Nota del Editor: Roberto Mizrahi, uno de los inspiradores del proyecto Opinión Sur Joven nos hizo llegar esta columna de opinión, que habla específicamente de los jóvenes y de la responsabilidad de los mayores (padres, docentes, referentes sociales) frente a la complicada coyuntura que vivimos. Nos pareció interesante publicarla por dos cuestiones: por un lado, porque habla de nosotros; por el otro, porque sabemos que muchos de los lectores están empezando a transitar ellos mismos el paso a ser padres, docentes, referentes. Te invitamos a leer esta columna y, si tenés ganas, dejarnos tu mensaje al finalizar. Roberto tira la primera piedra para abrir un debate que, entre todos, debemos intentar saldar.

Cada generación emerge en el mundo que le toca en suerte. Llegan con polenta, frescura, talento, coraje aún no chamuscado, encarando riesgos que no pueden medir. Los padres cargamos en sus mochilas lo que entendemos servirá en sus viajes, aunque nos cuesta imaginar las travesías de los nuevos tiempos.

Nacieron con la tecnología que produjimos y hoy nos enseñan a operarla. Les dijimos del sentido de los días, de aquel elusivo sentido que cambia y se ajusta con el tiempo, de las búsquedas incesantes, de la firmeza de una relatividad orientadora. Escucharon pero no había madurez para entender; tampoco suficiente madurez nuestra para explicar. Y allí salieron. Al doblar la esquina se toparon con la sorpresiva libertad del barrio no protegido.

Arrancaron con el empujón del que acaba de descascarar su envoltorio familiar; como siempre sucedió (¿lo recordamos?). Salieron disparados con sus propias angustias y temores, con sus lastimaduras y abandonos, con su celular y sus mensajes de texto, conectados por su ombligo a Internet, apurados, impacientes con nuestra impaciencia. Ágilmente, saltaron alambrados que otrora costaba esfuerzo dejar atrás. Sin transición se encontraron en campo abierto. Respirando trasnochadas fuera de control, húmedos de adrenalina, vulnerables a los riesgos. Los titiriteros los cazaron sin problema; siempre fueron los tiernos pasto fácil para los depredadores de la pradera. Seguir leyendo