Para muchos se trata de una timba, un antro de la perdición; otros dicen que es una manera legítima de hacer negocios. ¿Qué es la bolsa? ¿Cómo funciona? ¿Cómo se compra y cómo se vende? Un paseo por un mundo extraño y fascinante.

Fui un estúpido. Sí, a mí también me agarró el corralito. Corralito, dícese de un “Sitio cerrado y descubierto, en las casas o en el campo, que sirve habitualmente para guardar animales”. ¿Seré yo el animal?

Antes un dólar valía un peso o un peso valía un dólar. Ahí era fácil juntarla. Hoy para guardar uno necesito tres, y las responsabilidades de la vida hacen casi imposible ahorrar. Pero me debo consolar con algo. En 2012 voy a cobrar en dólares el 100% de los 2200 dólares que junté desde los 13 a los 19 años y quedaron atrapados en el corral.

Ahora logré ahorrar algo más, pero no sé para qué. ¿Qué puedo hacer con la guita que tengo encima? Cada minuto que pasa, se consume. “El mejor negocio es comprar aceite, porque aumentó un 100% en el último año”, dice mi amigo Hernán, economista aficionado. “Comprás, lo vendés y duplicás tu guita”. Claro. El tema es a quién vendérselo.

¿Ponerla en el banco? El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

“¿Y por qué no invertís en la bolsa?”, me pregunta sin que le pregunte un tipo que por ahí pasaba y que pareció leerme la mente. La Bolsa… Así empezó mi búsqueda.

Quería ver ejecutivos nerviosos…quería verlos corriendo, hablando por celular, gritando “compra, vendé”… quería reírme de ellos.

Quería ver tipos apurados, y me encontré con viejos jugando al ajedrez. La Bolsa de Comercio de Buenos Aires es como un club de bochas.

Me acerco a Sarmiento y San Martín. Había leído por ahí que las visitas guiadas eran a las 2 y a las 4. Llego 4.15 un poco desesperado de perderme el tour. “Si todavía no salieron podés pasar”, me dice el guardia de seguridad y me señala la oficina respectiva. Obviamente, no había nadie que quisiera hacer una visita un jueves a las 16, por lo que hubo que llamar a una empleada especialmente para que me atienda. Tamara me empieza a guiar.

Siempre vi a la Bolsa como un lugar extraño. Gente apurada haciendo negocios mafiosos y jugando con el dinero ajeno. Y tal vez no me equivoqué tanto. La Bolsa pública o mercado de valores es una institución privada que permite a las empresas capitalizarse en forma pública. Es decir, una empresa necesita algo de guita para invertir en una máquina y aumentar su producción. Una Pyme pedirá dinero en un banco; una un poco más grande puede ir a la Bolsa y ofrecer acciones de modo de que cualquiera pueda poner el dinero. A cambio, la empresa dará acciones. Es decir, que si compro una acción, yo paso a ser un poco dueño de esa firma e incluso tengo derecho al voto sobre sus decisiones… claro que mi acción no tiene mucho peso sobre las miles que tiene la compañía.

El dinero de todos los que operan permite capitalizar a la empresa que podrá hacer más y mejores inversiones. Entonces, si la empresa es buena y gana, el inversor -en este caso yo- también voy a ganar dinero.

Para ingresar al edificio de la Bolsa de Comercio hay que ser socio, como en el club de bochas. Pero la cuota de ingreso es de 580 pesotes y hay que pagar 72 por trimestre para seguir perteneciendo.

Tamara me lleva al hall central, de estilo europeo clásico (Academicismo Francés) y me muestra unos pizarrones que estaban colgados casi del techo. “Ahí se anotaban antiguamente las cotizaciones”, me dice. Pasamos una puerta y recalamos en otro edificio, con un estilo más setentista, similar al del Teatro San Martín. Le comento ese parecido a Tamara, que me dice que no tiene ni idea… más tarde buscaría en Internet y era del mismo arquitecto.

Bajamos una escalera mecánica y pasamos por un bar interno. “Hasta hace un tiempo muchos venían hacer el seguimiento de las acciones. Ahora hay gente que se junta acá a jugar al ajedrez”, me cuenta. Quería ver tipos corriendo, gente apurada, pero encontré un club de barrio, gente charlando de cualquier cosa menos de La Bolsa… Recordé una frase de una película en que el hijo le pregunta a su padre muerto: “Me gustaría que me dijeras cómo hace uno para saber cuál es su lugar. Yo por ahora no lo tengo. Supongo que me voy a dar cuenta cuando esté en un lugar y no me pueda ir”. Evidentemente estos tipos encontraron su lugar en el mundo.

Ya entendí un poco cómo funciona esto. Pero ahora me interesa empezar a invertir. Me acerco a la casa de Marcelo Urman, que es analista bursátil.

-Estoy ahorrando 100 pesos por mes y estoy con ganas de invertir en la bolsa, ¿Puedo hacerlo?
-100 pesos por mes es un ahorro muy chico. Pero con 2500 pesos podés empezar con tus inversiones. De lo contrario los gastos de los agentes de bolsa te van a comer parte de tu ganancia. Los agentes tienen fijos. Yo colocaría dinero en el banco hasta armar una pequeña masa de dinero.

-Bueno, digamos que tengo 2500. ¿Qué hago, entonces?
-Podés ser un inversor conservador que quiere tener una renta fija anual o podés ser más agresivo, comprando acciones. Siempre lo importante es elaborar una ingeniería financiera.

-¿Qué es ser agresivo?
-El que busca una renta superior a la renta fija normal, que es un 5% anual hoy en Estados Unidos. Un poco más especulativa está en el 7% anual. Pero un inversor bursátil agresivo está en un 30%.

-¿Los agentes te recomiendan dónde invertir?
-No, no te recomiendan. Puede opinar y dar su visión. Pero hay un refrán que dice “donde un tonto tira una piedra, cien vivos no la encuentran”. Entonces a lo mejor vos con tu intuición, tenés más inteligencia y sapiencia que alguien que está todo el día en el mercado. Lo que más se usa para los que recién empiezan es comprar los papeles clásicos como Pérez Companc, Banco Galicia, Tenaris, Siderar.

Entramos a la sala de operaciones. Es como un teatro. Pero no hay escenario sino una pantalla gigante con cotizaciones. Hay butacas y pullman. Cada butaca tiene un teléfono (algunos rotos). Tamara me cuenta que hasta hace unos años los operadores mandaban a sus empleados a mirar todo el día la pizarra, para que les informaran sobre las cotizaciones. Así ellos podían decidir qué hacer. Ahora en esa sala en que entraban cientos de personas había cinco tipos, además de los Mandatarios, que son los que se encargan de cerrar las operaciones en el lugar. (También ahora lo puede hacer el agente de bolsa desde su oficina). Nos acercamos a los mandatarios. Quería ver ejecutivos de traje y corbata corriendo. Pero no. Parece que usan overoles para que la gente del público (¿?) los reconozca.

Ellos están en el centro del recinto, con unas computadoras. Las pantallas gigantes muestran las cotizaciones. Hoy cotizan 28 empresas. Para integrar el Merval hay que poner ni más ni menos que… un millón de dólares.

Arriba en el pullman había más gente. Claro, pocos tienen permiso para ingresar abajo. ¿Pero para qué están?, le pregunto a Tamara. “No sé, vienen”, me contesta, mientras me despacha por la puerta giratoria.

Me voy de la Bolsa de Comercio un poco decepcionado. No tiene la magia que esperaba. Un rato más tarde me contarían que esto es así porque está todo informatizado. En cambio en Estados Unidos, sigue siendo un kilombo. Como el volumen de plata y papeles que manejan es tan grande no pudieron informatizarlo todo… en algo teníamos que estar más adelantados.

¿Cuánto necesito para empezar? Por supuesto, va a depender de con quién hables, pero la mayoría de los consultados dicen que 2500 pesos es un buen monto para arrancar. Hay que tener en cuenta que por cualquier operación te cobran un 0,5% de comisión (aproximadamente) pero ponen un piso de 20 pesos. Es decir que si comprás acciones por 1000, y las vendés al mismo precio, vas a haber perdido el 4% de tu capital. Esa inversión sólo te fue rentable si ganaste más del 4%, lo cual no siempre sucede. A medida que va creciendo el importe que invertís, la comisión va bajando, proporcionalmente.

Invertir en acciones puede tener dos tipos de ganancias. La primera son los dividendos que pague la empresa, que divide entre sus accionistas parte de sus ganancias. La segunda es el crecimiento de la cotización de las acciones.

-¿Por qué suben y bajan?- le pregunto a Gabriel Ruiz Alegría, director de la Empresa Invertir On Line
-El Mercado de Valores es el único lugar donde existe la competencia casi pura. A la mañana me levanto con ganas de vender una acción, cargo el valor al cual lo quiero vender y veo si del otro lado hay alguien que me la compre a ese precio; y sino, voy a tener que ir bajando hasta que alguien lo acepte. Cuando hay mucha demanda, los precios suben. Cuando la gente quiere vender, y deshacerse a cualquier precio, baja.

Invertir On Linees una empresa que se dedica a hacer Trading on line. Es decir que a través de su página web cualquiera puede comprar y vender acciones. Además de hacer negocios, tienen algunas propuestas educativas o lúdicas. El sitio web tiene un simulador de inversiones en que te regalan 100.000 pesos virtuales, para que pruebes comprar y vender. Una buena manera de aproximarse a este mundo sin riesgo de perder tus pocos ahorros.

Las acciones suben o bajan, según si la gente quiere comprar o vender. Pero esto no es por mero capricho (al menos la mayoría de las veces) sino que es un reflejo del estado de la empresa en cuestión. Ariel Rodríguez Flaquer, en su libro “Hágase Rico, la bolsa para todos”, explica qué es lo que genera un “entorno alcista” o “bajista”. Subas en los índices bursátiles, comentarios a favor en medios de comunicación, factores macroeconómicos (cambios en tasas de interés, inflación, cambios en la política gubernamental…) y el análisis de la acción en sí que incluye el estudio de los balances de la empresa, los activos, pasivos, liquidez, precios de ventas… en síntesis, las expectativas de alza o baja, tienen que ver -en la mayoría de los casos- con la situación real de la empresa y el marco en el que trabaja. Si bien en el corto plazo los ruidos o rumores pueden incidir en que las acciones suban o bajen, en última instancia será el crecimiento o no de la empresa lo que te haga ganar y perder, al menos si invertís a largo plazo.

¿Ruleta? No va más

-Muchos dicen que la Bolsa es como ir a jugar a la ruleta. ¿Esto es así?- le pregunto a Marcelo Urman.
-No. Es un gran error porque detrás de la Bolsa hay grandes estudios para ver cómo va a estar un papel. La ruleta es azar. En Estados Unidos el 62% invierte en bolsa, con buenos resultados. En Argentina recién el 1,6% lo hace.

-Pero hace poco hubo una crisis que nadie previó…
-Sí, estaba previsto… porque dicen que los árboles no pueden llegar al cielo. En algún momento tiene que haber correcciones. Pero más allá de estas crisis puntuales hay estudios de que si uno ha tomado un papel en 10 años superó a todo. Cualquier papel, al azar que se compraba en 2002, no dejó de subir 800%. El dólar subió un 200%. En el largo plazo no hay mejor inversión que la bolsa.

Pero hay un punto que me sigue preocupando. Todavía está fresco el momento en que perdí mis pocos ahorros en el corralito… en la Argentina no hay ningún lugar en que la plata esté segura. No me preocupa perder un 10%, pero no lo quiero perder todo. ¿La bolsa me garantiza eso? Gabriel Ruiz Alegría aclara los tantos: “Una acción de una compañía vale cero cuando quiebra, lo cual no es usual. Siempre el mercado de capitales sirvió para alejarse de los cimbronazos. Hubo algunas empresas que estaban muy mal en 2001 y se recuperaron. Acindar en 2001 estaba en convocatoria de acreedores, pagaba costos en dólares y facturaba en pesos, no exportaba… el que se arriesgó, ganó. Con la devaluación, hoy exporta, produce en pesos y cobra en dólares… entre 2001 y 2004 la acción subió un 4000%”.

-… claro, pero también podía perder todo. ¿Cuánto de ciencia y cuánto de arte hay en todo esto?
-Hay muchos de ciencia, porque hay estudios técnicos. Pero hay un punto clave que es la decisión: vos tenés la información y hay distintas opciones y hay que evaluar cuál me parece que va a suceder.

Me retiro del mundo de la Bolsa con más dudas que certezas. ¿Se trata realmente de un lugar donde las empresas pueden capitalizarse, crecer, dar empleo, aumentar tus ganancias y crear un mundo maravilloso? ¿O es simplemente una timba en que los poderosos hacen y deshacen a su gusto y con tu plata?

Vale una cita del libro de Flaquer: “Los mercados son centros de intercambio de riesgo entre participantes anónimos, cada uno de los cuales es responsable por sus propias decisiones. Si negociamos en el mercado pensando en quién puede estar del otro lado, nunca operaremos de manera racional”. ¿Capitalismo salvaje? ¿Individualismo extremo?… puede ser.

Tal vez se trate de que los sistemas no son buenos o malos en sí, sino que dependen del uso que los hombres le den. Intentarlo o no es una decisión que corre por tu cuenta.

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+Info

Sitio oficial del Mercado de Valores de argentina (Merval)

Invertir On Line Un sitio con información financiera de primer nivel. Además dan cursos y cuentan con un simulador de inversiones. Te dan 100.000 pesos virtuales para que pruebes cómo te iría si invirtieras.

Bolsar : Portal con la última información de la jornada.

Bolsa de Comercio de Rosario. Interesante sitio.

Un libro: Hágase Rico, La bolsa para todos. De Ariel Rodríguez Flequer. Un libro un poco carnicero, con datos técnicos medio inentendibles, pero que aporta a la comprensión (y a la incomprensión).