Por Milton Estevez  @MEstevez_

Cada época tiene su deporte y la esencia de los pueblos se refleja en ellos. A medida que el tiempo fue pasando, los deportes aparecieron, se transformaron y se divulgaron nuevamente. Todos son piezas claves en una comunidad. Su origen es muestra del poderoso nexo social y emocional que se palpa en el momento en el que practicamos algún deporte.

Discóbolo

Discóbolo, de Mirón. La escultura representa a un deportista en el lanzamiento de un disco.

El camino hacia la educación física sistemática tal como la conocemos hoy tiene sus orígenes en la Edad Antigua. Desde el 3000 a.a. C. los ejercicios corporales cumplieron distintos roles a lo largo de la historia. Sus aportes fueron más allá del sostenimiento y desarrollo de las capacidades defensivas de los individuos. De hecho, cuando en el Neolítico el hombre comenzó a producir su propio alimento a través de la agricultura y cría de ganado, se volvió sedentario. Así se dio paso a la formación de las primeras tribus.

Es interesante cómo rápidamente los primeros campesinos fueron adoptando una constitución gentilicia basada, primitivamente, en una sociedad no dividida en clases, convivencia entre las “gens” y matriarcado. Pero para sus integrantes, una sociedad no podía llamarse como tal sin juegos competencias y danzas. Éstos eran una parte fija. Se destacaron los juegos con pelota y su importancia social. Las “fratrias” eran la unión de dos o más gens para fines sociales o religiosos. La cohesión de ellas se vio robustecida cuando los equipos (si se permitiera llamarlos así), para jugar a la pelota, reclutaban jugadores de más de una gens distinta. Es decir, de una fratria.

Las danzas por su parte solían estar relacionadas con rituales de fecundidad. Cada tribu dominaba entre unas 10 o 30 danzas distintas, que se diferenciaban entre sí por sus pasos, ropas y accesorios. Sin embargo, existía una danza común a todas las tribus: la danza guerrera. Aunque su nombre lo hace parecer, no tenía como objetivo desarrollar actitudes y cualidades para la guerra, sino más bien, movilizar soldados y formar una tropa. Antes de una expedición, por ejemplo, se celebraba una danza guerrera.

La educación corporal en los primeros momentos era una cuestión que sólo abarcaba a los varones. Desde muy temprano, los niños debían preocuparse por su propio sustento. Bajo la tutela del padre iban de pesca o de caza. Los juegos de los más pequeños consistían, entonces, en imitar las actividades productivas. Otro factor educativo consistía en las pruebas que había que superar para ser admitido en la sociedad. Tenían duras consecuencias, incluso riesgo de muerte. Se implementaban técnicas corporales y armas de caza. Lo que se buscaba era ganarse el respeto de los mayores a través de una hazaña de valentía personal.

Antorcha olímpica.

Antorcha olímpica.

En la Edad Media los ejercicios corporales estaban relacionados con los orígenes rituales. Tenían procedencia mística y divina. Fueron los antiguos griegos los que le dieron más importancia a los juegos atléticos no solo desde el punto de vista educativo, sino también desde lo estético, moral y religioso. Los JJ.OO de la Antigüedad se celebraron por primera vez en Olimpia, en honor a Zeus. Existen unas máximas griegas que sirven de fundamento, algunas son: “no hay belleza sin deporte, ni educación sin deporte”, “sólo el hombre educado físicamente es verdaderamente educado”, “el adiestramiento del cuerpo es un medio para la formación del espíritu y la moral” o “el hombre es considerado una totalidad”. La preocupación de la civilización griega por la búsqueda del equilibrio mental y corporal quedó inmortalizado con el Discóbolo de Mirón, una obra que destila serenidad; a la vez, muestra vigor al momento en que se lanza el disco.

La clase caballeresca también tuvo su contribución al tema. Encuadrada en instituciones feudales (como los castillos) por protección y beneficios, logró formar un ideal. Y es en ese mismo donde hay que buscar las raíces del espíritu de la práctica deportiva. El joven aspirante a caballero era educado hasta los 12 años en la Cortesía, donde era instruido acerca de las hazañas de los caballeros célebres y practicaba equitación y esgrima. A los 15 años recibía sus armas y se transformaba finalmente en caballero. Se debía además realizar un juramento, lo que muestra los valores que se acarreaban. El caballero garantizaba ser valiente, fiel a su palabra, un defensor de la justicia y el bien. Vale destacar que durante la Edad Media, el atletismo, una esencia de Grecia, era desconocido. Este período se destinó a los juegos con pelota y a la lucha.

Se puede afirmar que los ejercicios corporales tienen su origen con el proceso de producción. Cuando éste le permitió al hombre alcanzar un nivel que le posibilitó excedentes de productos, pudo practicar ejercicios que no estuvieran  directamente relacionados con la supervivencia de la comunidad. Las mejoras en las técnicas de cultivo y cría de animales, sumado a la división de trabajo entre agricultores y ganaderos, se formó una condición económica de la cual depende el nacimiento de los ejercicios corporales conscientes y organizados. El propósito era mejorar la productividad del hombre, en los primeros momentos. Los juegos, competencias y danzas tenían la esencia de la agricultura, la ganadería y la caza, que eran las principales actividades de sustento.

Sobre el final de la Prehistoria, los ejercicios comenzaron a adquirir un carácter más militar. Cierto es que la guerra fue (o mejor dicho es) uno de los mejores medios para apropiarse de nuevas fuerzas productivas. La guerra es más peligrosa que la caza, y capacitarse para ella fue una cuestión de vida o muerte. Los entrenamientos destinados al proceso de producción se transformaron en entrenamientos para la batalla. Así nació la primera forma de educación corporal especializada, la militar.

En Inglaterra, en los Tiempos Modernos, recién comenzamos a hablar de las primeras reglas. También, aquellos deportes que solían practicarse juntos (como la esgrima y la lucha) fueron perfilando sus claras existencias.