Drogas hay muchas: cocaína, marihuana o éxtasis son las más conocidas. Pero también integran la lista el alcohol, el tabaco o los psicofármacos. ¿Por qué algunas están prohibidas y otras no? Radiografía de un fenómeno que se extiende como un reflejo de la desintegración social. ¿Por qué la penalización impide generar políticas de fondo?

La aerolínea boliviana me obligó a pasar unos días en La Paz antes de retornar a Buenos Aires. Al regreso tuve que hacer una cola larga para embarcar al avión que me traería de nuevo a casa. Miré a mis costados y encontré en el aeropuerto algunos pre-avisos bastante sugestivos: componían la escena policías armados hasta los dientes (que no eran gendarmes, sino que seguían la estética de las brigadas antidrogas de las películas), perros y carteles amenazantes, que intentaban disuadir a cualquiera de transportar hoja de coca.

Al llegar a la aduana propiamente dicha me paró un tipo. Me empezó a hacer preguntas y a desarmar mi bolso de mano. Ahí cometí un error típico de argentino: como sabía que no llevaba nada, empecé a sobrar al guardia y hablarle con tono irónico. Tal vez fue para divertirse, o tal vez sospechó de mí, pero por alguna razón me llevó a un cuartito, me hizo sacar la campera y el pullover, y dándome unos golpecitos en el estómago me repetía: “Dale, dale… decime cuánto llevás ahí… decime cuánto llevás”.

Así se me fue la soberbia y un poco más asustado le aseguré que no estaba traficando nada. Cuando finalmente me largó, me di cuenta de que todo esto era una gran hipocresía.

Drogas, ¿para qué?

Según la Real Academia Española una droga es una “sustancia mineral, vegetal o animal, que se emplea en la medicina, en la industria o en las bellas artes” o una “sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”. La definición no habla acerca de prohibiciones, daños, violencia, adicciones o penalización; no habla de sustancias permitidas ni prohibidas. En realidad, vivimos rodeados de drogas que no están vedadas ni mal vistas. La droga -o lo que coloquialmente denominamos droga- es en realidad una definición sociocultural.

Muchos se indignan profundamente porque otro consume marihuana, cocaína o éxtasis, pero no se les mueve un pelo cuando alguien les dice que se emborrachó el sábado o que fuma 20 atados de cigarrillos por día. También se naturalizan los psicofármacos o cualquier remedio.

Algunos puntos a tener en cuenta: no todas las drogas hacen igual de mal; no todas las sustancias legalmente aceptadas hacen bien; las drogas ilegales no son sinónimos de criminalidad; hay productos -especialmente el alcohol- que generan igual o mayor violencia doméstica o callejera. Y fundamentalmente, algunos especialistas consideraron que -como las drogas son ilegales y muy mal vistas por la sociedad- se hace aún más difícil encarar una adecuada política de prevención o reducción de daños.

Salud Pública

Si te enteraras de que tu hermano, tu hijo o un amigo es adicto y quisieras ayudarlo, ¿a qué especialista lo derivarías? ¿A un psiquiatra o a un abogado?

Se calcula que la ganancia por drogas en el mundo es de 330 mil millones de dólares y afecta a 25 millones de personas, es decir el 5% de la población mundial de los 15 a los 64 años. El 78,1% de las personas que consumen no cuentan con ningún tipo de atención médica al respecto.

Se trata de un asunto “interclase”: a diferencia de otras problemáticas sociales (embarazo adolescente o criminalidad, por ejemplo) esto no afecta sólo a la clase baja: los pobres consumen por problemas educativos; la clase media (¿qué era eso?) lo hace por la ausencia de futuro y la alta por aburrimiento y para olvidarse del nivel de competitividad en que viven.

Sin embargo, hay un dato que iguala a casi todos. Según un estudio hecho por la Secretaría General de la Junta Nacional de Drogas del Uruguay, el 77% de los chicos que reclaman ayuda en el centro de atención telefónica de ese país no estudia ni trabaja. Aquí se puede ver que el problema de la drogadicción no pasa por la cantidad de billetes que tengas en el banco, sino por el significado que le das a tu vida.

Cristián Alarcón es periodista de Página/12 y está realizando una extensa investigación periodística acerca de la venta y el consumo de drogas en Latinoamérica. Para eso recorrió los denominados “kiosquitos” de venta minorista, que aparecen especialmente en zonas de menores recursos. Al promediar su investigación, Cristian modificó su perspectiva sobre el fenómeno. “Esto se ha convertido en una nueva forma de supervivencia, pero también en una nueva forma de identidad” [1], dijo tras lo cual explicó que muchas familias ven en esto la única forma de salvación para después poner una pequeña empresa legal o llegar a comprar su casa propia: “El neoliberalismo está generando el narcotráfico como empresa familiar de subsistencia”, aseguró.

Y aquí aparece un tema interesante. ¿Cuánto de negocio hay detrás de la penalización de las drogas? ¿Por qué los gobiernos persiguen el narcotráfico y no el alcoholismo? En la Argentina -por ejemplo- hay seis veces más afectados por alcohol que por drogas; en Uruguay uno de cada cuatro jóvenes dice haberse intoxicado por alcohol en las últimas dos semanas. ¿Por qué hay consumos políticamente correctos y otros no?

Mariano Ciafardini, Director Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Argentina opinó al respecto: “La droga es un gran negocio y la excusa fundamental para ejercer la represión ya que se convirtió en el tipo ideal de delito. Se crean organizaciones de inteligencias, se ocupan territorios, se organizan cazas de brujas hacia tenedores pobres y la salud pública queda abandonada”.

Coincidiendo con esto, pero con un tono más calmo se expresó el Eurodiputado por Italia Giusto Catania, quien aseguró que “es una necesidad cambiar la estrategia global frente a este tema”. “Hay que impulsar la despenalización y modificar las estrategias penalizadoras por medidas tendientes a minimizar daños”, dijo. Es decir, más allá de la campaña de prevención, también hay que hacer algo con la gente que ya es adicta y no puede dejar; el ejemplo más emblemático es el de evitar que contraigan Sida aquellos adictos que utilizan sustancias inyectables.

Por su parte Mario Coroliano -titular de la Defensoría ante el Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires- sentenció: “Se están debilitando buenos plantes porque se dice ‘al que consume, lo vamos a encerrar’”.

Si todos estamos de acuerdo con que un adicto debe ser tratado por un especialista en salud, ¿por qué los gobiernos insisten en que estos temas sean abordados principalmente por la Justicia? ¿A quién le conviene que esto sea así? Vale recordar que la ilegalidad de determinadas sustancias hace que automáticamente aumente el precio de su venta. En Brasil se acaba de sancionar una ley que promueve una “progresiva despenalización” [2] y se crearon figuras diferenciadas para el capitalista del tráfico, los dealers menores. Por ejemplo, se reducen penas al consumo pero se obliga a asistir a centros de rehabilitación.

Ahora bien, si fuera cierto que a los gobiernos les preocupa la salud de la población. ¿por qué no se hace nada con el alcohol?

El sabor del encuentro

Hugo Miguez es doctor en psicología e investigador del Conicet. Junto a un equipo de especialistas, realizó una extensa investigación acerca del alcohol en los jóvenes. Según explicó, en los últimos 20 años se pasó de vender 200 millones de litros de cerveza a 1000 millones.

En la Argentina -que aún sigue siendo un país con consumo medio- se pasó de tomar 7,3 litros anuales por persona a 35. Miguez aseguró que la edad de iniciación en el alcohol no bajó en los últimos años (en general en este país es común que los chicos tomen los primeros sorbos en compañía de sus padres), pero sí bajó la edad de la “primera intoxicación”; es decir, la primera borrachera.

Según un Estudio Provincial sobre Sustancias Adictivas, también de su autoría, en Buenos Aires el 60% de los adolescentes entre 15 y 17 toman alcohol y el 23% lo hace abusivamente. En estas encuestas se brindan más precisiones, cuando se les pregunta a los entrevistados cuánta cerveza comprarían para una fiesta: la mayoría (el 70%) dijo que compraría dos litros o más por persona. La tasa de mortalidad por problemas de alcohol es de 30 cada mil.

En el mismo informe se especifican los perjuicios que el alcohol trae a una persona o a una sociedad: desde problemas corporales hasta accidentes de tránsito, trabajo o violencia doméstica y callejera. En el año 2000 el alcoholismo generó en toda Latinoamérica 275 mil muertes, convirtiéndose en el principal factor de riesgo de la zona ¿Qué diferencia entonces al alcohol de las drogas ilegales?

(para ver el informe completo clickeá acá) http://www.geocities.com/hugomiguez/cam/cambios.html

Problemas psicosociales

Emiliano Galende es médico psiquiatra. Aunque no es especialista en drogadicción, se animó a analizar el fenómeno. Según su visión existen dos tipos de tratamiento: desde la salud o desde la penalización; esto último, a su criterio, es un enfoque fuertemente vinculado a lo ideológico.

“Para pensar el tema de las drogas hay que hacerlo integralmente. La droga está entre nosotros y forma parte de la cultura y de la manera en que nos vinculamos con el otro”, opinó, tras lo cual consideró que “no hay otra alternativa que convivir con ello”.

Por eso, el psiquiatra propuso pensar más en cómo evitar los abusos, que en cómo combatir el consumo en sí. “Las drogas son un dato más y son consecuencia de la realidad social que vivimos”, aseguró y dijo que la mejor manera para combatir esos abusos es reconstruir “un tejido social amplio”.

¿Qué es drogarse? ¿Qué es una droga? ¿Cuándo aparece el uso de sustancias para modificar las emociones? ¿Es algo exclusivamente de la modernidad? ¿Debe haber sustancias prohibidas?

El tema genera mucho debate, especialmente porque atraviesa distintas perspectivas: éticas, filosóficas, sociales, psicológicas, religiosas e ideológicas. Está claro que una sociedad que vive drogada y adicta -por la cocaína, el alcohol, los psicofármacos o la televisión- tiene un problema. El gran tema es cómo resolver esas adicciones. ¿Prohibiendo o previniendo? Y por supuesto, cómo terminar con los problemas de fondo: los especialistas coinciden en que el uso de estas sustancias es una consecuencia directa de la destrucción del tejido social de nuestras sociedades.

En lo personal me cuesta terminar de definir mi postura sobre el tema. Por eso, me parece importante que deje de ser un tabú y que las sociedades comiencen a debatirlo. Tal vez sea ese debate el puntapié inicial para solucionar el problema.

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[1] En adelante, ésta y todas las citas que aparecen en cursiva fueron extraídas de la IV Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas realizada por la Asociación Civil Intercambios el 31 de agosto y 1° de septiembre de 2006.

[2] El tema fue explicado por Pedro Gabriel Godinho Delgado, coordinador del Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud de Brasil. Incluye distintas medidas.