Los gigantes siempre dan un poco de temor. Hasta en las fábulas infantiles muchas veces los personajes centrales, sobre todo los malvados, ostentan tamaños descomunales. Lo mismo pasa a veces en la vida real y adulta: a algunos los atemorizan los Estados grandes y robustos, a otros las empresas transnacionales elefantiásicas, y a muchos ambos.

En los últimos años, concientización mediante gracias a la militancia global medioambiental que se hizo lugar a codazos en la agenda de los grandes medios, muchas empresas en todos los continentes comenzaron a realizar reconversiones eco-sustentables. No sólo con la mira puesta en el marketing positivo que eso acarreaba, sino también en la mejora en sus costos.

Por ejemplo, y según un estudio de la universidad estadounidense MIT, el porcentaje de compañías que reportaron ganancias obtenidas a partir de sus esfuerzos de sustentabilidad subió de 23% a 37% en el último año a nivel mundial, con especial crecimiento en los países emergentes.

Hay un emblema mundial en lo que hace a sustentabilidad empresaria que muestra números difíciles de rebatir: Google Inc. En tiempos de noticias sobre espionaje y espirales de paranoia por nuestros correos y búsquedas, puede sonar poco simpático poner como ejemplo a la segunda gigante mundial tecnológica (sólo superada por Apple y dejando atrás ya a Microsoft).

Pero los números y su política energética son una muestra nada despreciable de lo que una empresa decidida puede lograr.

Verde Google

La empresa creada por Larry Page y Sergey Brin, que hace tan solo 14 años era una mini pyme que comenzó en un garaje, hoy es una multinacional que en el último lustro pasó de 5 mil a 23 mil empleados en todo el planeta.

A medida que el acceso a Internet se masificó (y con él la publicidad colgada en cada búsqueda), la compañía logró ubicarse como la tercera mayor del mundo, por debajo de Exxon Mobil y Apple pero por encima de la otrora número 2, Wal Mart. Hoy Google vale casi 51 mil millones de dólares, con ingresos netos declarados en 10.7 mil millones en 2012.

Allí radica la importancia de su ejemplo. No es cualquier empresa la que tiene una agresiva política de carbono cero (es decir, que su funcionamiento produzca finalmente ninguna emisión de gases de efecto invernadero netos). Es una gigante y que resulta como faro para todas las otras.

La reconversión comenzó con Google Green, la pata eco-sustentable que influye en las decisiones de todas las filiales de la empresa y que buscó analizar y revertir sus procesos de forma tal de alcanzar la meta de carbono cero.

“Ese equipo de trabajo surgió por el interés inicial que siempre tuvimos en Google en la sustentabilidad. La meta es crear una cultura verde que se refleje tanto en nuestras operaciones como en la arquitectura de nuestros edificios”, dijo la gerenta de Comunicaciones de Google Green, Kate Hurowitz, al ser entrevistada por Opinión Sur Joven.

Hurowitz recalca que desde 2007 la compañía logró que su huella de carbono sea cero, o sea, sin impacto sobre el calentamiento global, y explica que se logró a través de una estrategia con tres ejes.

“Nuestros data centers (entendidos como el espacio donde las empresas mantienen y operan la mayoría de su infraestructura tecnológica en la que basan su negocio, como los servidores y los equipos de almacenamiento) utilizan la menor energía posible, y gracias a esto están considerados los centros de datos más eficientes del mundo, ya que usan sólo el 50% de energía que usa el promedio”, señala.

Así, Google fue capaz de ahorrar más de mil millones (sí, ¡1.000.000.000!) de dólares en costos de suministro energético. La gigante tecnológica usa menos del 0,01% de la electricidad mundial y es la primera gran empresa de servicios de Internet en obtener una certificación externa por sus estándares en materia de medio ambiente por sus datacenters.

Uno de los centros de datos más representativos es el que está ubicado en Hamina, al este de Helsinki, en la costa del golfo de Finlandia. Allí, Google reconvirtió una vieja fábrica de papel y utilizó la vieja infraestructura para convertirla en el datacenter más importante de Europa. El agua fría del Mar Báltico es usada como sistema de enfriamiento para los servidores, reduciendo así la cantidad de energía precisada.

“El segundo pilar importante lo constituyen las inversiones que realizamos en energía renovable. Tenemos un objetivo a largo plazo que es correr nustros suministros enteramente a energía renovable y para alcanzar esa meta hicimos acuerdos con desarrolladores en el tema. Hasta el momento hemos acordado la compra de más de 330 megavatios de energía renovable e invertimos más de mil millones de dólares en proyectos renovables”, informa Hurowitz.

En tercer y último lugar, el camino al carbono cero se logra, según indica, con la compra de bonos de carbono que compensan cuando las emisiones no se logran reducir vía eficiencia de datacenters o cuando no se pudo nutrir de electricidad de origen no fósil. “Así, Google invierte en proyectos que reducen emisiones de carbono en otra fuente externa. La elección de estos proyectos tiene requisitos muy estrictos para asegurarse que se trate de inversiones genuinas”.

En la nube

Uno de los conceptos nuevos que ha traído la revolución tecnológica puesta al servicio de la producción sustentable es el de cloud computing: “Se trata de un paradigma que permite ofrecer servicios de computación a través de internet. Es un espacio tuyo, virtual donde entra toda tu información, agenda, contactos, fotos, etc, y funciona también como puerta de acceso para otras cosas alejadas a esa nube virtual. Se solía pensar las cosas (como fotos o correo) en términos físicos, pero la evolución tecnológica hizo que ahora lo importante no sea tener, sino acceder”.

“Además de aportar productividad, los servicios basados en la nube le permiten a las empresas volverse ‘más verdes’, reduciendo el uso de la energía y disminuyendo las emisiones de carbono, incluso dando la posibilidad de ahorrar dinero en el proceso. Si una empresa implementa todos sus servicios en la nube –documentos, hojas de cálculo, email- puede llegar a ahorrar entre un 65% y un 85% de energía”, reseña Hurowitz.

Impulsar el uso en las oficinas de Google Docs o de Dropbox para combatir el cambio climático puede sonar exagerado. Pero no lo es: según un estudio hecho por el Lawrence Berkeley National Laboratory de California, si todos los trabajadores en la industria del software estadounidense pasaran a trabajar con la nube se podría reducir la energía utilizada por ese sector de la economía hasta un 87%, la suficiente energía al año para alimentar la ciudad de Los Angeles durante un año.

La intención no es sacralizar a Google, que a pesar de ser una empresa joven seguramente tiene algo de prontuario en su haber (aceptar la censura a pedido del gobierno chino puede ser uno de los ítems), sino mostrar que si una empresa multimillonaria con intereses en los cinco continentes puede dedicar tiempo, dinero y esfuerzo para alcanzar la meta de carbono cero –y lograrlo-, por qué no pueden hacerlo a gran escala todas o casi todas las compañías IT o productoras de servicios (el caso de las manufactureras es más difícil).

Allí estamos de nuevo nosotros. Dejar de reposar en las ONG o la militancia ambientalista y pasar a exigir a las empresas este tipo de reconversión sustentable, y exigir a la elite política que lo promueva desde el Estado.

Nutrirse de energía renovable, aprovechar la infraestructura y reciclarla, cuidar los residuos, estimular ideas nuevas… no parece tan difícil. Menos que menos si ello conlleva una ganancia en vez de pérdida. La clave es atar el destino de la sustentabilidad a la rentabilidad. Google lo entendió: “Estamos convencidos de que una compañía puede tener un negocio exitoso, y a su vez, ser sustentable”.