El editor de la sección Medio Ambiente de Opinión Sur Joven fue invitado a la Conferencia Internacional sobre Energías Renovables de Washington donde se habló de cómo fortalecer el uso y producción de energías alternativas al petróleo. Hubo grandes anuncios gubernamentales pero mucho escepticismo por parte de los especialistas. El más criticado: George W. Bush, quien pese a asistir al evento no logró los apoyos esperados.

Sube y sube. Tal vez sea por eso. Aunque la excusa es que contamina. El precio del petróleo anda por las nubes y el cambio climático no para de dar malas noticias. Así que -tal vez por necesidades ambientales, quizás por necesidades económicas- las energías renovables se convirtieron en una fuente ineludible para explorar.

Las energías tradicionales (que provienen del carbón o el petróleo, por ejemplo) se extraen de la Tierra y se agotan. Una vez que se saque todo lo que está enterrado van a dejar de existir y el planeta va a estar en un problema. Las energías renovables en cambio, provienen de fuentes que no se agotan. Como el viento, la luz solar, o las corrientes de agua. La más popular y polémica en los últimos tiempos son losbiocombustibles que permiten hacer naftas a partir de aceites vegetales.

¿Cuál es la ventaja de estas energías renovables? Por un lado contrarresta los efectos negativos de la inflación derivada del crudo; por el otro, limita el caos consecuente del calentamiento global. Y por último, estas fuentes energéticas pueden ser un verdadero motor del desarrollo económico y social, si se saben aprovechar.

Un foro global para promocionar lo local

Pero esto no es una novedad. El poder económico y político acusó recibo de los beneficios de las energías renovables y, desde distintos lugares y sectores, se viene impulsando su avance. Hasta el punto que el gobierno del mismísimo George W. Bush -que no es precisamente un paradigma de la lucha medioambiental- organizó a principios de marzo la Conferencia Internacional sobre Energías Renovables de Washington (WIREC, según sus siglas en inglés), el encuentro mundial más importante de la historia sobre el tema.

Duró tres jornadas y asistieron 3000 participantes y más de 50 representantes de distintos gobiernos. Hubo conferencias y paneles para tratar todo el abanico de tópicos referentes a las energías renovables y su potencialidad.

La importancia del encuentro global, sin embargo, no fue científica, sino política: fue un foro en el que los países sentaron posición, de forma diplomática, pero contundente. Por ejemplo, el jefe de la delegación de China, Zhang Xiaogiang, pidió a “los países ricos que fijen metas (de uso de energías renovables) en forma proporcional con su consumo” energético, y que se permita a las naciones en desarrollo hacer lo mismo, para hacer un esfuerzo más equitativo.

También anunció que Beijing planea aumentar en un 50 por ciento el uso de energías renovables en su economía para el año 2020. China, junto con Estados Unidos, es el principal emisor de gases de efecto invernadero.

Por otra parte, el enviado del gobierno de Alemania, Michael Muller, llamó a que se concrete un “Bretton Woods ecológico entre los miembros del G-8”, en referencia a los acuerdos económicos de la pos segunda guerra mundial. Muller fue enfático en que el problema del cambio climático “avanza vertiginosamente”, por lo que pidió a los países moverse pronto para impulsar el uso de energías renovables.

¿Pero es posible un “Bretton Woods ecológico”? ¿Es posible con Washington negándose a firmar siquiera el Protocolo de Kyoto? De eso se trató un poco esta conferencia. El gobierno estadounidense gastó millones de dólares organizándola para, básicamente, dar a conocer su trabajo frente a dos temas que marcan la agenda internacional hoy en día: la energía y el medio ambiente.

El slogan de WIREC fue “The power of the independence” (El poder de la independencia). No fue casual. La Casa Blanca impulsa las energías renovables –en especial los biocombustibles- para poder emanciparse, al menos en cierta medida, del crudo de Medio Oriente y Venezuela, y de paso, reducir un poco las emisiones de gases de efecto invernadero.

El discurso de Bush en la segunda jornada de la conferencia fue contundente en ese aspecto. Sin mencionar las críticas que se le suelen hacer, salió al cruce y dijo que con las medidas tomadas en su gestión “Estados Unidos ha demostrado al mundo que protege el medio ambiente. Yo sé que los prejuicios son difíciles de derrumbar, pero nuestro país está a la cabeza del combate al cambio climático”.

Sin embargo, la defensa más enfática de Bush y de su política medio ambiental y energética vino de la mano de la conflictiva dependencia del petróleo: “Compramos a algunos países que no son amigos, no les agrada nuestra forma de gobierno ni tienen fe en las libertades en las que nosotros creemos”, por lo que esa dependencia “afecta nuestra seguridad nacional”, y anunció que planea reducir 20% el uso de gasolina en los próximos 10 años.

El presidente norteamericano aprovechó la oportunidad de ser el anfitrión (y financiador) del encuentro para promocionar sus “logros” en materia ambiental y contrarrestar la mala propaganda. Según dijo, Washington aportó 12 mil millones de dólares en investigación para desarrollar energías renovables, por ejemplo, entre otras medidas.

Sin embargo, no todos piensan lo mismo: “El Gobierno Federal de Estados Unidos es irrelevante, no lidera en el tema, por eso los estados se fueron uniendo para encararlo. Bush fue una decepción en lo que era entender la promesa que representan las energías renovables”, disparó Mark Sinclair, director de la Alianza de Estados para la Energía Limpia.

La entidad nuclea a 20 estados norteamericanos que decidieron unirse para buscar una salida a lo que sienten como una falta de política coordinada y suficiente de parte del gobierno de Bush frente al desafío ambiental y energético.

Sinclair, respondiéndole al discurso de Bush, explicó a Opinión Sur Joven: “En Estados Unidos no hay una política sustentable en energías renovables de parte del Presidente. Hizo muy poco hasta ahora, si se compara con gobiernos como los de Alemania y Japón”. Y opinó que, si bien puede ser cierto que Bush invirtió dinero para investigar el tema, sigue siendo mucho menor en comparación al apoyo que brinda a las petroleras y a la energía nuclear, más barata pero de corto plazo.

También criticó varias medidas (o mejor dicho, ausencia de medidas) del gobierno de los EE.UU.: la no suscripción del Protocolo de Biocombustibles, la política arancelaria que no protege su desarrollo, su rechazo a la descentralización energética (lo que impide que la gente común, desde su domicilio, pueda generar fuentes alternativas), etc. En diálogo con Opinión Sur Joven, Sinclair resaltó la necesidad del trabajo mancomunado que deben realizar el sector público y privado para impulsar la energía renovable, lo que a su juicio no se promueve desde Washington pero sí a nivel estadual y municipal.

Colorado, un buen ejemplo

Situada cerca de los picos nevados de las Rocallosas, alejada del mundanal ruido, la Universidad Estatal de Colorado (CSU, en sus siglas en inglés) es un oasis en el mapa energético norteamericano: es el vértice principal del modelo de desarrollo necesario para la conversión a las energías renovables.

¿Por qué? Porque articula sus esfuerzos con el sector público y privado, aprovechando que en el estado de Colorado (en el medio-oeste norteamericano) “se juntan recursos naturales, intelectuales, financieros y voluntad política” para impulsar la transformación energética, dijo a Opinión Sur Joven Seth Portner, subdirector de la Oficina de Energía del Gobernador.

Portner señala que el gobierno estadual tiene programas para buscar potencial el uso de energía renovable y para hacer más eficiente el gasto energético tanto en viviendas residenciales, edificios municipales y granjas, facilitándoles, por ejemplo, la colocación de paneles solares domiciliarios.

“La gente de Colorado impulsó la legislación sobre el tema, juntando firmas. Fue el primer caso en los Estados Unidos”, explica el funcionario, mientras enumera los avances en creación de energía solar y eólica (más de 100 gigavatios).

Volviendo al caso particular de la CSU, Kim Staking, profesor de finanzas de esa casa de estudios, explicó a Opinión Sur Jovenque el “boom” de las energías renovables en Colorado es entendido en buena parte gracias a la política que mantiene la universidad, que es la de “una visión holista”. “Se busca ver qué se puede hacer por los problemas globales, sin guiarse únicamente por el rédito económico”. Staking apuntó como la clave del éxito al esfuerzo articulado entre inversores, el gobierno estadual y el sector académico local.

El presupuesto de investigación con el que cuenta la universidad (unos 300 millones de dólares, otorgados por el gobierno local, federal y donaciones privadas) financia proyectos que traen beneficios ambientales y sociales, con la idea de explotarlos después en el mercado.

Actualmente, por ejemplo, desarrollaron un motor para taxis de Filipinas que ahorra en un 40% el uso de combustible y están prontos a comercializar para sectores de bajos recursos de la India estufas que reducen emanaciones peligrosas y hacen más eficiente el consumo de gas.

Con este desarrollo tecnológico, la universidad logró en la última década contar en su haber con 143 patentes propias, cuyos royalties en parte financian a su vez nuevos proyectos de investigación, cerrando un círculo virtuoso que contemple las dos patas en las que se debe apoyar la transformación energética: cuidado del medio ambiente y desarrollo económico.

La sinergia entre los distintos sectores que se da en Colorado tiene un pilar fundamental: por los altos precios de los combustibles, “las empresas se dieron cuenta que es negocio apostar a las energías renovables, y los consumidores, además, lo están demandando”, comenta Staking.

En un mundo en el que el consumo energético aumentará un 50 por ciento para el 2030, la necesidad de reproducir el modelo de la Universidad de Colorado se agiganta. Especialmente si ayuda a combatir la pobreza y mejorar la calidad de vida. Porque, como dijo Hermann Scheer (presidente del Consejo Mundial de Energía Renovable) durante su discurso en la WIREC, “ya no hay tiempo para perder. Este es el siglo para avanzar en las energías renovables”.

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