Por año se destruyen 120 mil kilómetros cuadrados de bosques (tres veces Suiza). En Argentina la deforestación aumentó un 42% y actualmente se talan 40 canchas de fútbol por hora. ¿Cuáles son los perjuicios de estas acciones? ¿Cómo influye en el cambio climático?

Cuando nos imaginamos a nuestro planeta, entras las fotografías mentales que se nos aparecen seguramente figura alguna con bosques gigantescos alejados de las urbes, con selvas plenas de flora y fauna, la magnanimidad de lo verde en todo su esplendor. Sin embargo, esa prototípica imagen está cada vez más cerca de ser una vieja postal del pasado. Cada minuto hay menos bosques en el mundo.

La deforestación avanza cada vez con mayor rapidez en el mundo. Las denominadas pluviselvas ecuatoriales (la cuenca del río Amazonas, el África central y el sudeste asiático) soportan una tasa de deforestación anual de 120 mil kilómetros cuadrados, y otros 100 mil se ven parcialmente destruidos; Suiza entero sólo tiene 41.285 kilómetros cuadrados y Portugal tiene 100 mil.

A la actual velocidad de destrucción, se calcula que todos los bosques tropicales habrán desaparecido en la segunda mitad del siglo XXI, es decir de acá a 50 años. [1]

Nuestro continente -especialmente la Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia- es prueba fehaciente del problema. La Argentina, entre 2002 y 2006 la deforestación creció casi un 42% respecto del período que va de 1998 a 2002 [2].

La situación más grave se presenta en las selvas y montes de las provincias norteñas de Salta, Chaco, Formosa, Santa Fe, Santiago del Estero y Córdoba: en los últimos cuatro años, el proceso se agravó y la tala arrasó con 1.108.669 hectáreas, lo que equivale a media provincia de Tucumán. Con estas cifras, la tasa de deforestación de la Argentina –que mide el porcentaje de pérdida por año respecto de la superficie remanente- resulta seis veces más alta que el promedio mundial.

Suelo se busca

Para entender con mayor claridad la problemática, Opinión Sur Joven fue a consultar a Hernán Giardini, Coordinador de laCampaña de Bosques de Greenpeace Argentina, cuya tarea cobró alto perfil este año con la promoción de la Ley de Bosquesmediante varias manifestaciones y la recolección de más de 1,3 millones de firmas que apoyan la iniciativa.

“Deforestación significa quitar lo que había de bosque nativo y poner otra cosa en su lugar, y se da en general para tratar de ganar nuevas tierras para dedicarlas a la ganadería y agricultura”, explica Giardini. Lo que buscan los deforestadotes es ganar más tierra para cultivar e incrementar la producción, aprovechando una coyuntura económica mundial en la cual las materias primas cotizan en alza, con la soja como vedette.

“El anhelo es el suelo, el bosque ‘molesta’ para producir. Hoy en día hay un corrimiento desde el centro hacia el norte del país, ya que las tierras pampeanas están sobreexplotadas y las del norte son muy baratas”, dice Giardini.

Si bien el fenómeno de la desaparición de bosques nativos se lo conoce como “deforestación”, hay que diferenciar entre “tala” y “desmonte”. Tala es extraer el material forestal para vender la madera. En cambio, el desmonte busca reemplazar el bosque y ganar la zona para otros cultivos.

El dirigente de Greenpeace narra un panorama desalentador sobre la situación en Argentina. “Hay tres ecosistemas amenazados: el parque chaqueño (que es el polo de calor sudamericano, la zona con mayores temperaturas del continente y el segundo bosque más grande después del Amazonas), donde se desmonta por soja y ganadería. Después, la selva de yungas, que va desde Tucumán hasta Bolivia, donde se desmonta por caña de azúcar y soja. Y el tercero es la selva misionera, en la que se busca plantar pinos y eucaliptos para pasta de celulosa o madera”.

Cambio climático y otras yerbas

Más de un desprevenido se preguntaría por qué tanto lío por la deforestación. La pregunta es legítima, y la respuesta, esclarecedora: desnudar el planeta de sus bosques y de otros ecosistemas como su suelo, tiene un efecto similar al de quemar la piel de una persona. Los bosques ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones del tiempo y en el clima.

La deforestación y la degradación de los bosques son causa y resultado del cambio climático. Los bosques absorben dióxido de carbono, actuando como un «sumidero» pero, cuando se deterioran o destruyen (por ejemplo en incendios y deforestación) se convierten en una «fuente» liberadora de CO2 a la atmósfera.

Hasta el 25% de las emisiones de dióxido de carbono mundiales se deben a la tala indiscriminada de árboles. De hecho, América del Sur contribuye al efecto invernadero del mundo con un 5%; la deforestación es responsable de la mitad de esa cifra. La destrucción de los bosques libera en la atmósfera unos seis mil millones de toneladas de dióxido de carbono al año, lo que da cuenta de cómo esta práctica agrava el efecto invernadero [3].

La tala o desmonte, a la vez que empobrecen el suelo y lo dejan desprotegido ante la erosión y la evaporación del agua, contribuyen aún más al cambio climático porque aumenta las sequías y la presión humana sobre el manto forestal.

La dimensión económica del tema es obvia: las tierras baratas y las materias primas a precios siderales en el mercado mundial marcan una ecuación redonda para los empresarios que buscan buenos y rápidos réditos a su inversión. Sin embargo, la producción que viene luego de la deforestación (como ser la producción de soja o venta de madera) no deriva en la creación de miles de puestos de trabajos.

Pero también hay una dimensión política sobre la cuestión: la deforestación indiscriminada es fomentada por los gobiernos provinciales. “El gran problema de la Argentina es que gran parte de la deforestación es legal, los gobiernos dan los permisos, y la política sobre el tema la decide unilateralmente cada Secretario de Medio Ambiente local. No hay una coordinación nacional ni la opinión de diferentes sectores. El efecto no es positivo, porque no genera grandes recursos y hay un éxodo de la gente del campo a la ciudad. Se nota que hay una mirada a corto plazo y no se piensa en las consecuencias”, explica Giardini.

En Argentina desaparecen 40 hectáreas por hora (lo que representa 40 canchas de fútbol), 300.000 hectáreas por año, y esos bosques nativos que desaparecen no se vuelven a recuperar nunca más. Nuestro entrevistado dice que a la Argentina le quedan 31 millones de hectáreas de bosque, pero tiene un ritmo de deforestación muy superior al promedio mundial, incluso al de los países africanos. Como está a la vista, no hay tiempo que esperar.

Una solución es posible

Greenpeace propone desde hace tiempo una ley nacional que plantea suspender los desmontes por un año y “ordenar el territorio”, planificando y acordando entre el sector productivo, ambientalista, técnicos, organizaciones de campesinos e indígenas [4].

La Ley de Bosques plantea además acordar una evaluación técnica forestal para luego alcanzar un consenso político para definir tres zonas en el país: una zona verde, donde se pueda permitir una deforestación regulada, una zona amarilla donde no se permita desmontar sino una tala controlada y una región roja donde rija una protección total.

Pero también se puede hacer caso al lema del Mayo Francés y llevar la imaginación al poder. Eso hicieron en Brasil, donde se logró acordar con empresas europeas un compromiso para que no compren más soja a Cargill proveniente de tierras desmontadas; y Cargill –la agricultora más grande del mundo- se comprometió a su vez a cambiar su política forestal.

También desde algunos sectores mencionan la posibilidad de crear de un Protocolo de Kyoto 2 que genere fondos para la preservación mundial de bosques nativos.

Más allá de todo, lo más importante es que en los últimos tiempos se ha logrado instalar el tema en la agenda pública, y como bien dicen algunos, reconocer el problema ya es estar a mitad de camino de la solución. “Se va ganando la batalla en la opinión pública, por lo que se batalló mucho. Falta ganar la batalla política, pero los intereses son muy fuertes, las presiones van a seguir estando, hoy por la soja, mañana por otra cosa. Ahora vamos por la Ley de Bosques, pero después habrá que seguir por más”, remata Giardini. Y que sus palabras retumben.

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[1] Fuente: CONICET Mendoza

[2] Fuente: Datos preliminares de la Secretaría de Ambiente de la Nación publicados en el diario Clarín- La Secretaría realiza un inventario forestal por períodos de cuatro años

[3] Fuente: FAO

[4] Este grupo es víctima directa de la deforestación porque existe un grave problema de titularización de la tierra