La palabra “desierto” nos remite al Sahara, a Egipto, pirámides, arena, tierra seca, cactus, coyotes y correcaminos… pero nuevas tierras de los cinco continentes se podrían convertir en desierto en pocos años. ¿Las causas? Agricultura extensiva, ganadería descontrolada y otros descuidos humanos. Aquí algunas claves para evitar que el problema se profundice.

El verde es el color que más identifica a la Tierra. Será porque irradia una noción de vida, de energía. O porque nos hace recordar a selvas y bosques. O tal vez, porque es más marketinero que el marrón clarito de las tierras áridas. Sin embargo, el amarillo opaco se acercaría mucho más a la realidad, a la tierra seca, a la tierra que muere.

La desertificación es un proceso que se viene acentuando a pasos agigantados en nuestro ecosistema global. Si bien hay fenómenos naturales que pueden llevar a erosionar el suelo, la acción del hombre es por lejos la principal causa de degradación.

La Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD) define a este desastre natural como el proceso de degradación de las tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Según explica, el fenómeno aparece por culpa y causa de las variaciones climáticas y de las actividades humanas. Estas últimas son denominadas “causas antrópicas”.

“La desertificación es un proceso por el cual la producción biológica de la tierra va descendiendo en cantidad y calidad como consecuencia de alguna presión del hombre o el clima”, explicó a Opinión Sur Joven el ecólogo Jorge Morello, director del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (GEPAMA) de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Superior del CONICET.

Un problema que se traduce en millones

La desertificación ocurre en todos los continentes, excepto en la Antártida. Afecta los medios de subsistencia de millones de personas: la mayoría son pobres. Las tierras secas ocupan el 41% de la superficie terrestre y son el hogar de más de 2.000 millones de personas; esto es un tercio de la población humana en el año 2000.

Según la FAO (la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas), más de 250 millones de personas se ven directamente afectadas por la desertificación y alrededor de mil millones habitantes -en más de cien países- están en riesgo. De ellos, la mayoría vive en los países más pobres, los más marginados y los ciudadanos políticamente más débiles.

La desertificación afecta a un amplio abanico de servicios como los alimentos o el agua. La satisfacción de necesidades básicas se ve coartada en las regiones con suelos erosionados, lo que repercute en los indicadores sociales. Según el estudioEvaluación de los Ecosistemas del Milenio, la mortalidad infantil sufre un incremento exponencial en las zonas de tierras secas; allí también descienden notoriamente los ingresos por habitante.

Para entender un poco mejor de qué se trata este fenómeno, Morello ejemplificó: “Si un pastizal es capaz de recibir una vaca cada tres hectáreas, y se ponen cuatro, se saturará el terreno y comenzarán a desaparecer las especies de plantas más comestibles, denominadas ‘palatables’. Antes, si se hubiera mirado desde arriba, no se habría visto el suelo sino la vegetación. Pasado un verano de saturación, se verá un 20% de la superficie; y al año siguiente, un 40%”.

Así, la desertificación ya no es un problema derivado de la falta de agua que lleva a que un bosquecito se transforme en el Sahara. El problema es más complejo, y afecta a territorios y habitantes diversos. “Antes la desertificación estaba asociada al desierto o a lugares donde llovía muy poco. Ahora el proceso puede ocurrir aún en zonas muy húmedas, como Buenos Aires, donde llueve más de 1000 metros cúbicos por año; o Uruguay, en cuyas lomadas se plantaron demasiados eucaliptos, que chupan mucha agua y son como bombas”, alertó Morello.

El mal de la vaca suelta

La influencia de la ganadería en el fenómeno de la degradación del terreno es mayor de lo que un desprevenido podría imaginar. Para Morello, la “hacienda de libre vagabundeo” es uno de los factores que más daño hace a la tierra. Por eso recomienda no dejarlas pastar libremente, alambrar si es posible y permitir descansar a los suelos. Con las cabras sucede lo mismo, con el factor adicional de que trepan a los árboles.

Otro problema frecuente es la erosión de los terrenos. Morello explica: “El suelo tiene arriba una capa de hojarasca, que es su ‘crema chantilly’, en la que hay bichitos y tierra negra. Es la parte más fértil. En los mejores suelos tiene 50 centímetros de espesor. Una erosión te lo puede llevar a 20, hasta que llega un momento que aparece la segunda porción del suelo, que es prácticamente arcilla, sin materia orgánica, y para fertilizarlo se necesita mucha inversión en insumos”.

Otro gran enemigo de los suelos es la agricultura desmedida. Por un lado, el arado que se usaba hasta hace 20 años era particularmente nocivo. Por el otro, el avance de la frontera agropecuaria y el consecuente desmonte contribuyen a la desertificación: al talar los árboles, el suelo queda desnudo por un prolongado período de tiempo. “El desmonte es una operación casi bélica: viene una topadora, que es como un tanque, y avanza con una palanca para apretar el árbol y con una cuña para levantarlo. Todo ese material se va mezclando y se lo lleva unos metros más lejos, formándose un cordón, que se pudrirá o secará y se le prenderá fuego”, describió Morello. Al dispersarse ese resto es como si dispersaran ladrillo molido: son tierras que quedarán estériles y que durante mucho tiempo habrá que fertilizar para regenerar esa “crema chantilly” de la capa del suelo. La deforestación “es una de las actividades humanas que más llevan a la desertificación”, enfatizó Morello. [1]

No todo es culpa del hombre, pero…

Si bien el problema es fundamentalmente antrópico, hay otros fenómenos que ayudan en la erosión. Por ejemplo, el vulcanismo tiende a matar la vegetación y la fauna con su lluvia de cenizas. Los terremotos o temblores también hacen que las laderas de montaña empiezan a remover el suelo, lo cual afecta a esa bendita “crema chantilly”.

A pesar de estos fenómenos, es más que clara la intervención dañina del hombre en el trato de la tierra. Dos tercios del territorio argentino es árido o semiárido; sólo el sistema Paraná-Paraguay-Plata mantiene la riqueza del suelo fértil. Según Morello, las regiones donde los procesos corrosivos son más visibles son el sur de Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, noroeste de Tucumán, oeste de Formosa y Chaco. El resto del continente también la tiene difícil: el nordeste de Brasil, Uruguay y el norte de México están severamente afectados por el problema.

Al ser consultado sobre medidas concretas para detener este problema, Morello no titubea: estímulos crediticios para regar, alambrar, manejar el ganado, y para el manejo sustentable de la producción ganadera del pequeño productor; determinar qué territorios deben seguir siendo forestales; y subsidios para la explotación sustentable de los bosques.

Pocos fenómenos que afectan al medio ambiente están tan relacionados con la actividad humana como la desertificación. Eso, inexorablemente, deriva en que la solución dependa de nosotros. No sólo por el modo en que cultivamos, sino también por cómo votamos: hay que recordar -aunque vivamos en megalópolis que tapan nuestra tierra con cemento y asfalto- que no muy lejos vive gente que se topa día a día con los males que apareja la tierra… La Tierra que se muere.

+Info

Un artículo acerca de la desertificación:

La Desertificación, un problema global

Algunos videos para que veas las consecuencias de la desertificación

[1] Para conocer más sobre deforestación, [ver el artículo publicado enOpinión Sur Joven de noviembre de 2007.