Los hielos continentales retroceden año tras año por el calentamiento global. El Congreso argentino busca preservarlos pero algunos grupos plantean resistencias por la amenaza a las inversiones. La puja glaciares versus mineras.

Ilustración: Fernando Rawe

Los glaciares del planeta están bajo amenaza generalizada desde hace un par de décadas por la profundización del cambio climático que aumenta la temperatura global, por lo que hace más fácil su derretimiento y dificulta su crecimiento.

En vistas de este problema, y siendo la Argentina uno de los países del mundo con mayor proporción de superficie cuadrada cubierta por hielos continentales, la protección de los glaciares es un tema que más que preocupar debe ocupar a la elite política, ambiental y científica.

La Cámara de Diputados aprobó el mes pasado un proyecto de protección a los glaciares que ahora deberá ir al Senado, similar al sancionado por el Parlamento que, luego, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner vetó en forma total a fines de 2008, lo que motivó un editorial de protesta de Opinión Sur Joven.

El 70% de la tierra está cubierta por agua, pero sólo el 2,5% de ese total es dulce y está en condiciones de ser usada para consumo humano. El 70% de esas reservas residen en glaciares, que cubren alrededor del 10% de la superficie planetaria (fuerte incidencia aquí de Groenlandia y la Antártida) y almacenan unos 33 millones de km3 de agua dulce.

Sin embargo, una tramitación de ley que parecería fácil por lo evidente de su razonabilidad, reavivó la polémica que ya se había generado en 2008. Nuevamente apareció el debate por la minería y su relación con el medio ambiente en la Cordillera de los Andes, huésped de todos los glaciares sudamericanos.

Los megaproyectos de explotación minera son la piedra angular del conflicto de intereses para brindar un paraguas de protección a los hielos eternos. El foco se puso particularmente en San Juan, donde la mayor minera del mundo –la canadiense Barrick Gold- desarrolla sus actividades. También en Catamarca donde trabaja la Minera Alumbrera.

Con el cambio de mayorías parlamentarias registrado en el Congreso argentino, el proyecto obtuvo 129 votos a favor y 86 en contra. Ahora falta el debate en particular del proyecto, y luego el Senado deberá expedirse y el lobby de las mineras está listo para actuar en un tema que no sólo levanta polvareda en Sudamérica.

La zona periglaciar, el quid de la cuestión

Un glaciar es una gruesa masa de hielo que se origina en la superficie terrestre por acumulación, compactación y recristalización de la nieve. Su existencia es posible cuando la precipitación anual de nieve supera la evaporada en verano.

Los ambientes que se caracterizan por un predominio de los ciclos de hielo y deshielo del terreno, y por la existencia de un terreno perennemente helado y que circundan los casquetes de hielo, se denominan periglaciares. Este dominio periglaciar ocupa en la actualidad una quinta parte de la superficie terrestre y en Sudamérica es notablemente más extenso en la región cordillerana argentina y chilena.

Es en esta misma zona periglaciar donde muchas actividades económicas, especialmente la minería, deben tener lugar para posibilitar su explotación. Y es ésta la mayor diferencia que hace mella entre los parlamentarios. ¿Por qué? Porque el proyecto aprobado por los diputados prohíbe en las zonas glaciares y periglaciares los emprendimientos que liberen o dispersen sustancias químicas o residuos, la construcción de obras arquitectónicas o de infraestructura, la exploración o explotación minera y petrolífera y la instalación de industrias.

“La única prohibición que se plantea es que haya actividades mineras o industriales. O sea, en cualquier otro lugar de la Cordillera pueden realizarlas. La idea es que no perjudiquen a los glaciares que ya están afectados por el cambio climático”, explica a Opinión Sur Joven el diputado Miguel Bonasso, impulsor del proyecto y presidente de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara baja.

Para el legislador, no hay nada más importante que el agua. “Los glaciares son una reserva de agua congelada sumamente importante, al igual que las zonas periglaciares que alimentan las cuencas de los ríos que van de la Cordillera al Atlántico. Las reservas de agua son estratégicas porque es un recurso escaso. Es un problema nacional y mundial que excede los intereses de una provincia”, sostiene.

Ante las dilaciones por el veto presidencial (que impedía por un año volver a tratar el tema) y las dudas planteadas por el partido de gobierno, Bonasso expresa preocupación: “En materia ambiental el tiempo es importantísimo porque en poco tiempo pueden suceder daños irreparables. Por ejemplo, hay una versión que la Barrick Gold se propone romper un glaciar y trasladarlo con palas mecánicas a otro lugar. Si se hiciera algo así, provocaría un daño irreversible”.

El dilema de siempre

“El proyecto de Bonasso implica que no se puede hacer ninguna actividad productiva, ni minas ni centro de ski ni nada. Compartimos que nada se pueda hacer en los glaciares; pero en la zona periglaciar, que es zona congelada donde no hay glaciares, no. Esto está impidiendo actividad económica y desarrollo productivo”, argumenta su postura contraria el diputado oficialista por San Juan, Ruperto Godoy.

Godoy reflota el dilema eterno: la contraposición entre protección del ecosistema y generación de riqueza. “Hay que buscar equilibrio entre el medio ambiente y la generación de actividades productivas. El 80% de la zona cordillerana es montañosa, solo el 20% se puede dedicar a la agricultura”, ejemplifica.

El legislador –representante de San Juan, provincia donde se afinca el megaproyecto minero binacional Pascua Lama- respaldaba la ley que estaba por tratar en el Senado, en la que su autor, el oficialista Daniel Filmus, establece varios tipos de glaciares con protecciones asimétricas, y que permite la explotación en el área periglaciar.

Si bien los emprendimientos mineros actuales no corren riesgo y continuarán desarrollándose si el Senado aprueba lo dispuesto por Diputados y la Presidenta no lo veta, Godoy dice que afecta a todos los proyectos futuros y que varias leyes provinciales entrarán en contradicción con la nacional, además de expulsar inversiones.

Godoy responde a las acusaciones de que el Gobierno está siguiendo el juego que reclama la Barrick Gold: “De ninguna manera somos lobbystas mineros. Nosotros sólo queremos que se protejan los glaciares y que San Juan tenga actividad económica”.

Justamente, su provincia es una de las mayores contenedoras de casquetes de hielo de los Andes norteños de la Argentina: según el último inventario de la Universidad Nacional de San Juan, en ese distrito se hallan más de 34.000 hectáreas de glaciares. No es un dato menor tampoco que en épocas de pocas lluvias, hasta el 85% del agua de los ríos de San Juan es suministrada por los hielos.

Además de estar bajo amenaza por la insaciable actividad del hombre, los glaciares padecen el acoso de un mal mucho peor e incontrolable: el calentamiento global. Su retroceso es inobjetable, incluso en la más fría y austral Patagonia. Un estudio comprueba que la elevación del nivel del mar debido a la fusión de los glaciares en esa zona habría alcanzado en los últimos 50 años 75 milímetros extra, o sea el 3,6% del total del cambio del nivel del mar registrado.

El cuidado de los glaciares va más allá de un prurito medioambiental. Es una cuestión estratégica en lo que hace a las reservas del agua dulce. Además, es muy relevante porque las decisiones que se tomen sobre ellos hoy serán las consecuencias que gozarán o sufrirán mañana las generaciones futuras. La política tiene en sus manos la última palabra.

Ilustración: Fernando Rawe

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Algunos titulares sobre la polémica:

«Nadie se imagina un país sin minería», sentenció Filmus sobre la ley de glaciares, Diario La Nación

Las provincias que rompen el hielo, Diario Página 12

Diputados aprobó el proyecto de protección de glaciares que había vetado Cristina, Diario Clarín

Y más información:

Glaciares de Argentina

Editorial de protesta , de Opinión Sur Joven

Ilustración: Fernando Rawe