Un año más llegó a su fin, y por suerte, es la tercera vez que escribo este editorial. Eso significa que la sección Medio Ambiente de nuestra querida revista cumple tres años completos de vida, lo que a mí personalmente y a todo el equipo de Opinión Sur Joven nos da mucho placer.

Este año, como el 2007 y 2008, contamos todo tipo de historias. Desde cómo el cambio climático afecta a los océanos hasta un informe minucioso sobre el glifosato, la soja y el debate político-económico que los circunda, pasando por un celular ecoamigable y hasta la historia apasionante de militantes contra la minería a cielo abierto que libraron una batalla continental. Y siempre como eje rector darte información, ayudarte a entender una realidad compleja y volátil.

Pero 2009 no terminó como cualquier año. Una noticia reventó en los medios y en la arena política global: la cumbre de Copenhague, organizada por las Naciones Unidas para que casi 200 países se pusieran de acuerdo en cómo mitigar el calentamiento global tuvo lugar en la capital danesa y, para tristeza de muchos y alegría de pocos, fue un fracaso.

El acuerdo alcanzado con penas y sin gloria ni siquiera acaricia las enormes expectativas generadas. Estados Unidos y China, los dos mayores emisores de gases de efecto invernadero, están señalados por todos como los grandes responsables.

Un año llegó a su ocaso, pero otro está naciendo. Y no cualquiera. Es el 2010, el fin de una década, la primera del siglo (y del milenio), y en ella hubo muchos aprendizajes y avances. Entre ellos, uno clave: nunca antes en la historia de la civilización humana hubo mayor conciencia social sobre la importancia de cuidar el planeta y de evitar seguir contaminándolo.

Películas, diarios, documentales, universidades, profesores, estudiantes, trabajadores, científicos, filántropos y la inconmensurable labor de las ONGs ayudaron a lograr esta concientización. Y se espera que el proceso se profundice y con él, las soluciones lleguen.

Por eso, y bajo el presupuesto de ser optimista ante el primer crepúsculo de 2010, tenemos que rescatar algo de la Cumbre de Copenhague: por primera vez 197 países se sentaron a debatir sobre el cambio climático, bajo la atenta mirada de la prensa de todo el mundo. El resultado no fue el mejor, lejos estuvo. Pero, ¿semejante reunión multipartita, la más grande que jamás se dio, no es al menos un dato positivo en sí mismo?

Los desafíos siguen y seguirán siempre pendientes. Lo importante es salir a buscar cómo resolverlos, sin arrodillarnos ante el hecho consumado. Copenhague no fue, pero podrá ser. La única batalla que se pierde es la que se deja de librar.

El mundo nos espera. Buen año para todos nosotros.