Una ONG organiza y dirige un grupo de adolescentes que practican fútbol femenino en la Villa 31, de Buenos Aires. El deporte sirve como un ámbito de contención para que las chicas puedan desarrollarse en otras áreas y expresar otro tipo de problemas: discriminación dentro y fuera de la villa, sexualidad y visión de futuro son algunas de las problemáticas que abordan junto a su entrenadora y una psicóloga social.

La Villa 31 es una de las zonas emblemáticas de la pobreza en la Ciudad de Buenos Aires. En la Argentina se denomina “Villa” o “Villa Miseria” a los barrios marginales -similares a lo que en Brasil se llama “Favela”- que se caracterizan por ser terrenos usurpados (en algún momento fueron baldíos, por ejemplo), donde las familias construyen un pequeño barrio, sin ningún tipo de habilitación municipal: no pagan impuestos, no tienen acceso a servicios básicos -como agua potable- y son señalados como un nicho importante de la delincuencia.

La Villa 31, incluyendo la Villa 31 bis, tiene aproximadamente 30.000 habitantes, y se podría decir que es un barrio más de Buenos Aires. Es una de las más conocidas, tal vez por su ubicación geográfica, tal vez por su historia. Y por sobretodo, es una zona marginal que, muchas veces, los demás vecinos de Buenos Aires miran con prejuicio, por todos los delitos que les atribuyen los medios de comunicación.

Más allá de sus frágiles condiciones de vida, el barrio cuenta con una actividad social intensa, comercios y diferentes calles donde en horas pico transitan ríos de gente. Se encuentra ubicada en un área de alto valor inmobiliario, rodeada por la estación de micros de la Ciudad y a sólo unos minutos de la casa de gobierno.

Desde dentro de la Villa se ven los contrastes con las imponentes Torres de Retiro y el mismísimo Sheraton Hotel. Para algunos es el barrio del que nunca se quisieran ir; para otros un lugar que da miedo y se mira desde lejos. En este controversial lugar de Buenos Aires funciona desde 2005 un equipo de fútbol femenino. Un espacio para el deporte y el compañerismo en la emblemática cancha sobre “La Avenida” de la Villa 31.

Fútbol, pasión de multitudes

El proyecto Goles y Metas para las chicas fue fundado por la estadounidense Allison Lasser, que empezó con la tarea en 2005. Dos años después, ella volvió a los Estados Unidos para buscar la manera de que el proyecto continuara. Para eso fundó una ONG en San Francisco, llamada Soccer For Success. Consiguió algunas donaciones mínimas y se asoció con la organización local Democracia Representativa. “La ONG se hizo cargo de la iniciativa en 2007 y dirige todas las acciones. Contrata el personal, desarrolla nuevos aspectos del proyecto, realiza la recaudación de fondos y busca expandir y replicar proyectos similares”, explica Hugo Pasarello Luna, coordinador operativo de la propuesta durante todo el año pasado.

Mónica Santino tiene 43 años y fue jugadora federada de fútbol femenino hasta 1999. Hoy coordina el equipo de fútbol femenino de la Villa 31, que congrega a 20 chicas de entre 12 y 17 años, que cada miércoles y viernes se junta en el potrero del lugar. Mónica es una mujer con mucha experiencia en el fútbol y cuenta con un porte que muchos hombres envidiarían. Tiene habilidad y carisma, lo que hace que las chicas la respeten y la escuchen cuando ella habla. Sin alzar la voz, puede comunicar un mensaje claro y sencillo, tanto en los entrenamientos como en el juego. Y qué mejor modelo que una deportista que ama lo que hace y tiene la madurez suficiente para trasmitir su pasión por el deporte cuando se empieza a transitar la adolescencia.

Enseñazas de vida como “el enojo me saca del juego”“yo vengo a jugar y no a pelear”, dichas en el contexto de un entretiempo tienen la fuerza y la potencia de aplicarse en una situación reglada y vivencial que se fija en las chicas. Lejos de las frases vacías como “No a la violencia”“Lo importante es competir”, las adolescentes la escuchan y de a poco se van enfriando los ánimos.

Adolece que no es poco

Los viernes, además, las acompaña una psicóloga social. La idea es aprovechar la excusa del fútbol para poder trabajar otros temas que les afectan a ellas como personas. Liliana Cura, psicóloga social, se une a los entrenamientos de Mónica una vez por semana. Su tarea es abordar cuestiones muy frecuentes en la villa, que, tal vez sin el fútbol, jamás se trabajarían: violencia familiar, discriminación, sexualidad son algunos de ellos.

Liliana va a los entrenamientos, lleva algo de comer y trata de ir acercándose, llega a ser una más. Aunque las chicas no siempre recurren a ella, les recuerda que está para lo que necesiten. Funciona casi como un fusible en situaciones conflictivas personales. “Cuando largan el problema puede ser algo familiar, algo personal, alguna relación que están empezando, algo en la escuela o en el mismo equipo. Y ahí me dan la oportunidad de pensar juntas alguna resolución no violenta del conflicto”, cuenta. A veces va a las casas, para poder hablar con sus padres y ayudarlas en su vida cotidiana.

Discriminar y ser discriminado

Así como la sociedad entera tilda de “villeros” a los habitantes de ésta u otras villas, también existe discriminación dentro del ambiente de ese barrio. La villa está lejos de tener una población homogénea: hay diferentes colectividades como la paraguaya, boliviana, peruana y argentinos provenientes de diferentes provincias. La discriminación y la división en clases sociales no es, entonces, algo ajeno. El padre del psicoanálisis, Sigmud Freud expuso, casi como un axioma, que lo vivenciado pasivamente se repite muchas veces de manera activa. Esto significa, por ejemplo, que cuando alguien se siente discriminado tenderá a su vez a discriminar a otros. Liliana cuenta que las chicas que van a escuelas fuera de la villa, en barrios como Almagro o Abasto, se quejan por la discriminación de sus compañeros de escuela: las miran mal por vivir en la villa 31. “Puede ser discriminación verbal, quedar excluidas de actividades, o a la hora de relacionarse con chicos. El destino de la relación de pareja va a ser acá. Les cuesta pensar que sea de afuera”, explica Liliana.

Pese a que sufren las diferencias, ellas también tienen reparos con bolivianos o paraguayos que viven en la Villa. Liliana trabaja para mediatizar estos conflictos y darles herramientas para poder resolverlos.

Un proyecto replicable

“Goles y Metas” demuestra que hay mucho que se puede hacer para lograr la inclusión e integración de los adolescentes de diferentes lugares, geográficos, económicos y culturales. También a partir del deporte se aprenden muchas cosas que no siempre se enseñan en la escuela o en los hogares. Competir contra desconocidos, tener un grupo de pertenecía, desarrollar un cuidado del cuerpo y estado físico, entre otras.

No son necesarios planes millonarios para lograr, a través del deporte, resultados interesantes. Conocer y apoyar este tipo de emprendimientos es importante para crecer y fortalecer a nuestros adolescentes como a la sociedad en conjunto.

Este artículo fue desarrollado gracias al apoyo del Programa Avancemos de Ashoka e Hillel Argentina

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+Info

Un poco de historia acerca de La Villa 31

Te mostramos el blog de las Chicas de la 31

Y por último, algunas imágenes de las chicas practicando en la página Web de la ONG Democracia Representativa.