La COP de 2013 culminó en Polonia con escasos progresos y el enojo de las ONGs. Se afianza la noción de contribución vinculante y se posterga todo para la reunión de 2015 en la que se deberá encontrarse el reemplazo del Protocolo de Kioto.

Por Daniel Galvalizi

En 1955, la Unión Soviética firmaba en la capital polaca un acuerdo que sistematizaba todos los pactos bilaterales de defensa y cooperación que Moscú había rubricado con los países de su zona de influencia en Europa Oriental.

Casi seis décadas después de aquel histórico Pacto de Varsovia, la ciudad centroeuropea albergaría la megacumbre anual sobre cambio climático auspiciada por la ONU en la que los acuerdos alcanzados serían mucho más difusos y, lamentablemente, menos determinantes.

La COP 19 (como se conoce técnicamente a la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas, que acontece cada fin de año tras meses de negociaciones preliminares) que se llevó a cabo en Varsovia sólo tuvo de diferente con sus predecesoras (Cancún, Durban y Doha) la temperatura. El gélido otoño polaco fue el rasgo diferenciador en una cumbre de 195 países que, una vez más como los años previos, dejó a muchos con ganas de más.

Con gusto a poco

Insatisfechos con los resultados, varias ONGs de todos los rincones del planeta articularon una estrategia de protesta y decidieron retirarse voluntariamente de la COP de Varsovia en señal de disconformidad con los pocos avances alcanzados.

“Yo trataría de dar una visión un poco más optimista. Avanzar sobre una sola palabra o texto específico es muy difícil, lleva mucho trabajo, y algunas cosas se acordaron”, dice en diálogo con Opinión Sur Joven la asesora de la Dirección de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente de Argentina, Romina Piana, una de las integrantes de la comitiva que participó de las negociaciones.

Para Piana, la COP “dejó de ser una comisión ambiental para pasar a ser una convención financiera, todo lo que se ha creado tiene que ver con una cuestión económica, los países en desarrollo pidiendo fondos para poder avanzar en mitigación y adaptación, y los desarrollados viendo cuánto aportan”.

“Los actores principales son claramente EE.UU. y China (que suman el 40% de las emisiones de gases del mundo). Cuando ambos se pongan de acuerdo en un texto, el resto de los países iremos detrás. En Copenhague (COP de 2009) se los veía más reticentes pero ahora se los ve más dispuestos a avanzar”, opina la abogada.

Uno de los escasos logros de la COP de Varsovia fue que se avanzó en lo que será la Plataforma de Durban (la hoja de ruta establecida hace dos años de cara a 2015, año en el que se debe definir un nuevo protocolo que reemplace al de Kioto). “Si bien no se mencionó la palabra ‘compromiso’, sí se menciona ‘contribución’, contemplando la postura de los países en vías de desarrollo, que quieren que sea obligatoria, y la de los desarrollados, ya que desdibuja la dicotomía que tiene que ver con los anexos (que diferencia los compromisos según desarrollo de cada país)”, explica Piana.

Con telón de fondo las 5 mil muertes que dejó el brutal tifón Hayan en Filipinas días antes de la COP, en materia de adaptación se creó el denominado Mecanismo de Varsovia, relativo a pérdidas y daños frente a eventos extremos cuando un país sufre las consecuencias y que es una nueva estructura en el marco de la Convención y que manejará fondos específicos a determinar.

En lo que hace a financiamiento, “no se logró nada más allá de lo conseguido en Cancún, donde se previeron 100.000 millones de dólares para el Green Climate Fund para 2020. Pero al menos se dejó plasmado en la agenda para trabajar de aquí a la próxima COP que algunos fondos tendrá que haber hasta ese año”.

“La gran traba para alcanzar acuerdos más profundos sigue siendo el financiamiento. Ya no pasa por una cuestión ambiental, porque todos están de acuerdo en que el cambio climático existe, ya eso no se discute. Pero el carbón y el petróleo siguen siendo baratos y hasta que no exista una energía que lo reemplace y sea económica, el financiamiento externo será el motor de cualquier actividad de mitigación y adaptación”, concluye Piana.

Último tango en París

La próxima COP será en Lima y todo parece indicar que allí los casi dos centenares de países deberían aprobar al menos un texto borrador –que aún no existe- sobre el protocolo que reemplace a Kioto y del cual tampoco se sabe el formato que tendrá, si será un acuerdo o un protocolo o hasta dónde llegará su carácter vinculante.

Pero este baile eterno que juegan entre sí las coaliciones de países tendrá su último tanto en la capital francesa en 2015. La diplomacia gala una vez más demostró su sapiencia y consiguió ser sede de la que puede llegar a ser la cumbre interestatal más importante desde la Segunda Guerra mundial, debido a que está previsto que allí se defina el futuro por décadas del cambio climático.

El Protocolo de París, como probablemente se llame si se logra acordar, sustituirá al de Kioto casi 25 años después de su firma, pero en una era en la que se cuenta con mucha más información sobre el calentamiento global y que permite que sepamos lo gigantesco del desafío.

El economista especializado en Medio Ambiente e investigador de la Fundación Bariloche, Osvaldo Girardín, es menos optimista sobre los avances de las últimas COP: “La visión de si fue o no fracaso Varsovia depende de las expectativas. Ya en las negociaciones que había durante el año se veía que no iba a pasar mucho. Retrospectivamente, estamos con compromisos cada vez menos estrictos y los países siguen barriendo debajo de la alfombra los problemas”.

“Para conseguir la meta de 2 grados (de aumento máximo de la temperatura del planeta) en 2100, las emisiones tendrían que ser en 2030 similares a las de 1990, y en 2050 tendrían que ser un 40% menor a las del ’90 y 60% de las de 2010. Es un objetivo casi imposible”, señala.

Para Girardín, sin embargo, “el mundo hasta ahora demostró ser mas resiliente de lo que se pensaba ante las macanas que nos mandamos”, en alusión al aumento exponencial de la temperatura y sus consecuencias (todavía) no tan nefastas para la especie humana, ya que si bien el uso de combustibles fósiles (los más contaminantes) se redujo en proporción ante el avance parcial de las energías renovables, en términos totales se duplicó en el medio siglo pasado por el aumento poblacional y el consumo que conlleva.

Con cruzar los dedos no alcanza y es necesario comenzar desde ahora a presionar para que en la COP de París de 2015 se alcance el acuerdo más magnánimo posible y que contemple a esta generación y la que viene. Tener en cuenta esta reflexión de Girardín no está de más de cara a esa meta: “El cambio climático se va a montar sobre todos los problemas que ya existen, como la desigualdad social, y llegado el momento va a dejar a la gente, especialmente a los más vulnerables, en peores condiciones de calidad de vida”.