ONGs, empresas y países europeos impulsan una idea que puede hacer crecer como nunca la producción de energía solar. Los desiertos, la clave insospechada. ¿El fin de la dependencia con el petróleo árabe? Ilustración: Lorena Saúl

El sol es nuestra fuente de luz y energía, eje de nuestro sistema interplanetario y referente mitológico desde que el hombre se separó de sus antecesores primates y obtuvo la capacidad de razón. Helios, Khefri, Ra, Baal, Huitzilopochtli… son algunos de los nombres que se le dieron a lo largo de la historia al dios Sol.

En medio de la tercera Revolución Industrial emergente de los avances informático-tecnológicos, el sol como fuente de energía cedió su trono ya hace rato hacia otro tipo de recursos, como los hidrocarburos (petróleo, gas y carbón) y la energía nuclear.

Sin embargo, esa matriz energética que permitió llegar hasta este nivel de industrialización puede ser a su vez el mismo monstruo que se la devore, por su inherente impacto en el medio ambiente y por la finitud de los recursos naturales. Hasta las previsiones más optimistas vislumbran un colapso inevitable antes de que termine el siglo. Esto sin contar los problemas geopolíticos y de seguridad derivados de la dependencia energética de ciertas regiones con otras.

Pero algunas mentes inquietas, por suerte para todos, intentan esbozar hace rato un Plan B para que la Tierra no se estrangule a sí misma. El ejemplo más acabado de esto se llama Desertec.

“En el lapso de seis horas los desiertos reciben más energía del sol que todo lo que la humanidad consume en un año”. Esta frase la pronunció el científico alemán Gerhard Knies y es el faro que guía todo el proyecto Desertec. La iniciativa ofrece una solución para transformar toda esa energía solar de los desiertos en utilizable, para luego transportarla a los consumidores, generando a su vez nuevas opciones de prosperidad en regiones apenas desarrolladas (y que difícilmente aceptarían dejar de vender petróleo si no lograran hacer dinero de otra forma, como los países árabes). El proyecto es impulsado desde Alemania por elClub de Roma, una ONG que nuclea en pos del desarrollo sustentable a diplomáticos, emprendedores, técnicos y líderes de la sociedad civil.

La revolución del Sol

Según informa la división de comunicación de Desertec, los estudios muestran que dentro de 40 años, mediante plantas termosolares, se podrá generar de manera económica más de la mitad de la energía demandada por Europa, Medio Oriente y África del Norte. La demanda energética global asciende a 18.000 Teravatios al año (multiplicar por nueve para traducirlo en megavatios). Para lograr generar esa cantidad de energía alcanzaría con cubrir tres milésimas partes de los desiertos del mundo, que ocupan 40 millones de km2.

La ecuación puede ser vista desde abajo también: 20 metros cuadrados de desierto bastan satisfacer el consumo de un individuo. Y todo esto, claro, sin emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera. Este es el camino por el cual va el nuevo proyecto.

¿Cómo se genera la energía eléctrica a partir del calor? A través de centrales termosolares. En ellas la luz del sol se concentra y se transforma en calor de alta temperatura. El vapor caliente activa una turbina para generar electricidad como una central convencional. Unas plantas solares térmicas producirían energía también por la noche y en períodos nublados.

¿Cómo planean los creadores de Desertec llevar la energía que irradia el Sol en el Sahara hacia los grandes polos de consumo europeos? Con la utilización de líneas de alta tensión en corriente continua. Y como la radiación en las regiones desérticas es hasta tres veces más alta y las variaciones son más pequeñas entre verano e invierno, la transmisión de electricidad desde el desierto en corriente continua a una distancia de miles de kilómetros puede ser económicamente viable.

“Este es un proyecto revolucionario. No existe en el mundo otra iniciativa industrial de tal calibre”, dice en diálogo con Opinión Sur Joven el catalán Lluís Torrent i Bescos, consultor y analista en cambio climático y relaciones internacionales.

Torrent, quien reside actualmente en Buenos Aires, es un ferviente admirador del concepto Desertec: “Seguramente es uno de los proyectos más ambiciosos de la historia reciente. Tanto por su extensión geográfica, abarcando desde los países nórdicos hasta los países del África Central y Oriente Medio, como por la magnitud de la inversión prevista, que es de 400 mil millones de euros para el año 2050. Además, hay una importante y diversificada participación de actores de diversa índole, desde gobiernos hasta empresas multinacionales”.

El financiamiento puede ser visto como uno de los talones de Aquiles del proyecto. “Financiar y ejecutar una iniciativa de esta magnitud no resulta nada fácil. A modo de ejemplo, el presupuesto 2010 de la Unión Europea es de 141 mil millones de euros, el 1% del PBI de todos los países miembros. Es decir que Desertec supone más del doble del presupuesto anual de toda la UE. De allí surge la necesidad de la participación del sector privado”.

Según Torrent, ya hay 15 empresas multinacionales que forman parte del proyecto. Ve esto como una buena señal del interés que suscita y del potencial que tiene el negocio. “Es una inversión anual de 10 mil millones de euros durante los próximos 40 años. Cuando hay tanto dinero en juego todas las grandes empresas del sector de la energía, bancario, tecnología, seguros, etc, quieren estar dentro. Por ahora ya están involucradas Siemens, Deutsche Bank, ABB, E.ON, Abengoa, Enel y Electricité de France, entre otras”, explica.

El concepto Desertec –cuyo slogan es “Energía limpia para un mundo de 10 mil millones de habitantes”- fue creado por la Asociación Alemana de El Club de Roma junto a Cooperación Transmediterránea de Energías Renovables (TREC en sus siglas en inglés), una red de científicos e ingenieros. Luego se creó laFundación Desertec, que busca promover el proyecto a nivel mundial y su financiamiento. Hasta 2012, la organización se enfocará en un análisis exhaustivo de las condiciones de desarrollo de la idea y de un entorno favorable necesario para las inversiones.

Desierto, un oasis de energía

Además del interés alemán y la conciencia medioambiental europea, varios factores se dieron para armar la estrategia. “Europa tiene suerte, porque el mayor desierto del mundo, el Sahara, está justo al lado del continente. Desertec empezó por la región del Mediterráneo por una cuestión de necesidad, de disponibilidad de recursos, de voluntad política y por la capacidad de cooperación internacional. Para que otras regiones se sumen, deberían darse esos factores”, comenta Torrent.

En América Latina existen algunas superficies desérticas destacables, como el salar de Uyuni, en Bolivia (con una extensión de 12 mil km2) y más importante aún, el desierto de Atacama, que comparten Chile y Perú (con 100 mil km2). “Allí podría hacerse una localización para la implantación de un eventual proyecto Desertec, pero hace falta una clara voluntad política”, opina.

Igualmente, destaca que la urgencia, esta vez, no es latinoamericana, ya que es una región rica en recursos naturales, y países como México, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela y parcialmente la Argentina cuentan con suficiente autonomía energética (sea por petróleo o por gas).

Si se logra ejecutar, Desertec puede ser tomado como bandera por todos los ambientalistas del mundo, ya que el elemento fundamental para llevarlo a cabo –el desierto- está medianamente al alcance de todos: más del 90% de la población del planeta vive a no más de 3.000 kilómetros de algún desierto del cual se puede obtener energía limpia.

Desertec abre una ventana de oportunidad única para desarrollar una fuente de energía que decapite la emisión de gases de efecto invernadero. Pero la mayor novedad es que plantea una posibilidad para reemplazar un negocio por otro y así tentar la reconversión productiva de los países productores de hidrocarburos en Medio Oriente.

Los cambios que devendrían irían mucho más allá del medio ambiente, y seguramente acarrearían una mejora en la seguridad internacional y una revolución en la geopolítica global. Un incentivo nada despreciable. Como dice el informe de presentación del proyecto en el sitio Web de Desertec, “proteger el clima a tiempo es la máxima demostración de inteligencia para la especie humana”.

Ilustración: Lorena Saúl

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