Además de ser un fin en sí mismo, algunas disciplinas artísticas son utilizadas como técnicas con fines terapeúticos. Teatro, música o plástica sirven para que las personas, aún sin conocimientos en la actividad, puedan expresar sus pensamientos y sentimientos más profundos. Los que lo intentaron cuentan su experiencia. Opina uno de los máximos exponentes del psicodrama, Tato Pavlovsky.

“Yo me devuelvo a mí, yo me recibo”.

El mundo que respiro, Mario Benedetti

Son un modo de expresión. Es la oportunidad para reconectarse con uno mismo; una manera de conocerse, la intención de encontrarse con el mundo interior. ¿Arte o terapia? ¿Podría caberle esa descripción tanto a una como a otra disciplina? Muchas veces los términos no se excluyen. Por el contrario, se mezclan y se unen en pos de encontrar, en un mundo caótico, la tan ansiada armonía interior. No es extraño que se recurra a la música, a la pintura y al psicodrama como un camino paralelo o alternativo a las terapias tradicionales. El arte es una forma de terapia, ya que incluye procesos que inciden favorablemente en la psiquis de las personas: la creatividad, la abstracción, la fantasía, el contacto con el otro… El mismo Sigmund Freud asociaba el arte a la sublimación y lo veía como un modo de renunciar o desplazar los “bajos instintos” del hombre.

Pintar un mundo

El lienzo en blanco, de fondo la música, elegir un color y comenzar a dar pinceladas. Producir una obra y después, simplemente, poner en palabras. Esa es, muy resumidamente, la propuesta con la que trabaja Giselle Bliman, licenciada en arte con un posgrado de Arteterapia en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). ¿De qué se trata el arteterapia? Consiste en el uso del arte y de medios visuales en un entorno terapéutico.

Bliman reconoce que llegó a esta especialización de casualidad y descubrió que se genera un espacio y un grupo que funciona como sostén a partir de un vínculo muy fuerte. Considera que el motor es la creación y la producción: hablan a partir de lo que producen. Ella trabaja mayoritariamente con gente discapacitada. “Los fines terapéuticos están pero con respeto y responsabilidad”, precisa.

“Es una experiencia que puede hacer cualquiera, porque todos tenemos latente la expresión artística y ésta contiene nuestras emociones. El taller viene un poco a organizarlo y a darle una utilidad”, afirma. Así, se abren puertas que estaban cerradas bajo llave y ventanas que dejan correr el aire. Las manos permiten decir aquello que las palabras aún no pueden nombrar. ¿Y qué hacer con todo eso? “Dejamos al psicólogo el lugar de la interpretación -aclara Bliman-. Su espacio es irremplazable. Por eso es necesario un trabajo en equipo”.

Al son de los tambores

“Todos somos grandes percusionistas. Todo a nuestro alrededor es ritmo: las estaciones, el movimiento de los astros, el día y la noche, las mareas, los latidos del corazón, la respiración, nuestros pasos al caminar. Por lo tanto, la percusión es una forma accesible a cualquiera”, asegura Lukas Esquivel, de 28 años. Aporta un mensaje inclusivo para referirse a las potencialidades del sonido que él utiliza, como una herramienta que contribuye al bienestar de las personas.

Pulso Sagrado, una propuesta que creó y coordina Lukas, intenta dar a los participantes un momento para hacer una pausa en el movimiento inercial del día a día y reconectarse con el propio ritmo. “Hoy, gracias a diferentes sectores de la ciencia, podemos constatar cómo influye la música en nuestro organismo, en su totalidad, como parte de un todo, afectando nuestra condición energética profundamente”, argumenta. Así, frente a lo que él califica como un “caos organizado”, el sonido puede reconducir al equilibrio.

Cuenta que él se ocupa de que el ambiente sea de comodidad y distensión para que los participantes se conecten con la música y consigan sentir el ritmo propio. Desde hace tres años también organiza lo que se conoce como “Tambores de Luna Llena”. “Es una actividad que vengo realizando en varias ciudades con el objetivo de encontrarnos y de esta forma generar un espacio común donde todos y cada uno pueda beneficiarse de la energía que creamos. Buscamos disfrutar libremente del sonido de los tambores, la danza, el canto y todo lo que sintamos compartir”, explica.

Observarse y reflexionar, liberarse de condicionamientos, sentir el sonido interno, ser espontáneo. ¿Suena fácil o difícil? ¿Seremos realmente todos capaces de dejarnos llevar por ese ritmo propio y diferente al que la cotidianeidad nos tiene acostumbrados? Lukas es concreto y directo: “La experiencia es personal y lo que puede parecer algo mínimo para unos, es un movimiento casi milagroso para otros”.

Arteterapia en dos formatos

El espacio de arte Objeto a se propone como un lugar artístico pero también como un sitio de encuentro. Su nombre refiere a un concepto tomado del psicoanálisis lacananiano -el objeto que causa el deseo- y, por eso, desde que abrieron sus puertas, meses atrás, pensaron en la posibilidad de dar talleres de arteterapia. La propuesta se concretará a principios del año que viene y estará disponible en dos formatos. Por un lado, a través de encuentros para profesionales -psicólogos, psicopedagogos, terapistas ocupacionales- que deseen incorporar las expresiones artísticas como herramientas para su trabajo con pacientes. El otro tendrá la modalidad de taller libre. Su finalidad será incursionar en las diferentes expresiones artísticas, sin requisito de conocimientos previos, para que los asistentes optimicen sus potencialidades y canalicen las dificultades cotidianas. Ambos cursos contarán también con asesoramiento de psicólogos.

“Siempre he considerado que la mejor prevención es la primaria, aquella que se realiza antes de que se presenten la patología. Hay que descubrir potencialidades, fortaleciendo los ‘núcleos sanos’ y canalizando o sublimando aquellas cuestiones que podrían derivar en conflictos”, explica Susana Oulton, psicóloga y directora artística del espacio. “Las diversas expresiones del arte son un medio ideal para poder llevar esto adelante, porque permiten ir más allá de la palabra y manifestarse libremente, casi lúdicamente, a través de dibujos, pinturas o música”, concluye.

Grupalizar la historia

“Es muy importante en el grupo y en la vida la consonancia: la capacidad que uno tiene de poder identificarse con los momentos del otro. Algunas personas tienen una consonancia bárbara; están, como yo, en terapia todo el tiempo, sensibilizados a las problemáticas de los demás”, analiza Eduardo “Tato” Pavlovsky, quien recibió a Opinión Sur Jovenpara conversar sobre su especialidad: el psicodrama (leer entrevista completa). Se trata de una rama de la psicoterapia que utiliza lo dramático como eje de acción y que toma lo grupal como herramienta de transformación individual.

¿Por qué ir a una sesión de psicodrama? Pavlovsky tiene la respuesta: “Una capacidad importante del grupo es la diversidad de sentido. Uno tiene una historia mononuclear y la historia psicoanalítica al lado, que es la explicación. En el grupo eso se deforma”. Entonces, implicaría estar dispuesto a compartir las historias personales y a comprender las ajenas: a darse y a recibir, a establecer vínculos, a comunicarse. Tato, que trabajó tanto con niños como con adolescentes y adultos, sostiene que en la adolescencia “la posibilidad de cambio es extraordinaria”. Por eso se complace al ver la cantidad de gente joven que se acerca a su instituto Grupo Psicodrama Creatividad, interesada en este recurso terapéutico, tanto para especializarse en su formación como a nivel personal.

En una cotidianeidad signada por el apuro, los mensajes de texto reducidos a consonantes y los e-mails carentes de entonación, vale preguntarse si realmente estamos conectados todo el tiempo, como nos dicen muchas publicidades. Es, al menos, un llamado de atención. Y no resulta extraña la necesidad de volver al vínculo. En una sociedad individualista, la propuesta de construir un espacio confiable para el diálogo suena, además de marginal –como la define Tato-, curiosa y atractiva.

El rol del psicólogo es particular y cumple una función específica. Su lugar está establecido en el imaginario popular. “En Francia alguien que está tomando el té no dice ‘me voy al analista’. Ahí es una cosa muy secreta, mientras que acá eso es muy común. Incluso la terapia se toma como un baluarte de enriquecimiento personal”, opina Pavolvsky. Esto no quita que sean posibles otros modos de hacer terapia, porque siempre, por encima de todo, está la posibilidad de sanar.

Este artículo fue desarrollado gracias al apoyo delPrograma Avancemos de Ashoka e Hillel Argentina

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Te recomendamos dos blogs y un video:

El blog de Giselle Bliman

Pulso Sagrado, de Lukas Esquivel

El video Tambores de Luna Llena