pobrenodelito

Desde que se entregó a la Presidenta el Anteproyecto de Código Penal se generó una discusión que quedó etiquetada bajo el rótulo de “Código ‘saca presos’” y a partir de ello, pareciera que el único debate posible es: ¿penas bajas o penas altas?. Astutamente, algunos pseudopolíticos y sus equipos de “especialistas” –de apellidos absolutamente desconocidos en las universidades así como en el ámbito de la Investigación Social- escandalizan a la población por la desaparición de la cadena perpetua, la reincidencia y el ablandamiento de las penas en general.

Para no aburrir al lector con doctrina penal prefiero abordar el tema desde otro ángulo, dejando pasar la oportunidad de decir que es con intenciones maliciosas que se dice que se ha borrado una pena perpetua que nunca existió pues se podía solicitar la libertad condicional a los veinte años de encierro. No voy a explicar por qué debe celebrarse la eliminación de la reincidencia ni a decir que ello responde a que solo tenía funcionalidad respecto de la libertad condicional -instituto que sí borra el Anteproyecto y que nos daría un Código futuro más severo-. Opto por dejar esas discusiones jurídicas de lado para dejar planteadas cuestiones que son anteriores a la polémica penal y que tiene que ver con la sensibilidad.

Me gustaría saber qué me dirías si te pido que me describas un “delincuente”; que me cuentes qué te genera saber que hay lugares en los que viven personas con sus necesidades básicas insatisfechas. ¿Qué sensación te invade si te cuento que las posibilidades de morir intramuros son mayores que en libertad? ¿Imaginás que alguien salga a robar cargando un Código Penal? Porque si eso no ocurre –y de hecho, no ocurre- no entiendo cómo pretenden convencernos de que el aumento de penas tiene efectos disuasivos. ¿Escuchaste argucias sobre por qué endurecer una pena otorga seguridad? No, y ello se debe a que es un postulado que se enuncia y defiende sin más, porque es falaz.

La mayor parte de los condenados lo son por actos en contra de la propiedad privada, ¿no nos da eso una pista de que no puede ser irracional creer que la manera de poner un freno a “la delincuencia” es poniendo el foco en políticas sociales? ¿Por qué le creemos a un puñado de poderosos que quien nos arrebata un celular es peligroso? ¿Será porque mientras vos y yo discutimos esto otros que cometen los delitos más dañinos sin padecer criminalización y es a ellos que les conviene nuestra distracción? (El lavado de dinero mal llamado “delito sin víctima” lastima y mata porque hace posible que dinero de narcotráfico y trata ingresen al sistema financiero legal)

¿Por qué las cárceles están pobladas por pobres?

Por qué algunos candidatos nos quieren convencer de que la “delincuencia” sólo se soluciona con policías que nos vigilen a todos y que con su efectivo accionar –que curiosamente nunca da con el hallazgo de funcionarios corruptos- llenen las cárceles. Y que, entonces, haya que construir más cárceles y licitarle la obra alguna empresa constructora amiga, que facture precios inflados y les convide una porción de la ganancia “extra”-.

Las respuestas a estos interrogantes desnudan la calidad de personas que somos porque, en definitiva, la cuestión no es jurídica sino humana, y aún desde la perspectiva de la víctima la pena es inútil porque no resuelve en modo alguno el conflicto, a menos que se reconozca que no se busca otra cosa que no sea saciar sentimientos vindicativos.

No podemos permitir que la discusión se mantenga zanjada en la cantidad de dolor que toda una sociedad irresponsable va a cargar en los cuerpos empobrecidos de un sistema que selecciona personas por el azar que significa nacer en uno u otro estrato social. Si seguimos tolerando la situación, significa que no tenemos vocación sincera de cambio. Si no pretendemos cambiar la realidad, entonces el dolor de otro ser humano no nos atormenta y si es así… Prefiero no pensarlo mucho más, porque me niego a creer que soy parte de una junta de sádicos.