Se conocieron en el programa "Una tarde cualquiera" de Tv pública. 
Una historia de amor a pesar de las diferencias políticas.

Por  Dani Wiza (@daniwizen)

La Campora- PRO

-Disculpá, ¿sabes donde está el estudio 3?.- preguntó Julieta. Tiene 22 años y milita en el PRO hace tres. Antes de ser militante fue voluntaria, cuando terminó el secundario en el Washington School de Belgrano participó de “Techo,” una ONG multinacional dedicada a construir viviendas en zonas vulnerables que, como el PRO, a algunos le suena un toque peronista hasta que descubren que los fondos no provienen del Estado sino del sector privado.

-Eeem, sí, me dijeron que es para allá, yo estoy yendo para ahí tambien.- respondió Martin (23 años, milita desde el 2008 a partir del conflicto por la 125). Siente algo en el estómago. Hambre no es, la producción del programa ofreció alfajores y  llegó a agarrar uno, de esos triples. Julieta tiene el pelo atado, su rodete da señales de haber sido rigido como el de Evita hace unas horas pero ahora un mechoncito proveniente del flequillo se le desprende. Martin  no soporta las ganas de acomodarselo. Guarda las formas.
Sin explicitarlo ya están caminando juntos. Antes de llegar al estudio 3 pasan por el 2, allí se hace 678 y aunque las luces estan apagadas se deja adivinar la escenografía en la que Barone se toma diariamente su Coca-Cola. .-Me acuerdo que vine el día que murió Nestor.- acota Martín, que viste una camisa cuya marca alude a un pais de la Patria Grande pero queda en Palermo. Julieta se imagina que es un técnico, que trabaja en Tv Publica, como si evitara darse cuenta que esta al lado de un miembro de La Campora. Algo del perfume que deja el muchacho mientras se desplaza por la Avenida Yanquelevich la seduce, se siente cómoda con él. Y para una mujer, como cuando los hombres eligen un auto, esa es una buena razon para seguir viendo qué pasa.
Julieta no tiene puesta una remera amarilla. Con su look de oficinista, la ex-voluntaria alberga en su inconciente un deseo parecido al que todos alguna vez tuvimos antes de entrar al aula un primer día de clases: “ojalá me toque sentarme cerca”. A Martin le pasa algo parecido, ya no mira Canal 13 pero sí lo miraba cuando el slogan rezaba que “estar cerca es muy bueno”. Llegan a la puerta del estudio 3, caminaron juntos 100 pasos, la misma cantidad que separan Balcarce 50 (Casa Rosada) de Bolivar 1 (Jefatura de Gobierno). Llega una productora hablando por handy y les dice donde les toca sentarse. Tribunas enfrentadas.
Faltaba menos de una semana para las PASO. Son las 18 y comienza “Una tarde cualquiera”, un programa en el que cerca de 70 jovenes de entre 14 y 25 años debaten todos los días temas serios pero también bizarros. Es el caso del primer bloque. Lo conduce quien fuera cantante de Los Pericos con una buena trayectoria como solista aun vigente, Bahiano,. Anuncia que en un rato  van a debatir jovenes de todos los partidos sobre las elecciones. Se acerca a Wiza, el periodista del programa, y enumeran cinco noticias bizarras. Para esa altura la disposición de los cuerpos de Julieta y Martin ya dejaban ver su pertenencia partidaria. Se miran en formato relojeo, al menos una vez por minuto la vista se posa en el otro. Todavia no racionalizan lo que va pasando. Martin toma el microfono para opinar sobre una noticia que anunciaba que “segun un estudio de la Universidad de Michigan las mujeres estacionan mejor que los hombres”. “Todos esos estudios los pagan los fondos buitres pero este tiene razon, al menos con las mujeres argentinas porque la mejor conductora es mujer y se llama Cristina”. Aplauden sus compañeros. Julieta se muerde el labio, el comentario le pareció obsecuente pero se rie, Martin la mira fijo despues de entregar el microfono como esperando alguna conclusión a la distancia, le da satisfacción la risa de la chica del PRO.
El debate electoral dura media hora. Julieta opina sobre la despenalizacion de la marihuana, está a favor y los militantes de la izquierda le reclaman que su partido no lo está. Sus compañeros la defienden: “hay libertad de conciencia”. Martin no logra volver a hablar, el debate se lo devora una muy interesante discusión encarnizada a pantalla partida entre Luis (19 años, camisa celeste perfectamente planchada) y Laura (24 años, remera blanca de La Campora Balvanera con el logo en el centro) sobre el presupuesto en Salud y Educación en la Ciudad y la Nación. La tiranía de la temporalidad televisiva cierra el debate sin más.
Sin título
La salida del programa fue un caos y se pierden de vista. En la esquina antes de despedirse, todos hablan de la defensa del chico del PRO de la gestion de Esteban Bullrich, se burlan de la exacervacion de la Bicisendas. A dos cuadras, entre los militantes del PRO sucede lo inverso. Pero para Martin y Julieta lo importante del dia habia pasado por otro lado.
Pone “Julieta PRO” en el buscador de Facebook. Decenas de resultados, nada sirve. Entra a la fan page “Una tarde cualquiera” y Julieta esta en una foto del día pero no etiquetada, compañeros de ella sí. Entra a sus perfiles, husmea entre sus amigos, alguna Julieta tiene que haber. Hay. Pero no la que importa. Busca entre los “Me gusta” pero nada de Julietas en la lista. Decide agregar a la rubia que estaba sentada al lado. María Pía acepta enseguida la solicitud, Martin entabla dialogo y sin prologo le pide un contacto. Le pasa el link con el perfil. La agrega. Y le habla, todo al mismo tiempo. No es un mensaje lo que le envía sino un link de youtube en el que un chico anti k y una chica k se envian canciones. Debajo un inbox: “nosotros podemos hacer algo mas interesante que esto”.
Chatean por horas, se agregan a Whatsapp y el chat se prolonga de tal forma que no se sabe a que hora empieza pero tampoco a que hora termina, hay intervalos de silencio pero la conversación siempre se retoma. Y se alternan para hacerlo, los dos estan enganchados. La poltica  aparece como lo que es: condensadora de diferencias, chicana,  chiste,  lo que los une pero tambien lo que los espanta. Toda relación, en ese sentindo, es política o deja de haber relación.
Martin tira de verse, arregla pasarla a buscar e ir a un bar de la zona sur. Los dos estan nerviosos. Comparten clase social: padres profesionales pero con ideologias y pasados antagonicos, son el tipo de persona que no tiene nada que ver con su entorno militante y eso les da unicidad.
No se miran, se militan con los ojos. Defienden proyectos políticos distintos. Pero en secreto, como quien le oculta una novia goy a una Bobe , transcurren lo que Laclau denominó las equivalencias de demandas antagonicas, un “point du caption”, un amor de locos. Su relación enfrenta tantos desafíos como elecciones, el destino dirá si terminan  eligiendo algo distinto a lo que les sucede en el cuarto oscuro.