A fin de año se vivirá una nueva cumbre contra el Cambio Climático de las Naciones Unidas. En el evento, que será en Copenague, el mundo debatirá acerca de las metas para cuidar el medio ambiente. El objetivo: impedir que se concreten algunos pronósticos que dicen que para el 2080 la temperatura promedio de la Tierra aumentará en seis grados centígrados.

Pero la novedad es que esta vez, el país más importante del mundo (por su capacidad política, económica y de emisión de gases) comprometió su apoyo. La nueva gestión de Barack Obama quiere marcar sus diferencias con sus antecesores y contribuir -aunque sea un poco- a bajar los niveles de contaminación del país que dirige.

Más allá de los montos, esto debe ser visto como algo positivo. Es imposible que un país como los Estados Unidos cambie de un día para el otro. Venía de sostener conservadoras posiciones muy radicalizadas. Seguramente Obama no hará una revolución ambiental; tampoco, social o política. Pero, sin dudas, es positivo que Estados Unidos deje de mirarse solamente al ombligo y pase a sentirse como una parte más del planeta global en el que vivimos.

La nota principal de Opinión Sur Joven de agosto habla sobre este tema, que consideramos central para el futuro del mundo: la concreción del Protocolo de Kyoto 2, en que esta vez participaría Estados Unidos. Esperemos que no quede solamente en buenas intenciones.