En el campo de las energías alternativas, la industria eólica crece en forma exponencial y se ubica entre las más convenientes para moderar la dependencia de hidrocarburos. Dónde, cómo y cuánto aumenta su desarrollo. Pros y contras de un fenómeno que avanza con viento a favor.

“Viento, dile a la lluvia, que quiero, volar y volar”. La estrofa del estribillo de una de las canciones más emblemáticas del rock argentino, cuyo autor Litto Nebbia escribió en los ‘60, es una pequeña muestra de cómo el viento ha sido durante toda la historia humana una fuente de inspiración para la poesía y la música.

Incluso el viento dejó su huella hace miles de años cuando fue parte de la mitología de varias civilizaciones. Basta recordar aQuetzalcóatl, dios del viento para los indígenas mesoamericanos;Caurus, para el paganismo romano; o Eolo, para la antigua Grecia. Y es precisamente bajo la influencia del helénico que se denominó a la última inspiración del viento, la que está de moda en nuestros tiempos: la energía eólica.

Es de las fuentes de suministro que se enmarca en el conglomerado de energías renovables y no carboníferas (no producen gases de efecto invernadero). Además de combinar ambas cualidades (doble golpe a los convencionales petróleo, gas y carbón), se puede decir que le saca ventaja a la energía nuclear y a los biocombustibles porque la generación a través de viento levanta mucha menos polémica (sea por el debate del peligro atómico o por la puja de precios de agroalimentos versus combate a la pobreza).

La energía basada en el viento tiene la peculiaridad de registrar un crecimiento no sólo exponencial sino vertiginoso. En la última década multiplica año tras año su capacidad instalada, aunque también a veces la economía y meteorología soplan en contra y su desarrollo parece tener algunas limitaciones. De todos modos, es una tendencia ecosustentable a la que vale la pena prestarle atención.

De eolo y kinesis

En griego, eolo significa viento y kinesis, movimiento. Son las dos claves para entender el fenómeno de generar electricidad a partir de eso que sopla a lo lejos y nos hace resfriar o abrigar, pero que nunca pensamos que pudiese llevar luz a nuestro velador.

“La energía eólica es la energía cinética (denominación derivada de kinesis) que posee el viento, el cual es definido como una masa de aire en movimiento”, explica durante una entrevista conOpinión Sur Joven el ingeniero Erico Spinadel, presidente de laAsociación Argentina de Energía Eólica.

¿Pero cómo se genera este tipo de energía? Cuando uno quiere encender un ventilador, lo enchufa a un tomacorriente y la energía eléctrica hace mover el motor del ventilador que comenzará a girar; es decir, la energía eléctrica se convierte en energía cinética. En el caso de la energía eólica se produce el efecto inverso: hay grandes “ventiladores” que se mueven por efecto del viento y generan la energía eléctrica. Son grandes palos con hélices que emulan a los viejos molinos, pero de gran altitud y con motor para absorber la energía que reciben gracias a estar ubicados en zonas desérticas, planas o costeras (o donde los lleve el viento).

Entre las principales ventajas, el especialista señala que durante la generación eléctrica, las turbinas no producen dióxido de carbono. Donde sí se produce emisión de gases es en la fabricación de las turbinas. “Pero la emisión es recuperada en aproximadamente cinco meses y dado que la vida útil de las turbinas es de unos 20 años, prácticamente es despreciable la cantidad de gases emitidos”, apunta.

Por ejemplo, un parque eólico de 10 megavatios evita que se generen al año 28.480 toneladas de dióxido de carbono, segúnFuturos, Revista Latinoamericana de Desarrollo Sustentable.

También anota en la lista de los pros que la eólica es independiente de los combustibles fósiles. Esto les permite a los países importadores (de petróleo y gas) cubrirse contra la volatilidad de los precios y de una posible indisponibilidad de los hidrocarburos.

“La industria eólica genera gran cantidad de puestos de trabajo. Se estima que por cada megavatio eólico instalado se crean 15 puestos directos y 0,4 por operación y mantenimiento. Además, cada gran fabricante de turbinas dispara una cadena de suministros que cuadriplica o quintuplica los empleos de sus propias instalaciones”, enfatiza.

Pero también tiene su talón de Aquiles. Spinadel explica que como el viento no es un recurso natural disponible el 100% del tiempo, sino que varía constantemente, existen razones técnicas por las que no se puede prever la cantidad de electricidad que se puede generar a partir de las turbinas. “Por eso un país no puede depender solamente de la eólica para satisfacer su demanda. También hay un impacto ambiental principalmente auditivo y visual y puede haber interferencia en ondas de telecomunicaciones de radio, celular y televisión y en señales de los sistemas de control de navegación y tráfico aéreo”, agrega.

El tema costos, como siempre, es un factor difícil de soslayar. Para Spinadel, las mejoras tecnológicas de los últimos años permitieron bajar el costo por kilovatio instalado notablemente, transformando a este tipo de energía en una opción competitiva, inclusive con las tecnologías de combustibles fósiles.

Igualmente, el fenómeno dista de ser global: la gran mayoría de las fábricas de turbinas se encuentran en Alemania, España y Dinamarca, por lo cual su importación a gran escala no es accesible para cualquier país, aunque cuente con el recurso natural.

Viento en popa

El crecimiento del sector es sideral. Para fin de 2010, la capacidad instalada de energía eólica en el mundo se incrementará un 160%, y en base a los proyectos en desarrollo actualmente, en 2014 se estima que la potencialidad de producción a nivel global alcance los 409 gigavatios (GW), es decir 409.000 megavatios, según publicó el Consejo Mundial de Energía Eólica en su último informe.

Para dar una idea de lo que eso significa en la vida nuestra de cada día, la isla de Manhattan (Nueva York) necesita más de 1.500 megavatios por kilómetro cuadrado para funcionar. O sea que si bien 409 GW es un dato alentador, dista de ser suficiente.

Según el mismo informe, a pesar de la crisis financiera global, la energía del viento sigue siendo una elección en tecnología en muchos países, siendo China una de las principales promotoras del crecimiento mundial del sector. Beijing apunta a alcanzar los 150 GW de capacidad eólica para 2020.

En términos regionales, hasta ahora la delantera en capacidad instalada la ostenta Europa (superada por Estados Unidos si se la mide desagregada), con el 75% mundial. Pero se estima que ese reinado durará hasta 2014, cuando Asia a nivel regional logre superar los 150 GW.

El liderazgo norteamericano es claro en la materia: concentra el 22% mundial de potencialidad eólica (en el ranking le sigue Alemania, China y España); ocho de los diez parques eólicos más grandes de la Tierra están en suelo estadounidense (los otros dos en Gran Bretaña y Bélgica).

Al consultarle a Spinadel por la situación argentina, describe que su capacidad instalada es muy baja: sólo genera 30 megavatios; casi 650 veces menos que España, país con población similar a la Argentina. “El potencial para desarrollar es muy grande y aún resta mucho camino por recorrer. Pero tenemos tantos recursos naturales como productivos y humanos para aumentar el valor”, opina.

Para fomentar la actividad, Spinadel recomienda crear un marco político y legal apropiado para atraer inversiones locales y extranjeras en el sector, y diseñar una ley que garantice al inversor la posibilidad de recibir un precio adecuado en moneda constante por megavatio generado.

El despunte en la Argentina puede comenzar pronto: el año que viene la empresa vasca Guascor construirá en la ciudad patagónica de Pico Truncado un parque eólico de 6.500 hectáreas que superará los 600 megavatios de producción.

La naturaleza ofrece, una vez más, una oportunidad única para producir energía en forma sustentable. Aunque su uso no pueda ser un refugio único -por la inestabilidad inherente del viento-, la industria eólica promete ser el suministro complementario más efectivo y de mayor crecimiento en el nuevo milenio a la hora de buscar alternativas para aliviar la dependencia y la contaminación de los hidrocarburos.

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Sobre la energía eólica y el desarrollo sustentable:

Asociación Argentina de Energía Eólica

Consejo Mundial de Energía Eólica

Revista Futuros