Mucho se habló de las repercusiones que tuvo en el mundo el terremoto y tsunami de Japón. Pero poco se dijo acerca de cómo se vivió la catástrofe en el país vecino de China. Desde Pekin, a casi más de 2000 km de Tokio, una colaboradora de Opinión Sur Joven cuenta de la búsqueda de yodo, de los rumores y de la desesperación que pasó la población china.

Al principio toda la atención giró en torno al terremoto. Luego, casi enseguida, los televisores chinos centraron sus imágenes en la explosión de Fukushima, una de las centrales de energía nuclear japonesa: parecía un Dragón de fuego -aquel dios del agua que por su vigor llegó a alcanzar el lugar de símbolo imperial en el antiguo Japón y en la antigua China-, ahora coleteando en el aire, tratando de acceder, entre humo y oscuridad, a un cielo ya en ese mismo momento contaminado. Inmediatamente, las imágenes volvieron a mostrar la tierra convulsa y las consecuencias del tsunami: casas destrozadas, trenes descarrilados, escombros y gente desesperada. Así ingresó la tragedia del 11 de marzo en la cotidianidad china.

Las primeras imágenes

Una imagen vale más que mil palabras, tanto en Oriente como en Ocidente. Cuando en los televisores de los subtes, en los de los micros o en los de los bancos de Pekín se mostraron las primeras imágenes de Japón luego del terremoto, el silencio que se produjo –recordemos que los chinos suelen ser bulliciosos y gritones- fue el que dictaminó la perfecta aplicabilidad del refrán en el momento en el que se descubría lo que había sucedido en el país vecino.

Sin embargo, si bien me parece adecuado decir que los chinos se dejaron acallar por las imágenes de una central nuclear en llamas sacudidos por el sentido de solidaridad, no fue sólo eso lo que acunó el silencio en las calles. Tampoco tuvo que ver -al menos en un primer momento en el que nada se sabía acerca de la magnitud de lo ocurrido en Fukushima- el hecho de que Pekín esté a poco más de 2000 km de Tokio. Lo que pasó se asemejó más bien a una suerte de golpe cinematográfico. Muchos chinos pensaban en salir de su rutina en un par de horas, dirigirse a casa y disfrutar del fin de semana. Pero de repente, en el transcurso de esa cotidianeidad, aparecieron imágenes casi hollywoodenses de explosiones y catástrofe. Y nada de eso venía de la industria del cine.

Muchos chinos, pasados los primeros minutos de silencio, pusieron sus manos sobre sus cabezas y miraron a sus coterráneos dispuestos a comentar el desastre. Pero luego de esos espamos cinematográficos -aunque bien reales- a los que tuvieron acceso al mirar a las pantallas públicas, la vida siguió como siempre, perdida en los hábitos pekineses.

Filosofía Occidental vs. Filosofía Oriental

La idea que se tiene en Oriente acerca del ciclo de la vida es muy diferente de la de Occidente. Mientras que nosotros pasamos años (y vidas enteras) preocupados por la muerte y la existencia, siempre valorando la vida por sobre la muerte, en Oriente, la vida no parece ser algo tan frágil, ni tan sumido en cuestionamientos filosóficos y existenciales. Acá todo es más comunal, se trata de estar satisfecho “con lo que a cada uno le toca” y vivir como parte de un todo -y no como pieza elemental y única-. Es decir, simplemente acostumbrarse a que la vida individual no tiene una real importancia y que el individuo cobra existencia sólo cuando se lo fusiona con los demás.

Por eso, cuando las imágenes de la explosión de la central nuclear comenzaron a hacerse noticia, a representarse a través de palabras, datos, cifras, porcentajes, probabilidades y comparaciones -es decir, cuando dejó su efecto cinematográfico y comenzó a tomar forma real-, los chinos de Pekín parecieron preocuparse, aunque no cundió ningún tipo de caos ni desesperación. Se comenzó, sí, a estar más atento a la información de lo sucedido con respecto al desastre natural y humano en todos los televisores. Pero los sucesos locales no dejaron de tener importancia. Así, por momentos se hablaba de la radiactividad en la atmósfera que se dirigia para los Estados Unidos, o de las poblaciones devastadas por el tsunami, y por otros, se intercalaban noticias de actrices pekinesas o de resoluciones del gobierno chino con respecto a proyectos económicos.

Cuando el cine se hizo peligro

Al difundirse la idea de que la radiactividad, dada la relativa cercanía con China, se iba a expandir por el cielo pekinés, muchos extranjeros occidentales, alarmados, salieron en busca de Yodo de Potasio (para al menos tener un arma mínima contra el cáncer de tiroides, no contra todos los demás cánceres, claro). Sin embargo casi ninguna farmacia china lo vendía. El segundo mandado fue ir en busca de sal con alto contenido de yodo, pero se había acabado en todos los supermercados. Esto lo pasaron en la televisión: estanterías antes llenas, ahora vacías, casi saqueadas. No sólo los extranjeros, después de todo, se habían preocupado.

Tan sólo unos días después de que ocurriera el desastre nuclear, en Pekín circulaban mensajes alarmistas que decían “Para las 4 de la tarde la radiación llegará a Filipinas, cerrar puertas y ventanas, y en caso de lluvia no salir a la calle, mandar este mensaje a los seres queridos”. El gobierno chino salió a explicarle a la población que los mensajes eran de mucha literatura y elocuencia, pero de poca realidad.

Recibí unas de estas frases justo cuando estaba viajando a Hong Kong, al sur, para antes encontrarme con una amiga china en la ciudad de Shenzhen. Esta amiga (llamada Camelia) tiene a su vez una conocida que vive en Japón, pero que en el momento del terremoto se hallaba en Pekín. Sin embargo, su marido, la esperaba en Tokio. Según Camelia, él sintió sólo un temblor en el edificio en el que se encontraba trabajando y todos en la oficina siguieron con sus quehaceres como de costumbre. Cuando le pregunté si su amiga iba a ir a Japón (como yo ya sabía que tenía planeado hacer antes del terremoto), ella me contestó “por supuesto, no pasa nada, la vida sigue como siempre”. Más tarde, cuando le comenté lo que estaba pasando con el yodo y los extranjeros alarmados (supe de unos franceses que se volvieron frenéticos a Francia, aunque la nube radiactiva parece que los estaba esperando sin que ellos lo supieran), me dijo que China está muy lejos y que en realidad no pasaba nada. Me asombré mucho por cómo había tomado las noticias, pero recordé la actitud que se tiene por estos pagos cuando de la vida y la muerte se trata.

Confucio confundido y olvidado

Hoy no se sabe muy bien cuánta información realmente se le da a la población sobre lo que pasa y pasó en Fukushima. Por acá se cree que el gobierno japonés es mucho más sincero que el chino, pero nadie dice nada. De todas formas, también se sabe que hay cosas que es mejor no decirlas entre las personas dejándolo todo a la confusión, como por ejemplo, que lo que sucedió en Fukushima no fue a causa de caprichos de la naturaleza simplemente, sino producto de largas intervenciones corruptas entre los poderes que manejan el estado y la compañía eléctrica TEPCO, quienes no se adecuaron a las reglas de seguridad que necesita una central nuclear. Lo último que se conoce es que el gobernador de Fukushima no dejará que la planta vuelva a funcionar. Pero es incierto aún el daño real de lo ocurrido.

El fantasma del terremoto de Sichuan que sacudió a China en 2008 aún anda suelto por estos lados, por eso fue fácil para la población local identificarse con lo ocurrido en Japón, con el tsunami y el terremoto (el destrozo, la muerte, la angustia de no saber si los que uno quiere están bien y la desesperación de haber perdido a toda la familia). Pero lo verdaderamente fuera de lo común lo constituyeron las imágenes de la central Nuclear de Fukushima. Sin embargo, después de que los medios se calmaron, todo siguió su curso y nadie habla del tema. Quizá porque en el silencio de ahora, diferente a aquel del espectador de cine, no hay posibilidad de hablar de algunas enseñanzas olvidadas de Confucio, quien parece que dijo “si sirves a la Naturaleza, ella te servirá a tí”.

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+Info

De China y Japón:

Un lugar llamado Pekin, un artículo de Marina Burana escrito desde Pekin

Terremoto y crisis nuclear en Japón, una nota de OSJ escrita por Martín Rodriguez

Terremoto de Sichuan

¿Quién fue Confucio? En este link te lo contamos