser ajustados al riesgo que elija cada uno, pese al pequeño mercado financiero local, y serán los bancos por lo general, los agentes al alcance que ofrecen estos paquetes de fideicomisos financieros con diversos tipos de carteras. En todos los casos, hay que tener en cuenta que nuestra bonanza económica y del producto de nuestro trabajo dependerá de las decisiones de otros (supuestos expertos), que ni siquiera conocemos.

Esto no es todo lo que explicaría nuestras decisiones a la hora de invertir ya que existen factores de índole histórico o cultural que modifican la lógica o la racionalidad con la que se asocian las variables anteriormente mencionadas, para alterar la decisión de inversión.

¿Compro dólares?

La compra de moneda extranjera, que tanto revuelo causó al implementarse recientemente las restricciones para la compra a todos los niveles (pequeños, grandes y medianos), lo que generó la aparición de un fuerte mercado paralelo (“dólar blue”).

El dólar es una debilidad para el pequeño y mediano ahorrista local. Aún en medio de la crisis del 2008, cuando los EE.UU. emitían indiscriminadamente para salvar a los bancos, y el dólar tendía inevitablemente a desvalorizarse a nivel mundial, en nuestro país eso no parecía ni mosquear tanto a los grandes actores económicos que sostenían sus carteras en esa moneda, pero tampoco a los pequeños y medianos ahorristas que ante cierta incertidumbre siempre preferían el dólar.

Esta aparentemente inexplicable debilidad de los argentinos en ese contexto, merece como mínimo una pequeña aclaración histórica de largo plazo que explica perfectamente esta preferencia. En nuestro país, a lo largo de la historia, el dólar representó un reaseguro a la inestabilidad del tipo de cambio y de la economía en general. Cuando todo esto parecía olvidarse en la convertibilidad, donde se intentó borrar de la cabeza de la gente al dólar para salir de la hiperinflación, el estrepitoso fracaso del liberalismo económico con caja de conversión (paridad fija dólar-peso) nos mostró en la crisis del 2001 y la posterior devaluación que el poder del dólar estaba más presente que nunca luego del desmantelamiento de la estructura económica y social local en la década menemista. Cómo olvidarlo.

Con lo cual, resulta difícil, cuando no imposible, no considerar al dólar como alternativa de reaseguro de la cultura económica y financiera histórica de los argentinos.

Más aún en condiciones de incertidumbre a nivel nacional, cuando se presiente que el dólar puede seguir pujando a la suba. Sin embargo, la holgada cantidad de reservas del BCRA y el altísimo nivel de precios internacionales que aseguran el ingreso de divisas por exportaciones, podrían permitirnos dudar acerca de cuan oscuro pareciera ser el panorama respecto a la moneda extranjera.

El gobierno argentino en los últimos años lo que ha hecho es acumular reservas comprando los dólares que ingresaban por la liquidación de productos exportables con pesos (y por tanto emitiendo, aumentando la base monetaria) o emitiendo títulos públicos a cambio (el proceso se llama esterilización de la base monetaria, para que ésta no se vea potenciada por la absorción de los dólares).

Cuando lo disponga, el BCRA puede utilizar estas reservas en dólares (las llamadas de “libre disponibilidad”) para calmar las expectativas de mercado y volver a bajar el precio del dólar aumentando la oferta de la divisa en el mercado (vendiendo dólares). El problema aún radica en que esta estrategia es finita. Fuera de este escenario favorable a nivel internacional, para nuestros productos exportables sería un tanto más difícil de confiar que las reservas se recuperarán rápidamente, más aún teniendo en cuenta los vencimientos de la deuda que representan un peso no menor en las cuentas públicas.

¿Ahorro o consumo?

En definitiva, antes que quedarnos con el dinero en pesos que nos va a permitir comprar cada vez menos quizás sea preferible darnos aquellos gustitos que venimos postergando hace tiempo. Si bien no estamos ni ahorrando ni invirtiendo, la posibilidad de comprar en cuotas, con bonificaciones, sin altas tasas de interés (en muchos casos negativas) es una opción para no despreciar en un escenario donde todavía este tipo de canales siguen abiertos (¡No es poca cosa!).


*Es miembro de Psi21 Finance, un equipo de profesionales dedicados a la asesoría psicológico-financiera para las finanzas personales y los negocios.

**Economista y Maestrando en Administración Pública (UBA)

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