Los océanos están en riesgo pero cuentan a su favor con un creciente interés en la creación de áreas marinas protegidas, cuyo estado actual se aleja de lo establecido por la comunidad internacional. Argentina también está en falta y se apresta a preservar una enorme región al sur de las Islas Malvinas.


Objeto de literatura, idealización y mitología en todas las civilizaciones, el mar es un elemento ineludible de la humanidad, sea en nuestra vida concreta y cotidiana como de manera indirecta.

No es sólo por ese motivo abstracto que es importante mantenerlo a salvo, sino por uno bastante más tangible: los océanos y mares representan el 71% de la superficie de la Tierra (más de 360 millones de km²), es un regulador esencial del clima, el 40% de la población mundial vive a menos de 60 kilómetros de su costa y es una fuente de recursos que impactan de lleno en la economía.

El cambio climático también afecta a este eslabón de la naturaleza. Además de incrementar la acidez del agua marina (que afecta el equilibrio biológico), el calentamiento global incrementó la temperatura en los mares que rodean la Antártida hasta los 3.000 metros de profundidad. El derretimiento del hielo en áreas como la Península Antártica ya tiene efectos sobre la salinidad y las corrientes marinas, peligrando la cadena alimentaria desde el krill hasta los cetáceos.

Por ello es buena noticia que crezca el interés en sectores políticos y ambientales en promocionar las áreas de protección marinas, además de las terrestres. Se trata de zonas costeras o marinas en las cuales sus aguas, vegetales, animales, historia y cultura asociados se encuentren resguardados por una ley, siendo consideradas herramientas de conservación y manejo de ecosistemas.

Lejos de prohibir todo tipo de actividad, esas áreas son zonificadas para favorecer la conservación de la biodiversidad y del patrimonio cultural marino, preservando las especies y ambientes amenazados y hasta recuperar porciones ya degradadas en sus stocks pesqueros sobreexplotados. También apuntan a desarrollar marcas de turismo y de pesca responsable y estimular el conocimiento científico.

La superficie actual del mar y costa de todo el mundo con algún grado de protección representa apenas el 2% del total, estando muy lejos del piso comprometido en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, que indica que para el año 2020 cada país deberá proteger como mínimo un 10% de sus mares.

Argentina –signataria de dicho Convenio desde 1992- está lejos de cumplir el tratado ya que solo el 1% de la superficie del Mar Argentino está incluido en unidades de conservación marinas. Parte de esa falencia la viene a cubrir la, con suerte, próxima reserva del Banco Burdwood Namuncurá.

Una meseta submarina clave

El banco Burdwood, también conocido localmente como Namuncurá, es una meseta submarina ubicada en su parte más occidental a 150 kilómetros al este de la Isla de los Estados en el Atlántico Sur, se extiende 370 km. En dirección este-oeste y su ancho norte-sur varía entre 50 y 100 km. Su profundidad se sitúa entre los 50 y 200 metros y se supone que formaba una isla en el primer período glacial.

El banco forma parte de la Zona Económica Exclusiva argentina pero su tercio oriental y norte han sido incluidas unilateralmente por Gran Bretaña en la Zona de Conservación Externa de las Malvinas, extendiendo su jurisdicción hasta las 200 millas náuticas, algo que no ha sido aceptado por Argentina.

Actualmente, las áreas protegidas existentes son costeras: los parques Marino Costero Patagonia Austral, en la provincia de Chubot, el parque de Monte León y las recientemente creadas Isla Pingüino y Makenke (provincia de Santa Cruz).

Pero a fines de 2012, la Cámara de Diputados le dio media sanción al proyecto de ley impulsado por el diputado Luis Basterra que crea el Area Marina Protegida Banco Namuncurá, una zona de 34.000 kilómetros cuadrados de alta biodiversidad y vulnerabilidad a los cambios ambientales. Tras su creación, la protección del Mar Argentino se elevaría a más del 4%, acercándose al umbral exigido por la ley.

“El proyecto de ley está siendo tratado por comisiones en el Senado. Tuvo su media sanción el 21 de noviembre del año pasado, pero luego entre lo del Papa y otras leyes como la reforma judicial fue demorado. Hay consenso entre los partidos y sabemos del aval del Poder Ejecutivo, por lo que creemos que será aprobado pronto”, dice con entusiasmo la bióloga Andrea Michelson en diálogo con Opinión Sur Joven.

Michelson es la coordinadora del Programa Areas Protegidas de la Fundación Vida Silvestre, ONG que particularmente promueve la concreción de esta ley y la concientización entre sectores sociales y políticos del tema de la preservación marina.

“Se trata de un proyecto que crea el área protegida más allá de las 12 millas y con esto Argentina se acerca a los parámetros internacionales. Como son difíciles de cumplir, y pocos países lo hicieron, la meta del 10% de protección que era para el 2012 fue pospuesta al 2020. Recién últimamente hay énfasis en la conservación marina, siempre se le dio más atención a la protección de áreas terrestres. Además, en el mar la infraestructura, el acceso, los controles y el monitoreo son más dificultosos”, explica.

Michelson aclara que en el área en cuestión ya regía una veda pesquera previa pero ahora el objetivo sería la conservación de los recursos bentónicos, que son los organismos del fondo marino. “Habrá actividades de investigación, monitoreo y un control efectivo, dividiendo el área en tres partes: la núcleo, más restrictiva, la de amortiguamiento y la de restricción”, agrega.

Según Michelson, el banco Namuncurá “tiene un gran potencial para la investigación y no se sabe el potencial de recursos genéticos que puede contener, por lo que es importante conservar muestras representativas. Además, en la meseta se forma un ecosistema único”.

En el área en cuestión se conoce, hasta ahora, que hay esponjas, crustáceos, tiburones, merluzas, pingüinos, variedades de albatros y petreles, delfines australes, elefantes y lobos marinos y otras especies. Según el Foro para la Conservación del Mar Patagónico, la meseta submarina es circunvalada por una corriente marina fría que viene de las Malvinas y, al encontrarse con ese escollo, remueve el fondo, que es muy rico en nutrientes, generando un área ideal para la reproducción, además de recibir luz solar (por ser poco profundo), favoreciendo el desarrollo del fitoplancton que está en la base de la cadena alimenticia.

El factor Malvinas

Namuncurá será importante para la Argentina en particular y el medio ambiente en general pero dista de tener los tamaños y la estructura de las grandes reservas marinas mundiales.

La mayor del mundo es el área protegida de casi 345.000 km2 de la Gran Barrera de Coral, el mayor arrecife del planeta, al noreste de Australia. Le sigue el parque nacional marino Papahuanaumokuakea, en Hawaii, con más de 300.000 km2, y luego el de las Islas Galápagos (Ecuador), otra gran reserva con 133.000 km2.

Sin embargo, el Area Protegida Namuncurá tendrá la peculiaridad de influir en una causa muy cara a los sentimientos argentinos y a la seguridad nacional: Malvinas. Así lo destaca en diálogo con Opinión Sur Joven el senador Daniel Filmus, miembro de la comisión de Ambiente de la Cámara alta y uno de los impulsores de que el proyecto obtenga la media sanción faltante.

“Este proyecto es fundamental porque es una forma de proteger nuestra diversidad biológica y esencialmente porque es un área amenazada a partir de la influencia del Reino Unido en las zonas aledañas”, señala.

En ese sentido, advierte que buques con bandera inglesa “están operando en zonas muy cercanas, por lo que es mejor que esa área esté bajo protección”.

Filmus explica que el proyecto tiene actualmente dictamen favorable de la comisión de Ambiente y aún resta ser tratado por las comisiones de Agricultura y Pesca y de Presupuesto, por lo que estima que será finalmente sancionado en julio. “Las diferentes fuerzas políticas estuvieron de acuerdo y hay interés en ampliar más las áreas de reserva”, añade.

Después de decepciones ocurridas con el tema de los glaciares o la ley de Bosques, la dirigencia política se encamina, en silencio y con escasísima repercusión mediática, a aprobar una normativa que será beneficiosa para las futuras generaciones. Dependerá de sus electores premiar este rumbo y obligar a profundizarlo.

Daniel Galvalizi