Es un fenómeno tradicionalmente asociado a las mujeres. Sin embargo, la obsesión por el cuerpo también abarca a los varones. ¿Cuál es la diferencia entre los tres trastornos? ¿Cómo se manifiesta? ¿Qué pasos seguir para curarse? Opina una nutricionista, el coordinador general de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba) y un anoréxico en recuperación

El menú de hoy: una galletita por la mañana con un sorbo de café; medio tomate al mediodía y después tirar hasta la noche. En la cena, como siempre, el plato será sopa. Abro la heladera y miro toda la comida. Se me cierra el estómago. Empujo la puerta con furia, con desgano. Me asqueo. Me enfrento al espejo, que me devuelve una imagen que no consigo cambiar. Cómo moverme con este cuerpo que no soporto, que intento cubrir con camisas holgadas y pantalones anchos. Veo a otros tipos en la calle felices con su imagen; y yo voy del trabajo a mi casa, siendo un hombre triste e insatisfecho.

Son muchos los que diariamente podrían repetir ese diálogo interno, la Argentina es el segundo país del mundo en casos de trastornos por alimentación. Si bien la patología repercute especialmente en las mujeres, se estima que cada diez casos femeninos, hay dos en hombres. Los hombres también pueden sufrir anorexia.

La presión sobre la estética no discrimina género. “El paciente no tiene anorexia con la comida, tiene anorexia con la vida”, señala Ricardo de León, coordinador general de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba). “De la misma manera que cada vez va restringiendo más la comida, también evita situaciones de exposición porque no quiere que lo vean, se compara con los demás y tiene muy baja autoestima”, agrega.

Aunque la enfermedad se exprese con la comida, hay un conflicto afectivo que subyace: intervienen los factores socioculturales y la estructura de base de personalidad. El coordinador de Aluba explica que los hombres que sufren anorexia tienen una estructura de tipo dependiente: suelen ser autoexigentes y más estructurados para su restricción alimentaria.

“Las personas con anorexia tienen rituales de comida”, asegura la nutricionista María de las Mercedes Gabín de Sardoy. Y puntualiza: “Suelen esconder los alimentos, los escupen para no tragarlos, los cortan en porciones muy pequeñas para tratar de comer menos o abundan en excusas”. Por el contrario, el paciente que tiene bulimia tiende a ser más impulsivo, lo que deriva en atracones de comida y en no poder llevar un control tan estricto de su peso.

Cada cosa en su lugar

Los trastornos alimentarios generalmente aparecen por la forma de percibir el propio físico. Anorexia, bulimia y vigorexia pueden presentar síntomas similares, pero hay criterios diagnósticos para diferenciarlos.

La bulimia se caracteriza por atracones, seguidos de vómitos provocados. También se suele recurrir al uso de laxantes y diuréticos para que la comida no llegue a incorporarse al cuerpo.

En la anorexia suele disminuir la ingesta de alimentos, lo cual conduce a una fuerte reducción del peso, seguida de una negación del riesgo que esto implica.

La vigorexia se define principalmente por una necesidad de realizar ejercicio físico en exceso. Puede ir acompañada por el uso de anabólicos. El gimnasio funciona como uno de los espacios en que se juntan aquellas personas que acuden con fanatismo para perder kilos y lograr un desarrollo muscular que no resulta acorde a su contextura física. Entre pesas, cintas y bicicletas fijas, los vigoréxicos gastan sus horas en busca de un cuerpo escultural. Y en esos ámbitos también, circulan las dietas mágicas y los consejos más innovadores para perder peso de manera veloz.

La bulimia es la más frecuente entre los jóvenes. la nutricionista María Gabín de Sardoy asegura que también es la más destructiva: “Tiene un método de purga que se traduce en vómitos, toma de laxantes, abuso de ejercicio físico, enemas o ayunos”. Algunas de las consecuencias que trae aparejadas son las variaciones bruscas de peso, la pérdida de cabello o la depresión constante. Según explica, los trastornos de alimentación suelen darse en personas que sufren de problemas psicológicos de fondo y los parámetros estéticos suelen ser disparadores de patologías ya existentes.

Cultura Pacman

-¿Cómo empezó la enfermedad?– preguntó Opinión Sur Jovena Facundo Tello, quien hace un año está en tratamiento por anorexia en Aluba.
-Con la comida: dejando la mitad del plato en una cena. Después reduje los almuerzos y las ingestas. Vivía a yogurt. Me encerraba en mí mismo, había perdido a mis amigos. Solamente mantenía el trabajo. Los días de franco me la pasaba triste o deprimido, durmiendo o mirando televisión.
-¿Qué fue lo que te llevó a aislarte de esa manera?
-Todavía estoy buscando las causas. Mis amigos no se daban cuenta de lo que me pasaba. Internamente estaba mal, pero hacia afuera decía que estaba bien

Facundo reconoce que le cayó la ficha recién a los dos meses. Su mamá fue la primera en darse cuenta de que no estaba bien cuando tuvo un bajón de peso. Casos como éste se repiten en todas partes del mundo y cada vez son más los hombres que se animan a contar su experiencia.

Cristian Iglesias, el cantante de la banda Jóvenes Pordioseros, el año pasado reconoció haber atravesado trastornos de alimentación: “¡Yo las tengo todas! Tuve un problema anoréxico hace poco. Hubo que suspender un recital en Monte Hermoso porque me quedé arriba del escenario. Las tengo todas… ¡anoréxico y vicioso! Por suerte las cachetadas de mis amigos me rescataron”, comentó a un diario mendocino. También varios se animaron a relatar sus “enganches” (así llaman cuando la comida se convierte en eje de un conflicto) en la blogósfera.

Una vez reconocido el síntoma y asumida la enfermedad, comienza otra etapa: la del tratamiento, que varía según el especialista al cual el paciente se acerque. En Aluba se trabaja a través de grupos de autoayuda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece un período de cuatro años sin contacto con el objeto adictivo para considerar curada una adicción.

Pero la particularidad de este tipo de trastornos es que el objeto (de deseo o rechazo, según el caso) está siempre presente por tratarse de una necesidad básica. Entonces, la búsqueda está puesta en que los pacientes puedan volver a establecer una relación sana con la comida. “Es una enfermedad vinculadas a una dificultad en la comunicación –asegura De León- Habitamos en la cultura del pacman, donde devorás o sos devorado. Y no todos tienen las defensas suficientes para soportar este tipo de presiones”.

Por su parte, la nutricionista María Gabín de Sardoy destaca que todo tratamiento para la anorexia tiene que ser multidisciplinario y que se debe trabajar junto a psicólogos para reestablecer el estado nutricional de un paciente. “Quienes sufren anorexia tienen una idea equivocada de los alimentos. Entonces hay que re-educarlos para que no sientan que hay alimentos buenos o malos”, agrega. Ella explica que la dieta para reconstituir el vínculo del paciente con la comida debe realizarse en forma progresiva: “Un adolescente necesita 2500 calorías diarias. Pero para evitar el rechazo físico a la comida, se debe graduar la cantidad de calorías e ir aumentándolas de a poco para que el organismo vuelva a acostumbrarse a comer”.

Desde adentro

Comprometido con su circunstancia y con el claro objetivo de encontrar la salida, Facundo escucha, reflexiona y responde:

-¿Te costó contar lo que te pasaba? _-Me costó pero entendí que no era nada para ocultar. Todos mis amigos lo saben. De ahí a que me entiendan es otra cosa.
¿Qué aprendiste en este tiempo?
-Hoy por hoy me importa lo que me pasa a mí. Primero estoy yo. Antes siempre ponía primero a los demás.
-¿Qué consejo le darías a alguien que sufre anorexia?
Básicamente que lo hablen con gente de confianza y que pidan ayuda.
-¿ Cómo es hoy tu relación con la comida?
-Lo asumo como un nexo con las personas, que me sirve para compartir cosas. Siempre está la comida de por medio.
-¿También lo podés disfrutar?
-Hay días que no tanto, pero hoy tengo otras herramientas: por ejemplo, ahora puedo hablarlo. Antes cuando me “enganchaba” elegía tirarla, esconderla en la heladera o saltear la ingesta. Las presiones están presentes todo el tiempo, el tema es qué hacés con eso.

Reconocer, pedir ayuda, escuchar, buscar soluciones. De eso se trata; y de no quedar envuelto en una situación indeseada; de saber que se pueden construir vínculos sólidos y encontrar herramientas eficaces. Porque así como la anorexia masculina existe, también se puede (y se debe) salir de ella.

Este artículo fue desarrollado gracias al apoyo del Programa Avancemos de Ashoka e Hillel Argentina

+Info

Película:

“The Karen Carpenter Story”, film que cuenta la historia verdadera de la famosa cantante norteamericana Karen Carpenter. La película, dirigida por Richard Carpenter, narra el éxito obtenido por la artista y sus problemas a causa de las drogas y de la bulimia, enfermedad que finalmente acabó con su vida.

En la web:

Nutri-Salud, portal sobre nutrición y salud.

Aluba, portal de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia.