La preocupación por la energía está en boca de todos: en algunos países porque falta; en otros, porque quieren cuidar el medio ambiente. ¿Pero cómo se ahorra energía? ¿Sirve reemplazar las lamparitas comunes por las de bajo consumo? Si me voy de un cuarto a otro, ¿conviene dejar la lamparita prendida o apagarla?

No es un problema nuevo, y hoy está más al día que nunca. No sólo por la suba de los precios de los combustibles. También por el crecimiento de la demanda y la falta de recursos. Y en los últimos años se agregó otro interrogante: ¿cómo congeniar el cuidado del medio ambiente con la necesidad de generar energía? En Argentina, el Gobierno lanzó un programa para tratar de lograr ese equilibrio. Pero, ¿funcionará? ¿Cómo podemos ayudar desde nuestras propias casas?

En Argentina hay escasez de energía, dato que es corroborado por la mayoría de los especialistas. No es un drama nuevo: ya se había vivido una crisis similar a fines de los ‘80. “En esa época el problema era la falta de oferta de electricidad y de mantenimiento que tuvo la entonces empresa proveedora del servicio (SEGBA)”, dijo a Opinión Sur Joven el vocero de Edenor, Alberto Lippi. Esa compañía administra parte de la provisión eléctrica en el país desde hace casi 15 años.

La solución con la que se buscó zanjar el problema a principios de los ’90 fue la privatización del servicio energético. Evidentemente, algunas cosas mejoraron pero otras simplemente se postergaron.

Hoy, Argentina vuelve a estar en un cuello de botella, y para resolver la cuestión, el Gobierno ejecutó un plan que incluye el cambio del huso horario en verano; el canje a usuarios de una determinada cantidad de lámparas incandescentes (las lamparitas comunes de filamento) por otras de bajo consumo; y hacer más eficiente el consumo energético en los 490 edificios públicos bajo la órbita del Gobierno nacional.

¿Y por casa cómo andamos?

Como muchos de los problemas en la vida, el de la escasez energética está más cerca de resolverse si se empieza por casa. La tuya, la mía, la de todos, en nuestro “mundo chico”.

“El plan daría resultado con un programa permanente que incluya el recambio total del sistema de alumbrado domiciliario, con difusión, mantenimiento y reposición, y una red nacional de seguimiento de control de gestión que sea Nación-usuario sin intermediarios”, explicó el arquitecto Jorge Czajkowski a Opinión Sur Joven.

Czajkowski es profesor de la Universidad Nacional de La Plata y especialista en medio ambiente y energía, y tiene varios libros publicados en la materia. Al analizar el tema, prefiere ser cuidadoso con los alcances de un plan de ese tipo: “¿Recambiar una lámpara de 75W por una de 11W de bajo consumo podría incidir en la demanda? Creo que sí, pero hay que tener cuidado en indicar en qué condiciones tiene sentido el recambio. Hay que analizar cada vivienda para ver qué lámpara es la que está más tiempo encendida y que menos veces se apaga y enciende por día”.

Por ejemplo, del total de la energía primaria consumida en una vivienda (según estudios de la UNLP), cerca del 10% es para iluminación artificial. “O sea que para un domicilio de dos dormitorios, con una dotación de 8 a 10 lámparas incandescentes con una potencia de 555 a 690 W, el recambio de una sola lámpara de 75W por una de 11W implicaría una reducción de la potencia del 1,1%, lo cual es insignificante respecto al enorme crecimiento en potencia provocado por los aires acondicionados”, grafica Czajkowski con números que, a pesar de marear un poco, muestran que con pocas lamparitas nuevas el problema dista de resolverse.

Por eso, el entrevistado propone hacer lo que él hizo en su casa. “Eliminé todas las incandescentes y las cambié por bajo consumo”, cuenta y dice que sería bueno extrapolar esto al total de viviendas del país, con un reemplazo total por lámparas de 9W, 11W o 15W. “Tendríamos una potencia instalada por vivienda que en promedio nacional bajaría de 555W a 88W, con reducciones en potencia para alumbrado de 84%”.

Según ese esquema, el país podría ahorrar unos 4800 Mwh por día, o 144.000 Mwh por mes o 1.728.000 Mwh al año. “Así, los números sí son importantes y quizás no habría que importar energía de Brasil y habría más gas”, agregó.

En cuanto al uso cotidiano de energía eléctrica, todos conocemos la recomendación más básica con las que podemos hacer nuestro aporte: usar lo menos posible y sólo cuando hace falta. Pero, además del recambio de lámparas, también existe una eterna duda, típica de departamento chico de grandes ciudades donde los ambientes están cerca y no hace falta gran iluminación: si me voy del cuarto por un ratito, ¿hará falta apagar la luz o mejor la dejo prendida?

Czajkowski derrumba la leyenda y aclara: “Si son lámparas incandescentes, el apagado y encendido reiterado no afecta tanto. Sí en el caso de las lámparas de bajo consumo. Si tenés una en el baño, que tiene una frecuencia de uso más baja, es mejor apagarla. Pero en otros ambientes, hay que reducir en lo posible la tasa de apagado/encendido para que tengan la vida útil que propone el fabricante”.

El debate, en la calle

Marcos, un usuario como cualquier otro, asegura que con las nuevas lamparitas no ve tan bien como con las otras. “Me molesta para trabajar. Yo lo lamento mucho pero seguiré usando las que usé toda la vida. Se hubieran acordado antes de que les falta energía”, despotrica contra el Gobierno, y después se pregunta: “¿Desde cuándo les importa el medio ambiente?”.

Sin embargo, en una ferretería del barrio de Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires, uno de sus vendedores opina que es importante la venta de las lámparas de bajo consumo y dice que él realmente está a favor del “trueque” porque “por lo menos es dar un pasito hacia un planeta más sano”.

Pero no hace falta caminar muchas cuadras para ver que el tema se pierde en la indiferencia, o peor, despierta rechazo. María Pía, una vecina del barrio de Chacarita que está todavía remodelando su casa de ambientes amplios, asegura: “Ni soñando voy a usar esas lámparas (por las de bajo consumo). La luz que dan es horrible, voy a seguir con las incandescentes”.

En Argentina hay un plan gubernamental en camino para prohibir en 2010 las incandescentes. El proyecto genera dudas en la organización Greenpeace. Rosario Espina -coordinadora de la Campaña contra el Cambio Climático en Argentina de esa ONG-, dice a Opinión Sur Joven que ese plan “es voluntarista, porque no define medidas concretas mediante un cronograma que permita cuantificar la efectividad del mismo”.

“El hecho de tener un plan nos parece una buena actitud, pero sólo es un punto de partida. El Gobierno no tuvo alternativa y habló de eficiencia, pero tiene que ajustarlo para que sea concreto y efectivo”, afirma.

También Espina cuestionó algunos de los “planes B” que optó la administración de la presidenta Fernández de Kirchner: “El plan de inversiones que tiene en materia energética está basado en las peores opciones ambientales, como carbón, nuclear o grandes hidroeléctricas; hay que apostar al uso de las fuentes de energías limpias y renovables”. [1]

En ese sentido, Czajkowski recuerda que en la Argentina, la matriz energética de los últimos años mantiene como fuentes principales al gas natural y a combustibles fósiles (los más perjudiciales para el medio ambiente); en cambio, el aporte hidroeléctrico se vio disminuido por sequías. El resto de las fuentes son básicamente nucleares, que tampoco son iconos ecoamigables.

Esto no es un dato menor. La puja entre las energías rentables y las ecoamigables parece ser una de las batallas del siglo XXI. Una batalla que empieza por casa, porque el cambio de hábito para hacer un uso más eficiente de nuestros recursos energéticos también depende de cada uno de nosotros. De cómo vivimos y de cómo queremos vivir.

+Info

Algunos consejos para ahorrar energía: Energy Efficiency and Renewable Energy

Campañas para detener la crisis energética: Greenpeace

Cambio Climático: Recorriendo información básica y los resultados de un ejercicio local de diálogo multisectorial y consenso, una publicación referida al cambio climático de la Fundacion Ambiente y Recursos Naturales (FARN)

[1] En el número anterior de Opinión Sur Joven y en el de abril de 2007podés entender más sobre las alternativas energéticas ambientalmente amigables y su desarrollo en el mundo