Comprar una vivienda propia sin ayuda familiar para un joven latinoamericano es casi imposible. En la Argentina la cosa está aún peor, por los resabios de la crisis de 2001 que hicieron que las propiedades se mantengan en dólares, con sueldos en pesos. Las dificultades en una región donde el crédito no abunda y en que los terremotos financieros hacen que cualquiera pueda quedar atrapado y sin salida. ¿Existe alguna esperanza? En la siguiente nota se analizan las distintas perspectivas.

No recuerdo dónde quedaba ese país. Tal vez estaba en la zona de los Balcanes, o en el norte de África o en ninguna parte. Mi amigo Mishak -que era originario de Zajistán, luego se fue a Londres y luego desapareció del planisferio de mi vida- me contó que en su país, zona de terremotos constantes, no existen los equilibristas… o al menos no tal como se los conoce en estas latitudes. En Zajistán, todas las pruebas se hacen con red… no existe aquella instancia en que el equilibrista desafía a la muerte y quita la red, sabiendo que un error equivale a pasar a mejor vida. ¿Por qué? Porque saben puede venir un temblor, un sismo o un terremoto, y sin red no hay posibilidad de sobrevivir. En otros lugares, la realización de la prueba depende sólo de la habilidad del equilibrista. La red no es necesaria.

Mis abuelos llegaron de Rusia (o Polonia, porque en aquel momento los límites eran difusos) en 1920 aproximadamente. No tenían nada de nada, y se podría decir que no lo tuvieron hasta el final de su vida. El era carpintero y ella abuela costurera. Ninguno sabía leer ni escribir, y el castellano de mi abuela era bastante difuso; el de mi abuelo no llegué a conocerlo.

Mi viejo empezó a laburar a los 14 y estudiaba de noche. Con trabajo y esfuerzo llegó a comprar una casa para él, antes de casarse; con más trabajo y esfuerzo compró un local y luego una casa para sus padres.

Era otra ciudad, otro país, otro mundo… Mi viejo quiso ser de clase media, y serlo en aquel entonces implicaba tener la casa propia. Un sueño que con trabajo y esfuerzo se podía hacer realidad; un sueño que sólo es posible con ayuda de los padres.

Todo por dos pesos

El sueldo promedio de un joven clase media argentino es de 1500 pesos, es decir, 500 dólares por mes. Un departamento dos ambientes en un barrio clase media de Buenos Aires cuesta en promedio 40 mil dólares. Para comprarlo -en un país en que el crédito casi no existe- aquel joven necesitaría ahorrar durante casi siete años su sueldo completo; es decir, sin siquiera pagar el transporte que lo lleva a su trabajo.

En otros términos, un joven que decide a los 23 años ponerse a ahorrar para ello, recién a los 30 podría hacer realidad ese sueño de independizarse de los padres, siempre tomando en consideración que no gastara en absolutamente nada: no salidas, no viajes, ningún gusto.

Si quisiera ir a vivir solo antes -manteniendo el deseo de tener algún día la casa propia- no podría alquilar, porque en ese caso todo su sueldo se iría en alquiler (la misma casa costaría 700 pesos por mes). Entonces la opción sería sacar un crédito. Esto tiene dos problemas: el primero es que dados los intereses, en lugar de estar siete años pagando pasaría a estar 12 años. Veámoslo claramente. En el Banco Ciudad de Buenos Aires, el máximo crédito hipotecario que le otorgarían sería de 88.000 pesos (casi 30 mil dólares), que lo pagaría -gastando su sueldo entero- en diez años; claro que antes, para llegar a los 40 mil que requiere comprar el departamento debería ahorrar otros 11.000, lo cual le llevaría según nuestros cálculos dos años más.

En síntesis a través de créditos hipotecarios a tasa fija, podría comprar su casa propia en 12 años. El problema es que a partir de que se mude solo, empezará a gastar: 120 pesos de expensas, 100 de servicios (sin cable ni Internet, obvio) y 300 de comida, haciendo siempre cálculos ajustados.

Conclusión: de los 500 dólares que tenía para cancelar el crédito sólo le quedan 333. Y seguimos suponiendo que no gasta siquiera en viáticos.

¿Sui Generis?

La situación que se vive en la Argentina no es única en el mundo. De hecho tanto los países denominados “en vías de desarrollo” como los desarrollados padecen una problemática similar. El metro cuadrado en Madrid cuesta 5000 euros y en París, 7000. En Nueva York un departamento de dos ambientes en un barrio no céntrico cuesta alrededor de 500.000 dólares. Se pueden ver más precios de Europa en este artículo.

La diferencia es que -como en la metáfora del equilibrista de Zajistán- en los países desarrollados, casi no existen los terremotos. Aún haciendo la prueba sin red, el caerse o no dependerá exclusivamente de la habilidad del equilibrista y no de condiciones externas inmanejables. En la mayoría de los países de América Latina, sacar un crédito a 30 años puede equivaler a un suicidio.

La dificultad de tener tu casa propia no se da sólo en Argentina. Juan Carlos Bermudez es director de la Red Camaleón, una revista digital parecida a Opinión Sur Joven que se hace desde Colombia. Juan Carlos cuenta cómo es la situación en su país. “En la actualidad la crisis del financiamiento hipotecario, las altas tasas para los compradores y la inestabilidad de la valorización, hacen inviable que alguien entre los 20 y 30 años sueñe con esa posibilidad de un modo inmediato; eso sin sumarle las condiciones laborales actuales que complican un poco más la idea de ahorrar para tal fin”.

En un barrio modesto de Bogotá, cuenta Juan Carlos, un departamento mínimo podría costar 20.000 dólares. El sueldo promedio de un joven universitario es de 400 dólares y uno sin formación baja a 280 dólares. “Comprar una casa con la inseguridad financiera es muy complejo. Si para los padres de uno aún es un karma pagar la cuota que llevan pagando casi 15 ó 20 años, imagínese un joven que se ponga en el empeño de comprarla desde los 25, suponiendo que tenga un trabajo estable…”, concluye Juan Carlos.

En Venezuela cuesta 2000 dólares el metro cuadrado, en Asunción (Paraguay) se consiguen por 500, en San Pablo (Brasil) rondan los 1500, en Santiago de Chile, 2000. En el barrio uruguayo de pocitos 1500.

¿Por qué suben los precios?

Ahora bien, algo diferencia a mi país del resto. Más allá de los “terremotos”, que existen en toda la región acostumbrada a tener crisis cada cinco o diez años (según el país), la situación coyuntural argentina tiene sus particularidades. En el año 2002 devaluó la moneda un 300%. Los precios de todos los productos fueron aumentando paulatinamente. Desde el fin de la Convertibilidad hasta acá, la inflación fue del 94% [1]; paralelamente los salarios aumentaron un 91% [2]. Pero en cambio los precios de los inmuebles subieron aún más del 300%. Es decir, no sólo mantuvieron sus precios en dólares (mientras que los salarios quedaron en pesos, con algunos aumentos), sino que además excedieron su valor previo a la devaluación.

¿Pero por qué sucede este fenómeno? Las explicaciones son varias. Por un lado la Argentina está creciendo al 8 ó 9% anual. Esto hace que todos los precios se empujen para arriba (ver nota sobre inflación en número 12 de Opinión Sur Joven). En segundo lugar, muchos extranjeros vieron una posibilidad de inversión: pese a que los precios relativos de los inmuebles son muy caros para un argentino promedio, los precios absolutos en dólares son muy baratos; casi la mitad que otras ciudades de la región. Y en tercer término, los propios residentes con ahorros ven que ésta es una de las pocas inversiones seguras en un país que hace apenas seis años confiscó los depósitos bancarios. (Ver corralito). “La gente con dinero e información percibió correctamente que los activos inmobiliarios estaban subvaluados en dólares”, explica a Opinión Sur Joven Ernesto Cavallo, consultor de la Cámara Argentina de la Construcción. “Con lo cual -agrega- se fue generando un aumento de la demanda y los precios fueron aumentando, alcanzando valores en dólares iguales o superiores a la devaluación. El otro fenómeno es el aumento de los costos de la producción que también llegan al 200%. El aumento de precios se dio tanto por el lado de la demanda como de los costos”.

Al ser ideal para inversores, los precios de los departamentos chicos -de uno o dos ambientes- son los que más subieron. Casualmente ésos son los departamentos que buscan los jóvenes. “Hoy el mercado tiene mayor cantidad de gente buscando departamentos de un ambiente, que de cuatro con dependencia y cochera. Vos publicás uno de un ambiente y van 30 personas; publicás uno de cuatro y vienen dos. En un ambiente se nuclea inversiones, primer hogar… hay un montón de compradores. En cambio para el otro hay una sola necesidad. Si un cuatro ambientes vale 800 dólares el metro cuadrado, ahí va a valer 1200”, explica Juan Carlos Sardi, martillero público y uno de los socios de la inmobiliara Mil Uno, del barrio clase media de Almagro.

-¿Ves posible entonces que un joven adquiera una casa propia?– Preguntó Opinión Sur Joven a Sardi
-Sin colaboración familiar, yo la veo nula o casi nula, en un joven promedio.
¿Y la posibilidad de adquirir un crédito? “La gente en un país desarrollado sabe que toma un crédito a 30 años, lo puede cancelar en 10 y tiene la casi seguridad de que en 10 le van a dar otro. En cambio acá los tomadores de crédito creen -o tienen casi la seguridad- de que es una medida muy política que tal vez el año que viene no esté”, opina Sardi.

Nuevamente: en un país de terremotos hay pocos equilibristas. Luciano Lance, socio de la misma inmobiliaria agrega que si un inquilino quiere comprar “tiene que sacar más de su bolsillo para bajar de calidad de vida. Porque está viviendo en un departamento de 50 mil y se va a vivir a uno de 30 mil”, que es lo que le alcanzaría para comprar pagando la misma cuota que el actual alquiler.

Cuestión de Estado

¿Se pueden hacer políticas públicas al respecto? Lance analiza las complicaciones. “Uno de los costados por los que la inflación se escapa es el precio de los alquileres. Mientras no haya créditos para inquilinos, va a seguir habiendo inquilinos y aumentando los alquileres. Entonces van a tener que combatir la inflación por ese lado. Pero a la vez si saca líneas de créditos van a bajar los alquileres pero van a subir los departamentos, lo que presionaría la inflación por otro costado”.

Por su parte, Cavallo cuenta que en todos los países del mundo son las políticas habitacionales las que resuelven este tema: desde la Cámara de la Construcción hizo distintas propuestas al gobierno argentino, aunque ninguna fue tenida en cuenta.

Desde créditos más blandos para la clase media hasta viviendas subsidiadas para la clase baja, son políticas que aplican la mayoría de los países que buscan solucionar los problemas habitacionales de sus poblaciones. En Buenos Aires, la solicitud de permisos para construir creció un 117,7% en los últimos meses, pero esto no se canaliza en viviendas para los sectores menos pudientes.

Color esperanza

Pero atención, no todo es catástrofe. También existen algunas perspectivas que nos permiten tener algunas esperanzas. La primera es que -si bien se demostró que es casi imposible irse a vivir solo, a una casa propia sin ayuda- la cosa cambia si pensamos en casarnos o ir a vivir en pareja: ahí el sueldo se multiplica por dos, mientras que los gastos son casi iguales.

La segunda es que -al menos en la Argentina- los salarios están subiendo (porque están muy atrasados), mientras que los precios de las viviendas ya no deberían subir tanto (porque están muy adelantados).

La tercera es que si bien los sueldos están subiendo en general, más aún debería subir el tuyo, especialmente si te estás capacitando o tenés un título profesional y vas adquiriendo experiencia, prestigio y mejorando tus posibilidades. Si hacés todo eso, seguramente tus ingresos van a ir subiendo paulatinamente.

Y por último, está la posibilidad de que aparezca una política pública que te ayude al respecto.

Por todo eso, y siempre recordando que el presente parece desolador, vale pensar que en un futuro, tal vez sí podamos pensar en nuestro futuro, sin terremotos (o a pesar de ellos) y sin necesidad de redes, porque el camino será mucho más estable.

[1] Fte: Indec. Acumulada entre 2002 y febrero 2007

[2] Fte: Indec. Acumulada entre 2002 y enero 2007