Una obra de teatro que no se ve, sino que se siente, se huele y se escucha. Mientras la vista adquiere un sentido cada vez más preponderante, en Ojos Cerrados se intenta revalorizar los otros sentidos, tapándote los ojos antes de ingresar.

-¿Vamos al teatro?
-Sí, dale, ¿qué vamos a ver?
-Nada

Jorge Luis Borges, 1985. Antología Poética.

La vista es el sentido más desarrollado por el hombre. Todo o casi todo nos entra por la ahí.

En otras épocas los sentidos se iban complementando entre sí. Tal vez en algún momento el olfato fue imprescindible para salir a cazar por ejemplo; probablemente, el oído haya sido central para estar alerta frente a potenciales peligros.

Hasta hace unos años -no muchos- el oído también servía para comunicarse con quienes no estaban presentes y para estar actualizado con las últimas noticias. Pero lentamente lo fuimos desplazando. Hoy el chat reemplaza al teléfono y cada vez menos gente escucha radio. Incluso la televisión por cable emite partidos de fútbol en que no muestra el partido en sí (reservado a quienes deciden pagar por ver) sino que intercalan el relato con imágenes de la tribuna. ¿Cuál es el poder de una imagen que nada proyecta?

A la hora de analizar los sentidos vemos -valga la redundancia- que la mayoría de las percepciones pasan por la vista. ¿Vamos al teatro?

Ojos cerrados

Ingresamos al recinto. Nos hacen esperar en un salón grande, parece una especie de gimnasio. No somos muchos. Nos miramos los unos a los otros. Un tipo vestido de yogui nos entrega unos tapa-ojos de esos que usa la Pantera Rosa para dormir.

Al rato viene otro y nos explica. Van a subir una escalera con los ojos abiertos; cuando llegan al último escalón se tapan y esperan a que alguien los lleve, dice. Empezamos a subir. La fila avanza lento.

Uno a uno nos hacen ingresar, con los ojos tapados, por supuesto. Nos empiezan a pasear por un lugar. Hay música de fondo, muy suave, muy india… ya el primer contacto con el mundo sin ojos es extraño: no se sabe si estás en un salón grande (y por eso estás tanto tiempo caminando) o si es ínfimo y sólo das vueltas en redondo.

Finalmente me ubican en una silla. El tiempo pasa, transcurre. No se sabe si son segundos, minutos u horas. Seguramente están esperando que se termine de sentar la gente, para poder empezar. Pero no, no puede ser, si después de todo éramos muy pocos los que estábamos afuera en el pseudogimnasio esperando que comience la función. No pasa nada, sólo la música india.

Inicio

Al rato empieza el espectáculo. Se mezclan sensaciones, olores, situaciones, ruidos. El tacto también entra en juego, empiezan a circular objetos. Los espectadores somos expuestos a luces (si bien se está con los ojos tapados, es posible diferenciar la luz de la oscuridad). Cada uno recibe estímulos distintos.

La obra no es una novela o un cuento, sino que se plantean pequeños actos no argumentales. Así, de repente es posible encontrarse en una selva, en el medio de una tormenta, una estampida de elefantes, o sentir el crecimiento de un nene desde la cuna hasta que es un poco más grande…

De pronto, el viento pega sobre la cara; después no pasa nada y se permanece en silencio, luego alguien te toma de la mano y se empieza a dar un pequeño jugueteo entre los dedos de ambos, y se escucha el rodar de las pelotas, o sin saber cómo, uno ingresa en un pequeño boliche new age… contar más sería arruinar el espectáculo.

Hasta que todo se termina. Una hora y media después de haber empezado paran los instrumentos musicales y se escucha una voz muy pausada. “Lentamente, en el tiempo que cada uno necesite tomarse, pueden ir destapándose los ojos”.

No quería ver. Tardo mucho tiempo en sacarme la venda. Hasta que finalmente lo hago. La luz, después de hora y media a oscuras, casi me quema la retina. Busco a quien originalmente me había acompañado, quería saber cuál había sido su percepción sobre el tema. Veo que todavía mucha gente sigue con los ojos cubiertos.

Protagonistas

Maisa Pereyra es una de las integrantes del grupo Avitantes, que armó la puesta. “Es una obra que pasa adentro tuyo. Todo lo que pase es una vivencia interna y el hecho de que te vendemos los ojos, hace que tu vivencia dependa del grado de entrega que vos tengas. Puede ser tan profundo como vos la dejes ser. Nosotros te vamos a entrar con los ojos vendados y ahí empiezan a suceder cosas. Hay mucha música porque nosotros somos músicos y tratamos de trabajar con todos los sentidos, texturas, temperaturas… vos vas creando la historia dentro tuyo a partir de las sensaciones que vengan de afuera.

-¿Cuánta gente hay laburando?
-Somos seis. Cinco músicos y una asistente.
-¿Cómo ensayan la obra?
-Primero nos reuníamos, creábamos la música y uno de nosotros se sentaba con los ojos cerrados, y el resto íbamos probando lo que habíamos pensado. Y lo interesante era que todo cambiaba según quién era la persona que se sentaba. Lo íbamos experimentando.
-¿Hay distintas obras según como sea el público que se acerca?
-Totalmente. Hay públicos más atados y gente más suelta. Si hay alguien que está muy entregado nos acercamos más. La idea es hacerlo lo más personalizado posible.
-¿Les sucedieron situaciones curiosas?
-Una vez se me desmayó uno. Me preocupó en el momento, pero después se recuperó y volvió a la obra.

Nos acostumbramos a mirar y a que todo entre por nuestros ojos. Ejercitar los otros sentidos… de eso se trata.

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+Info

Ojos cerrados se presenta en el Centro Cultural Holístico Sendas del Sol
Dirección: Lambaré 990
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfono:  4861-3055 /  4865-0023
Entrada: $20,00 / $15,00 – viernes – 23:00 hs (Hasta fin de 2007). Reservar antes.

Grupo Avitantes Swami Chrisis (Dervake, djembé, mberimbao, Udu, accesorios).
Maisa Pereira (Guitarra clásica y voz).
Jerónimo Grandi (Guitarra criolla, piano, flauta traversa, charango, didgeridou, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, voz, cantos armónicos).
Enrique Montero (Gaita, Piano, Sitar, Saranguí – violín hindú)
Yovana Wen Arauco (Aromaterapia, masajes, accesorios)

Página Web del Grupo Avitantes

Otra obra a tener en cuenta con los ojos cerrados:

«La isla desierta», de Roberto Arlt Adaptado para ciegos.