Mares y océanos representan el 71% de la superficie de la Tierra y 35 millones de personas dependen de la pesca. No sólo la atmósfera es víctima del efecto invernadero. Los mares también absorben dióxido de carbono, que daña sus peces y plantas. Además el fenómeno hace que esté aumentando la temperatura en algunas zonas. Dos especialistas analizan cómo la acción del hombre también está destruyendo los océanos.

Desde chicos lo vimos como algo gigante, inmenso. Conocimos“el horizonte” gracias a esa línea interminable que a lo lejos marcaba su virtual final. Azul profundo, turquesa transparente o verde amarronado son algunas de sus varias caras, aunque siempre es el mismo: el mar, aquel protagonista de tantas vacaciones, historias y cuentos; tan vital como omnipresente.

Los mares y océanos representan el 71% de la superficie de la Tierra (unos 360 millones de km²), y constituyen una fuente de recursos biológicos y naturales, incluso superior a los bosques tropicales. Es un regulador esencial del clima terrestre, un recurso económico, un canal de transporte y una reserva de fuentes energéticas. El 40% de la población mundial vive a menos de 60 km de la costa y 35 millones de personas dependen de la pesca.

Pero hoy el mar está amenazado y no escapa a los problemas derivados del calentamiento global. Su temperatura puede aumentar y eso tendría un efecto dramático sobre el planeta. Los océanos son fundamentales para absorber dióxido de carbono, evitando que éste se concentre en la atmósfera, lo que redundaría en un mayor aumento de la temperatura en la superficie.

Carbono, acidez y desiertos

“El océano se está calentando tanto en la superficie como en las profundidades, de hecho su temperatura es mayor que hace 50 años”, dijo a Opinión Sur Joven el director de Investigaciones del Servicio de Hidrografía Naval argentino, Alberto Piola, quien además es investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Buenos Aires.

Del aumento total de dióxido de carbono -generado por motivos naturales y por la actividad humana- una parte queda en la atmósfera y el resto es absorbido por otras partes del sistema, como el océano. A esto Piola lo denomina “efecto geoquímica”: “Esa absorción modera el clima, porque si todo estuviera en la atmósfera tendríamos el doble de efecto invernadero”, explica. El principal agente por el cual el agua absorbe el dióxido de carbono es el [fitoplancton], que es el nombre técnico de las algas y plantas acuáticas. “El problema es que cuando el océano aumenta la concentración de dióxido de carbono, se incrementa la acidez del agua y eso perjudica a organismos como almejas, mejillones y crustáceos, afectando a los corales”, agrega Piola.

La acidez en el agua perjudica la biodiversidad en zonas tropicales y puede desencadenar la desaparición de algunas especies. Según trabajos de investigación presentados en un coloquio organizado por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO, esta alteración del grado de acidez podría trastocar las redes tróficas marinas(cadenas alimentarias) y alterar la composición biológica, geológica y química de los océanos.

Todo esto, incluso, puede derivar en los denominados desiertos submarinos. No sólo en la superficie continental los desiertos se expanden por la desertificación y deforestación, sino que la crisis es más profunda… tan profunda que alcanza al fondo del océano. Al haber menos oxígeno en las aguas, el filoplanctón termina realizando el proceso inverso a la fotosíntesis y oxida su materia orgánica, pudriéndose en el mar. “Cuando el agua tiene niveles bajos de oxígeno los peces mueren. Es una situación dramática”, cuenta Piola. Esto pasa especialmente en zonas donde se desechan residuos cloacales orgánicos, que funcionan como alimentos de estas plantas y que se pueden volver como una especie de plaga. Sucede, por ejemplo, en la desembocadura del río Mississippi en el Golfo de México”, alerta Piola.

Con el agua hasta el cuello

Marcos Sommer es doctor en Ciencias Naturales y activo militante de Oceanógrafos Sin Fronteras, ONG que promueve la concientización sobre la salud de los mares. “El 80% del calor absorbido por el planeta va a parar a los océanos. Por eso, cualquier variación de temperatura puede tener graves consecuencias porque el funcionamiento de los mares controla de modo directo el clima global”, dijo a Opinión Sur Joven.

Por otro lado, advierte que “el 60% de la responsabilidad del aumento del nivel del mar tiene que ver con el incremento de temperatura”. Es decir que el agua, cuando se calienta, se expande y crece. Claro que son sólo milímetros, que casi no se notan en los jarros en que hervimos el té. Por lo tanto, no sólo contamos con el problema del deshielo de los casquetes polares, sino que el mero calentamiento global empuja hacia adentro las fronteras marítimas.

Sommer -de nacionalidad argentina y actual residente en Kiel, Alemania- señala que en la actualidad el hielo del Ártico es la mitad de grueso que hace 30 años y el área que cubre su capa se ha encogido en un 10%. Si el deshielo continúa, podría no haber más hielo allí para el 2070.

¿Cuál es el problema del deshielo, más allá de que nuestras ciudades terminen sumergidas? “El agua de los glaciares es dulce y una vez que se mezcla con la salada del océano se la pierde. Y para recuperarla se debe utilizar un proceso carísimo”, agrega el militante de Oceanógrafos Sin Fronteras.

A la pesca

La sobrepesca es otro de los problemas que afecta a nuestros mares. “Casi el 80 por ciento de las reservas pesqueras de los océanos están siendo extraídas hasta su limite biológico, las técnicas de arrastre son dañinas y destruyen los hábitat para la reproducción”, dice Sommer, quien asegura que la velocidad y cantidad de pesca es tres veces superior a la velocidad de reproducción de los peces. Hoy la industria pesquera se queda con cerca de 34.000 millones de dólares al año y da empleo a 150 millones de trabajadores en todo el mundo, lo cual hace difícil combatir este problema. En ese sentido, Sommer considera que el mundo debería replantearse la manera en que se está midiendo el crecimiento económico. “Durante mucho tiempo las prioridades de desarrollo se han centrado en lo que la humanidad puede extraer de los ecosistemas, sin pensar demasiado sobre cómo afecta esto la base biológica de nuestras vidas”. Sin embargo, cuando se le consulta sobre cómo las cosas pueden mejorar, él hace foco en la sociedad civil. “Debe ejercer cada día con mayor fuerza y profesionalidad una presión democrática para que todos podamos vivir en un medio ambiente realmente sostenible”. Está visto que, por sí solos, los gobiernos no lo harán.

+Info

Algunos links para que sepas un poco más sobre cómo el cambio climático afecta a los océanos:

Investigaciones del Servicio de Hidrografía Naval argentino

Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO

Oceanógrafos Sin Fronteras

Blog Mares y Océanos