Aún frente al incremento de la población mundial y los avances en la comunicación, cada vez son más las personas que afirman sentirse solas. ¿La soledad es un síntoma de este siglo? ¿Qué implica estar solos? La disgregación de los lazos sociales a partir del mercado y el consumo.

Ilustración: Lorena Saúl

Hace apenas un año que transcurrió la primera década del siglo XXI. La sociedad del nuevo mileno dista de parecerse a lo que la gente imaginaba que sería. Es verdad que la tecnología “gobierna” gran parte del mundo y nos manejamos con elementos que nunca antes habíamos conocido, aunque aún así no hemos llegado al nivel de los escenarios de películas de ficción en los que los autos vuelan y los trabajos sólo son realizados por robots.

La visión futurista de la sociedad siempre tendió a ser pesimista: guerras de hombres vs. hombres, hombres vs. tecnología y hombres vs. naturaleza. Dentro de esta visión las relaciones humanas son las más afectadas, al nivel de perder en muchos casos el contacto con otras personas.

Es por esto que uno de los puntos que sí se pudo visualizar con anticipación de esta sociedad del nuevo milenio sea la soledad.

Parece contradictorio que, a la vez que las herramientas de comunicación son cada vez más y más accesibles para la mayoría, haya gente que esté sola.

La soledad, un síntoma de época

El Licenciado Néstor Medvuidenur, coordinador del área clínica de psicosis del Centro Dos y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), opinó: “Hoy la soledad es un tema de la época, es un síntoma. Tiene que ver con una sociedad en la que estamos transitando por la globalización y el consumo.”

La cuestión de la soledad no es algo nuevo, pero sí lo es la dimensión que tomó en la actualidad. Así lo afirma Medvuidenur: “Me parece que en estos últimos dos años hemos podido ver técnicamente un gran incremento de jóvenes que se quejan de la soledad, de la imposibilidad de estar con otros. Eso habla de cierta ruptura de los lazos sociales. Los mercados y el consumo inciden en las relaciones humanas disgregando esos vínculos”

El coordinador del Centro Dos y docente de la UBA define entonces a la soledad como “el efecto de la disgregación de los lazos sociales, que se puede revelar en diferentes síntomas, por ejemplo el ataque de pánico. Muchas veces el consumo de sustancias tiene que ver con el refugiarse de la soledad. Pero, al mismo tiempo, son modos de quedar al margen del otro. Estamos en una sociedad en donde hay una tendencia al autismo en el sentido de rechazo del lazo.”

Hoy muchas y diferentes actividades de los jóvenes involucran tanto el estar solos como el estar acompañados de una gran cantidad de personas.

El término masa fue usado infinidades de veces al hablar de la sociedad posmoderna. Hace referencia a una pérdida de las características esenciales de las personas, de la identidad. Esa homogeneidad elimina las diferencias, que son esenciales a la persona, que las definen y las separan del resto.

Marlene Piola, 22 años, participa de Masa Crítica, un grupo donde cientos de ciclistas se reúnen y recorren la ciudad haciendo “oír” a las personas de su posición respecto de cómo debería ser el transporte en la ciudad. “Al hablar de Masa pienso y veo que es una excelente manera de reclamar por los derechos. Nos movemos en masa cuidándonos entre nosotros y además generando en las personas que nos ven pasar una enorme intriga e interés por unirse. Hemos sumado muchos ciclistas que se encontraban paseando solos y al ver pasar a la Masa decidieron juntarse por el sólo hecho de ver como las bicis se apropiaban de las calles de manera colosal”, dice Marlene. En ese sentido, masa refleja “la unión hace la fuerza”.

“En la Masa Crítica podes estar sola pero siempre te ves acompañada. Es una compañía al andar que te hace sentir siempre cómoda. Podes pasarte toda una Masa en completa soledad pero rodando con miles de personas hacia un mismo rumbo (a veces incierto) y, seguramente, con algún fin en común. Sería algo así como una especie de compañía tácita”, agrega.

En una actividad completamente diferente, Juan Fabregas, 24 años, estudiante universitario, incluye dentro de sus actividades la participación y organización de retiros espirituales. Parece ser un ámbito opuesto al de Marlene ya que muchas veces los retiros implican un alejarse, un retirarse y no un “sumarse a”. “Uno se queda solo si sólo se busca a sí mismo. Hay una frase que me parece precisa: ‘Retirándose en el silencio y la soledad, el hombre, por así decir, se expone a ese aparente “vacío” al que aludía antes, para experimentar en cambio la Plenitud, la presencia de Dios, de la Realidad más real que hay. (El monje) abandonando todo, se expone a la soledad y al silencio para no vivir de otra cosa que de lo esencial, y precisamente viviendo de lo esencial encuentra también una profunda comunión con los hermanos, con cada hombre’”.

Así como lo expone Juan, el retirarse posibilitaría el abrirse a una dimensión que potencia la comunicación con los otros. No podría hablarse de un aislamiento o de soledad como disgregación de lazos sino más bien de adquirir la consistencia para poder entablar una relación con el otro.

Estar solos con la soledad

La soledad no tiene que ver con el estar físicamente solos. El licenciado Medvuidenur dice: “La soledad no tendría que ver con el estar solo, uno puede disponer del estar solo y no por eso estar en soledad. La soledad es un afecto que tiene que ver con la imposibilidad de contar uno mismo. Esta imposibilidad es lo que provoca ese sentimiento de soledad que va más allá de la cantidad de gente con la que podes estar, de hecho lo interesante, es que en las grandes ciudades, donde habría grandes cantidades de personas, una ciudad como Buenos Aires, Nueva York o cualquier gran capital del mundo, podemos decir que hay mucho más incremento de sujetos que se quejan de la soledad. Como si fuera una paradoja, a más gente más soledad”.

Algo en lo que Medvuidenur hace hincapié es que la soledad dice algo de cada sujeto, en lo singular. En cada uno puede ser síntoma de diferentes realidades y puede significar algo distinto: “No puedo decir que la soledad es buena o mala porque lo que tengo que poder leer es como para cada quien se constituye ese lugar. La soledad en sí no nos dice nada en tanto no escuchemos a quien la padece y cómo llega a eso. La soledad es respecto de quien la porta.”

Cada vez más nos acostumbramos al “Hola, ¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¿Todo bien?”. Es una forma de relacionarse con el otro que se volvió automática. El acercamiento al otro tiene una connotación impersonal, vacía de humanidad.

Frente al dinamismo y la rapidez en la forma de relacionarse, se fue obviando la calidad y calidez humana que conlleva el trato humano. Herramientas de comunicación como las redes sociales pueden decirnos que poseemos doscientos, quinientos o mil amigos; pero a la hora de hablar, uno puede dar gracias si encuentra a uno o dos.

Es difícil entender que las personas estén y no estén a la vez, que uno esté rodeado y solo a la vez. Pero es cierto que es la sociedad en la que estamos viviendo. Tendremos que aprender de a poco que las herramientas son para ayudarnos, para hacer mejor el diálogo, y no para suplantarlo.

En un análisis de la sociedad actual se nos puede revelar el valor y la influencia de la soledad en las personas. Así por lo menos lo dice Medvuidenur: “La gente hoy padece la soledad. Padece un exceso de objeto, a más objetos más soledad, porque los objetos no llenan, sino que lo llevan al sujeto a un vacío. Entonces la respuesta del sujeto no se va a encontrar por el lado de los objetos, la respuesta la podemos ubicar por el lado de correr el vacío no llenando. Hay un exceso de hacer, pero por otro lado, hay un enorme sentimiento de soledad. El gran problema de lo contemporáneo es la imposibilidad de hacer pares. Estar encerrado con uno mismo no es lo mismo que disponer de sí mismo”.

Ilustración: Lorena Saúl

¿Te gustó esta nota? Suscribite clickeando acá

+Info

Algunos links de interés:

Centro Dos

Masa Crítica

Ciclismo Urbano