Es una antigua casa paceña, pintada con un rabiosos color fucsia en su exterior. Tres mujeres conversan sentadas sobre los escalones de ingreso. La música que proviene del interior me remonta a un cabaret francés de la década del veinte.  Bienvenidos a “Virgen de los deseos”, la casa cultural y bar creado por el colectivo anarco-feministas Mujeres Creando (MC). Julieta Ojeda, coordinadora y militante del colectivo, invita un mate de coca para comenzar la charla. Desde 1992, el autodenominado “movimiento social” feminista MC, utiliza su creatividad e ingenio para luchar contra las desigualdades de género y las opresiones sociales que golpean a los bolivianos.

Las mujeres autónomas

Queremos escuchar su opinión sobre la realidad de Bolivia y el rol de la mujer.

– Desde octubre del 2003 se da en Bolivia un proceso de trasformación y de cambio. En relación al rol de las mujeres, notamos que hay una fuerte participación, efectiva; ya sea en protestas, huelgas de hambre y marchas callejeras, pero la visibilidad de las mujeres es nula, no existe. No hay una mujer líder a la cual remitir como referente en los movimientos sociales. En las últimas movilizaciones han surgido unos seis o siete nuevos caudillos, varones, que se han transformado en los interlocutores.

– Parece que la mujer no tiene el derecho de tomar la palabra.

-No es que no tienen el derecho, se lo niegan. En los últimos cabildos y asambleas se podían ver a mujeres pidiendo la palabra y no se les daba. En ese sentido, los movimientos sociales son tremendamente machistas. No se toma en cuenta a los subalternos que sostienen a los movimientos: mujeres, ancianos y gente muy joven. No se les da la posibilidad de participar en la toma de decisiones.

– Pese al rol protagónico de la mujer dentro y fuera de los movimientos sociales ¿ A qué atribuís el machismo que reina en la sociedad boliviana?

– La mujer cumple un rol económico, administrativo y afectivo muy fuerte dentro de la familia boliviana. Es cada vez más común ver el rol de sostén familiar sobre las espaldas de las mujeres. Con la desregulación y el desempleo se da esta situación. La mujer cumple un sostén súper importante en la economía boliviana, pero a la hora de las decisiones, el varón es quien siempre se impone.

-¿Por qué se da esto?

-Creo que por una especie de machismo que se reproduce dentro de la familia, y también se ve claramente su reproducción en las organizaciones sociales. La mujer lo apoya y se hace parte de esa lógica. Nosotras como feministas creemos en la autonomía, y no en el separatismo. La autonomía implica una propia palabra, una organización donde todos podamos tomar decisiones. Queremos que exista un sujeto mujeres, que pueda interlocutar con otras organizaciones, con los movimientos sociales o con el Estado. No existe, actualmente, ese sujeto mujeres. Nosotras bregamos por su existencia en todas las organizaciones sociales. Hay experiencias de “Trabajadoras del hogar” o “Trabajadoras sexuales”, integradas en su totalidad por mujeres, que debieron esperar años para ser reconocidas por la Central Obrera Bolivia (COB), porque supuestamente no eran trabajadoras. Y aunque lograron el reconocimiento, a la hora de tomar decisiones, jamás son llamadas o tenidas en cuenta. Las mujeres campesinas también se supeditan a las ordenes y el caudillismo de los varones. No se plantea jamás una independencia ideológica y política de la mujer.

-¿Cuáles son los puntos que tienen que trabajar para lograr el cambio?

-“Mujeres Creando” tiene unos doce años de camino. En todos esos años hemos colaborado con otras organizaciones de mujeres. Uno de los puntos centrales que se plantea desde “MC” es la organización horizontal y el respeto mutuo. Si una organización que trabaja con nosotras no es capaz de respetar el lesbianismo, por ejemplo, no se trabaja mas. Hay márgenes de tolerancia, pero cuando se linda con la discriminación y la intolerancia, nos abrimos.

Otro de los puntos importantes es nuestra autonomía respecto a los partidos políticos, las ONG y al Estado.

Hemos participado en el conflicto que se dio, hace tres años, entre muchas mujeres y los bancos que brindaban el sistema de microcrédito, donde muchas mujeres fueron estafadas. Se llego a tomar la superintendencia de La Paz y se lograron grandes triunfos. Que una deudora pueda sentarse a discutir con un abogado y un gerente era imposible antes de las manifestaciones, ahora se da. A partir de esa clase de experiencia, nosotras creemos en la posibilidad de impulsar movimientos de mujeres, independientes y autónomas, que puedan tener la posibilidad de relacionarse de otra manera con las organizaciones sociales.

Mujeres tomando la calle

En las paredes del bar se pueden ver gigantescos retratos de antiguas cholas, retratados hacia principio del siglo XX, acompañados de grafittis con fuertes contenidos feministas. Son las pintadas callejeras, junto a las intervenciones o protestas espontáneas, algunas de las herramientas utilizadas por las MC para expresar sus demandas, como ellas proclaman: “La calle es mi casa sin marido, mi empresa sin patrón, mi salón de colores..”. Las MC recuperan el espacio público y lo resignifican como lugar de expresión y lucha política.

– ¿Cómo participó “Mujeres Creando” en los últimos bloqueos?

– Tenemos una manera particular de participar, no somos un grupo masivo. En octubre del 2003, realizamos nuestras propias estrategias. Echamos pintura al palacio de gobierno, denunciando las masacres que llevaba adelante el gobierno de Sánchez de Lozada.  Son acciones creativas que tienen su vuelo y su impacto. También pegábamos pancartas que decían: “Las putas aclaramos que ni Sánchez de Lozada ni Sánchez Versaín son hijos nuestros”. Era una respuesta a la derecha y a la izquierda, a sus discursos fascistas, violentos y caudillistas. No creemos que apelando a la misma violencia estatal se vaya a poder cambiar las cosas. Nosotras tomamos el espacio público para recuperarlo como espacio político. También hemos tenido programas de TV. Todo el tema de las acciones callejeras, la realización de debates, el tema de la utopía y el aborto fueron tratados en nuestros programas. El primero se llamaba “Creando Mujeres” y el segundo “Mamá no me lo dijo”.

-¿Hay alguna posibilidad de integrar la heterogeneidad de las demandas de los movimientos sociales?

-Ese es uno de los grandes problemas de los movimientos sociales, los caudillismos. Se tiene un terreno que está parcelado totalmente, cada caudillo tiene su pequeña parcela de poder y ninguno está dispuesto a ceder su espacio. Hay un desconocimiento de la heterogeneidad. Creemos que el aporte de las organizaciones feministas es un contribución en éste terreno, obviamente no es tenido en cuenta. Nosotras creemos en la heterogeneidad de los movimientos, por eso planteamos la alianza entre putas, lesbianas, trabajadoras del hogar y campesinas. Son diferentes espacios de integración y de lucha que podrían ir conjuntamente y afectar al sistema, eso potencia a nuestras organizaciones. Te doy algunos ejemplos: surge el tema de las zonas rosas en la ciudad, nosotras tenemos algo que decir porque hay mujeres en esa discusión; surge el tema de la ley, nosotras no estamos de acuerdo con las leyes, pero podemos opinar porque hay trabajadoras mujeres que trabajan conjuntamente a nuestro movimiento. Esa heterogeneidad, en vez de dividirnos y separarnos, como hace la sociedad al parcelar y diferenciar, esa heterogeneidad nos potencia. Debemos encarnar de otra manera las luchas, no parcelar, sino unir.

También se ha visto un fuerte conservadurismo en los movimientos sociales con relación a la apariencia, esa cuestión de definir quien es originario, quien es indigenista. Dejando de lado lo que nos une en la exclusión y dominación.

-¿Qué dice la Iglesia de ustedes?

-Se cuida bastante. En uno de nuestros programas una monja abortaba. En ese momento había una fuerte discusión sobre el tema del aborto. Una estrategia nuestra es el escándalo, nosotras no tenemos miedo al escándalo y ellos si. Por eso no se metían.

-¿Cómo imaginás una Bolivia independiente?

-Sueño una sociedad que no dependa del Imperio, un  pueblo que decida su país. En eso a las feministas nos toca seguir peleando. Hemos abierto el espacio y vamos a sostener nuestro lugar y nuestra autonomía. Debemos luchar para que la mujer gane espacios en los movimientos y en la sociedad toda. Sueño un país desprejuiciado, donde todos podamos vernos, los unos a los otros, y reconocernos y respetarnos en las diferencias.