La Argentina es uno de los países de América Latina donde la danza contemporánea logró mayor desarrollo: abundan las producciones y se incrementó la profesionalización de los bailarines. ¿De qué se trata este arte? Un género que llama a la moda.

Cuando a finales del siglo XIX Isadora Duncan bailaba descalza, sin maquillaje, con cabello suelto y sólo vestía una túnica transparente para realizar sus performances, estaba denegando la formalidad del ballet clásico para dar origen, junto a otros creadores como Loie Fuller, Martha Graham y Mary Wingman, a una técnica más libre y fluída que sentó las bases de lo que hoy es la danza contemporánea.

La Argentina es uno de los países de América Latina donde la danza contemporánea logró mayor desarrollo. Abundan las producciones artísticas, se incrementó el nivel de profesionalización de los bailarines y aumentaron las coreografías que son acompañadas por otros lenguajes como el teatro, la pintura y las nuevas tecnologías. Sin embargo, a pesar del auge que ha sostenido el género durante los últimos años, existe una percepción generalizada de que, al encontrarse dentro del campo de las artes de vanguardia, supone un carácter “no masivo” en cuanto al público que la consume y “no rentable” para quienes la practican. Esta información fue reflejada en un estudio publicado en 2010 por Prodanzaorganismo dependiente del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, destinado a la protección y al fomento de la actividad de la danza independiente.

“La danza es una actividad que tiene su mercado y que en términos de producción cultural es muy activo”, garantizó la directora artística de Prodanza, Valeria Kovadloff. Ella, junto a la directora ejecutiva del organismo, Silvina Pritz, sostuvo que la ausencia de una política nacional de danza es una de las razones por las que este género no cuenta con teatros y salas suficientes donde desarrollarse, y le resulta tan arduo a sus artistas producir y sostener obras en cartel.

En los espacios teatrales que componen el circuito oficial –Teatro San Martín, Alvear, de la Ribera, Regio y Sarmiento, entre otros- se realizan producciones de danza contemporánea y se convoca anualmente a la presentación de obras independientes. Sin embargo no existe una programación regular. Según las directoras, en el Complejo Teatral de Buenos Aires surgieron distintos intentos de convocar a coreógrafos independientes para desarrollar ciclos de danza o para montar una obra en particular. Pero el porcentaje de esos estrenos resulta reducido cuando se estima que Prodanza recibe más de 200 proyectos anuales de coreógrafos y bailarines que necesitan ser subsidiados.

Pese a la falta de escenarios, Pritz aseguró que durante los últimos años surgieron “nuevas producciones de danza contemporánea en el país y aumentó su visibilidad en la programación artística”. El incremento se explica en parte por la realización de espectáculos gratuitos como el Festival Buenos Aires Danza Contemporánea, un encuentro que se realiza cada dos años y donde confluyen diversas propuestas artísticas del género; o Ciudanza, un festival donde bailarines y coreógrafos se manifiestan en plazas y parques públicos de la ciudad.

Luis Garay es un jóven coreógrafo colombiano que se destaca dentro de la danza contemporánea en la escena local. Desde hace diez años reside en la Argentina y en los últimos nueve ya lleva creadas alrededor de doce obras. Si bien coincidió en que la falta de recursos económicos en la Argentina es un obstáculo para la creación de nuevas producciones, señaló que la dificultad de encontrar intérpretes es su mayor problema a la hora crear obras: “Hay personas que están muy entrenadas físicamente pero que no tienen un training en el proceso de investigación que requiere la danza contemporánea para su desarrollo”. Según Garay, esta falta de práctica en el campo de la investigación sucede porque “no existen condiciones que permitan trabajar con un artista de manera paga durante más de un año”.

A pesar de los inconvenientes con los que deben lidiar los artistas de la danza, muchos jóvenes bailarines deciden apostar por el género. En el documento publicado por Prodanza se manifiesta que durante los últimos años “aumentó el nivel de institucionalización educativa y profesionalización de los actores” e incrementó la cantidad de bailarines y estudiantes de la disciplina. Las directoras del organismo sostuvieron que conocen del “desgaste que existe en el circuito teatral convencional”, y que por eso, creen que hay muchos más futuros coreógrafos que comienzan a investigar la relación del género con otras danzas como el folcklore, el tango o el flamenco. “Las fusiones nutren de novedad a las nuevas generaciones, antes tal vez se cruzaban menos las diferentes disciplinas artísticas”, contó Valeria Kovadloff.

La participación de coreógrafos argentinos en bienales de arte y festivales internacionales, junto con la exposición de sus trabajos en el exterior, es uno de los avances que Luis Garay señaló dentro de la danza contemporánea en el país. Sin embargo él planteó que, para fomentar el crecimiento de un artista, es necesario aumentar aún más la exposición e información acerca de lo que sucede en el ámbito de la danza en el exterior.

A diferencia de otros géneros, la contemporánea no se basa sólo en el entrenamiento físico de los bailarines. Sus intérpretes y creadores buscan terminar con esa idea generalizada de que la danza sólo es un cuerpo que está en movimiento. Porque se baila también con las ideas, con los conceptos y con los pensamientos. Es una propuesta diferente que acude a la improvisación de movimientos, puede ser aprendida por cualquier persona, propone una técnica desestructurada, y quien lo desea, también puede bailar con los pies descalzos y llevar su pelo suelto.

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