El mundo ya no es lo que era. Antes, la información siempre iba de arriba abajo. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías los conocimientos son más fáciles de compartir. En esta nota se explica que estos cambios culturales van más allá de las herramientas que lo posibilitan. Claro que, para convertir la utopía en realidad, no debe haber excluidos en el mundo digital.

Estamos en la era 2.0, con modelos basados en la colaboración que cambian radicalmente la concepción del mundo. A través de la educación, el acceso a los medios de información y comunicación, las relaciones intersubjetivas -ya sea entre individuos, grupos o sociedades enteras- se transforman y adquieren mecanismos y reglas propias. ¿Es entonces el fin de las diferencias y el comienzo de la era del progreso en condiciones igualitarias? ¿O por el contrario, es la exacerbación de las brechas que separan a individuos y colectividades entre sí, construyendo un mundo aún más inequitativo?

Todos para uno, y uno para todos

La psicología gestáltica sostiene que “el todo es más que la suma de las partes”. Este concepto se resignifica en la era colaborativa. El conocimiento de la humanidad como un todo es mayor que la de los expertos individuales. Hoy, los saberes son accesibles desde cualquier territorio y en cualquier momento a través de Internet y por medio de tan sólo algunos cuantos clicks. Se desafía el status quo, y al mismo tiempo se integra a todo tipo de actores que hasta entonces permanecían al margen, ciegos y mudos.

El desencadenante: la Web 2.0

Los modelos de desarrollo basados en la colaboración se fueron creando con los avances de Internet. Se dice que al principio, la comunicación iba siempre de arriba abajo: del jefe al empleado, del maestro al alumno, del padre al hijo, de países dominantes a sub-desarrollados. A ese esquema comunicacional, se le llamaría más tarde 1.0. Ahora, supuestamente, estamos en la etapa 2.0. A partir de este momento, la estructura de aprendizaje pierde su verticalidad jerárquica para volverse horizontal, generando la construcción del denominado “conocimiento colaborativo”, proveniente de la “inteligencia colectiva”.

Chris Anderson es un de los teóricos de Internet más importantes del planeta. En su libro “La Economía Long Tail” sintetiza las diferencias entre este mundo interconectado y el que existía hace unos años atrás: “El talento no es universal pero está muy repartido, démosle a la gente la posibilidad de crear e inevitablemente surgirán obras maestras”. Básicamente, su postulado es que antes todos podían producir conocimiento pero era muy difícil distribuirlo, por lo tanto era desconocido. Ahora, gracias a las tecnologías comunicacionales, es fácil darlo a conocer. Y tal vez una idea chiquita de un filósofo desconocido, es leída por pocas personas (menos de las que leyeron a Aristóteles en la historia de la humanidad) pero retroalimenta nuevas ideas, multiplicando las posibilidades creativas.

¿De qué lado estas?

Cuando se lanzaron sitios de Internet como Facebook, Twitter, Linkedin, Blogger, Wikispaces, la mayoría de las personas no llegaban a comprender su magnitud. Esos sistemas eran percibidos como invasivos, una pérdida de tiempo o herramientas sin sentido. Pero ciertos visionarios entendieron el poder real de estas redes y los nuevos enfoques en el desarrollo que generaban.

Las tres patas

La herramienta es lo de menos: redes sociales, wikis o blogs son algunas tecnologías cambiantes que sirven para el intercambio de información.

Pensar en la Web 2.0 entonces, no es concebir una nueva herramienta. La Web 2.0 más que una táctica es una estrategia que parte de la idea de que el conocimiento no desciende desde jerarquías sino que se crea, desarrolla, expande y aumenta en todas las direcciones. Es darse cuenta de que si el conocimiento sólo “baja”, nunca va a poder alcanzar la misma magnitud que si es creado entre iguales.

El modelo actual de colaboración legitima definiciones, tribus, procesos, dogmas bajo la lupa del colectivo. Es en este contexto en el que Wikipedia pudo superar a la Enciclopedia Británica. Hechos en tiempo real e informados por diversidad de fuentes, constituyen las nuevas formas del conocimiento. Claro que, a pesar de la atracción que generan estos mecanismos modernos para obtener información, todavía falta conseguir una suerte de comité editorial que valide y asegure la veracidad o precisión del aprendizaje que se presenta.

Yo aprendo, tú aprendes, ¿él aprende?

La era de la colaboración ofrece oportunidades múltiples a países, sociedades y personas. Eso sí, siempre y cuando sean capaces de alcanzarlas. Es entonces cuando se genera paralelamente lo que podríamos llamar “la brecha digital”: si el mundo cada vez es más dependiente de la tecnología, aquellos que no tienen acceso a los medios de información y comunicación, quedan segregados.

La velocidad de adaptación a condiciones de mercado cambiantes que están siendo desarrolladas por las nuevas tecnologías de información y comunicación será el parámetro a utilizar para determinar quiénes serán los actores principales, y quiénes los primeros excluidos en el nuevo mundo que se nos presenta. Se agranda la brecha entre el conocimiento global de un pueblo y la ignorancia de los menos desarrollados.

La computadora e Internet pasaron en pocos años de ser un bien de lujo de unos pocos, a una necesidad básica para ser alguien entre muchos. Es un elemento sociabilizador que permite la conexión al saber compartido. Por eso, para que esta utopía del conocimiento compartido se haga realidad, es necesario generar mecanismos que cierren esa brecha y permitan incluir a todos en el mundo digital… en el mundo 2.0.

Ilustración: Guadalupe Giani

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Blogs y libros y de interés:

La economía long tail, Chris Anderson, Tendencias, 2007.

Tribes, Seth Goldin, 2009.

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