La civilización humana viene hace rato dinamitando los recursos naturales en una forma que puede llevar al planeta a su fin como nuestro hogar dulce hogar. Mantener los estándares de confort cuidando a la madre naturaleza se plantea como uno de los grandes desafíos del Milenio. ¿Qué significa desarrollo sustentable y por qué estamos obligados a adoptarlo?

Ilustración: Guadalupe Giani

Hay una guerra nunca anunciada y jamás declarada, pero la más larga que haya existido. Comenzó allá por el siglo XVIII y en el continente europeo, cuando la Revolución Industrial empujó –en sus albores a los holandeses e ingleses y luego al resto de Occidente- a una carrera manufacturera que para ganarla se debían conseguir maquinarias cada vez más grandes y que consumían mucho combustible.

Ese combustible fue el carbón, el más dañino de todos y el mayor aportante, junto al gas, del efecto invernadero. Los siglos pasaron, la producción fue aggiornándose, pero la guerra nunca se frenó. Es que su combatiente principal, el hombre, no pudo ni quiso nunca frenar su ambiciosa batalla contra la Tierra. La paradoja es que se trata de una lucha que cuando se gana, se pierde. Cuanto más se asfixian los recursos naturales, más nos acercamos al suicidio.

El desarrollo sustentable viene a ser, en este escenario, la bandera blanca, el pedido de paz, o el anuncio de que una coexistencia no destructiva pero igual de lucrativa es posible. Concepto puesto de moda en los últimos años, a veces cae en la difusa vaguedad de las palabras que suenan políticamente correctas pero que pierden la fuerza del contenido por abusar de ellas.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de desarrollo sustentable? La génesis de esta respuesta nos retrotrae a 1982, año de la publicación del aún vigente Informe Brundtland, cuyo nombre oficial fue “Nuestro futuro común”, un documento elaborado por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, creada por Naciones Unidas y presidida por Gro Brundtland, la primera ministra de Noruega en ese entonces.

En el reporte se esbozó por primera vez la categoría de “desarrollo sustentable” (o sostenible, según de qué latitud sea el castellano usado), y se relata una crítica visión del modelo de desarrollo adoptado por los países industrializados e imitado por las naciones en desarrollo, destacando la incompatibilidad entre los modelos de producción y consumo y el uso racional de los recursos naturales y la capacidad de soporte de los ecosistemas.

El informe conceptualiza como sostenible el modelo de desarrollo que “atiende a las necesidades del presente sin comprometer la posibilidad de que las futuras generaciones atiendan a sus propias necesidades”. Fue una forma sofisticada de hacerle entender a los líderes mundiales de que el sistema de producción y consumo de ese entonces –y hasta hoy- significa “pan para hoy pero hambre para mañana”, como dice el popular refrán.

El futuro es hoy

“Desarrollo sustentable es justamente producir satisfaciendo las necesidades del presente pero asegurándonos que las futuras generaciones puedan hacerlo también. Está claro que salvo por algunas tribus primitivas de Australia o Brasil, no vamos ni un poco por ese camino. Somos una especie de parásitos de recursos en todo sentido”, define categóricamente Rodrigo Herrera Vegas, ingeniero industrial especializado en medio ambiente, en diálogo con Opinión Sur Joven.

Herrera Vegas es cofundador de Sustentator (“como Terminator pero en versión buena”, se mofa), un blog que impulsa la concientización sobre el desarrollo sustentable. “No apuntamos a volver a la Edad de Piedra, porque eso sería una involución, sino a tratar de desarrollarse sustentablemente pero resguardando el nivel de confort que tenemos en la civilización occidental moderna, y para eso creemos que la tecnología es el mejor aliado”, explica.

Razones para ello no faltan. Según un informe de la organizaciónWorld Wildlife Fund (WWF), los seres humanos están agotando los recursos naturales del planeta y los niveles de vida empezarán a declinar hacia el 2030 a menos que se tomen medidas “inmediatas”. La «huella ecológica» del hombre, es decir su consumo de recursos, se ha triplicado desde 1961, por lo que el ser humano ya impacta en el planeta un 25% más de lo que el proceso regenerativo natural de la Tierra puede admitir.

Según la WWF, el planeta tiene 11.400 millones de hectáreas de tierra y mar productivos, lo que significa 1,9 hectárea por cada uno de los 6.000 millones de habitantes. Actualmente, los seres humanos están excediendo esa cifra, consumiendo 2,3 hectáreas de recursos naturales por persona. Además, existe una gigantesca brecha entre regiones: el africano o asiático promedio consume menos de 1,4 por persona, mientras que el europeo 5 y el norteamericano 9,6.

El augurio de la organización medioambiental no es muy optimista: si las cosas siguen como en la actualidad, hacia 2050 la humanidad necesitaría consumir los recursos naturales y la energía equivalentes a dos planetas Tierra.

Inesperadamente, o no, en el último ranking que la WWF difundió basándose en la combinación del índice de desarrollo humano (establecido por la Organización de Naciones Unidas – ONU) y la “huella”, o sea la energía y recursos per cápita que se consumen en cada país, Cuba surgió como el único país con desarrollo sustentable, debido a sus buenos índices educativos y al escaso consumo energético. Esto último hace que la isla caribeña le lleve la delantera a los países europeos, cuyo grado de compromiso con el medio ambiente es el mayor del mundo.

“Si bien cambio climático y sustentabilidad no son lo mismo, en este momento son dos conceptos aliados porque hablamos de sustentabilidad si decimos que se va a acabar el petróleo. Muchas de las actividades que no son sustentables son a su vez culpables del calentamiento global. Además, lo social también es parte del concepto, porque emplear a menores o explotar a gente casi esclavizada para trabajar no es sustentable. Se debe combinar eco-sustentabilidad y justicia social”, relata Herrera Vegas.

La clave para crear “masa crítica” que empuje a los gobiernos y empresas a abrazar un desarrollo sustentable está, para nuestro entrevistado, en la sociedad civil. “Esto va a empezar desde abajo, desde las personas. Sobre todo en Internet se están gestando movimientos con las redes sociales. Las personas pueden disminuir su consumo o ejercerlo en forma responsable. A medida que se concienticen van a imponer a las empresas que hagan las cosas mejor y va a haber una competencia en ese sentido”, augura.

Es una cuestión de energía

Le proponemos a Herrera Vegas que se imagine que es el presidente mundial que puede marcar el paso de las políticas, y en ese caso, cuáles serían sus prioridades siendo el desarrollo sustentable la Meca a la cual arribar. “La emergencia más inmediata es el cambio climático, así que me enfocaría antes que nada en la energía, para reducir la que proviene de fuentes fósiles, y haría como política muy altos impuestos al petróleo y dar incentivos, como hace Alemania o España, a que la gente produzca energía propia y con fuentes limpias”, responde.

En España, ejemplifica, los residentes de casas con paneles solares son subsidiados por el gobierno cuando, por ejemplo al irse de vacaciones, tienen producción superavitaria de energía, entonces reciben por ese extra un pago tres veces superior al precio de la electricidad tradicional.

“Como segundo paso, me enfocaría en los alimentos, que son un tema clave, porque su producción depende altamente del petróleo, por las maquinarias, y de pesticidas. Y su traslado, depende del petróleo por los camiones y barcos. Un sistema de alimentación sustentable implicaría que comamos lo que está cerca nuestro y alimentos de estación. La tendencia es que vamos a tener que ir a un esquema más basado en lo local y una agricultura menos dependiente del petróleo. Y como tercer paso, trabajaría sobre el tema residuos, que también es muy importante”, agrega.

Por su baja densidad de población, su vasto territorio y sus enormes recursos naturales, él ve a Latinoamérica como un diamante en bruto entre las regiones del mundo. “Estamos en posición para ser líderes absolutos en desarrollo sustentable con todo lo que tenemos. Corremos con mucha ventaja por sobre los países industrializados, dada la enorme cantidad de recursos para poca gente. Acá el desarrollo sustentable sería más medicina preventiva que curativa. Pero veo muy poco entendimiento del tema y los líderes políticos no hacen mucho”, señala.

La concientización de la sociedad civil a partir de sus hábitos de consumo y la reconversión productiva para reducir el nivel de gases de efecto invernadero son dos metas imposibles de separar. La tecnología y los know-how patentados son la zanahoria del burro, porque sin rentabilidad está probado que no se motiva la transformación. Nuestra América Latina, sea con energía eólica en su Cono Sur, con los mega-yacimientos de litio para autos eléctricos en Bolivia y Perú, o con sus biocombustibles en Brasil y México, tiene una ventana de oportunidad para liderar la batalla que liquide la guerra contra la Tierra.

Ilustración: Guadalupe Giani

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Algo más sobre Desarrollo Sustentable:

Informe Brundtland, documento elaborado por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo

Sustentator, el blog del desarrollo sostenible

World Wildlife Fund (WWF)

Sur Norte, una ONG de inversión y desarrollo