Miro por la tele y se confirman mis sospechas. Nuestra sociedad está cada vez más violenta. Habría que pensar cuál es la causa y cuál la consecuencia; qué es causa de qué. El día en que escribo este editorial se suspendieron los servicios de algunos trenes, y la gente impaciente empezó a romper todo, tirar piedras y manifestarse en forma no pacífica. Entró la policía con escudos, gases lacrimógenos y balas de goma. La gente empezó a tirarles piedras.

¿Qué es causa de qué? Es violencia romper los trenes, pero también es violencia el estado del transporte público en la Argentina.
Recordé una anécdota. Una amiga estaba manejando, cuando un joven en una moto se le cruzó y sin querer lo chocó. Él quedó inconsciente y ella se desesperó: “No sabés lo que se siente en el momento en que pensás que tal vez mataste a alguien”, me contaba. _ Pero además de ese mal trago, tuvo que bancarse un adicional: los familiares del joven -que vivía a unos metros del incidente- salieron a gritarle “asesina, asesina”, mientras le tiraban piedras… mi amiga tuvo un accidente. ¿Eso la convierte en una asesina?

Perdón a los lectores latinoamericanos por contarles estas situaciones, pero tal vez les sirvan como contraejemplo: situaciones a no imitar.
Hace unos días un arquero de fútbol hizo un gol en contra; un grupo de hinchas salió a golpearlo (En Colombia pasó algo parecido con el asesinato de Escobar). Jugadores de un equipo que había perdido salieron del estadio y tenían los autos rotos. Una ministra sale a la calle en su provincia y es golpeada por manifestantes; no se puede golpear a una persona porque piense distinto. Una tragedia sucede en un boliche/teatro y el intendente es acusado penalmente como asesino…

Vivimos en una sociedad cada vez más violenta en que el equivocado es considerado un “hijo de puta”. No podemos seguir criminalizando al que cometió un error, al equivocado, al que piensa distinto.
Y a la vez se debe entender que la situación de ebullición es producto de que la gente no es escuchada, de que se prueban al máximo los límites y sólo cuando alguien se manifiesta en forma violenta aparecen las respuestas
¿Podremos canalizar los conflictos de una mejor manera? Allí está el desafío. No busquemos culpables y por favor, basta de violencia, de un lado y del otro del mostrador. Hay que buscar la forma de resolver los problemas urgente, antes de que sea demasiado tarde.

Pablo Winokur