Un grupo de ambientalistas sudamericanos fueron a Canadá a denunciar a la Barrick Gold, unas de las mayores empresas mineras de la región. Estuvieron en el Parlamento canadiense y consiguieron el respaldo de algunos legisladores de ese país para presentar un proyecto de ley y controlar las empresas mineras canadienses que trabajan en el extranjero.

A todos nos seducen las batallas con espíritu de epopeya. Una historia real o de ficción siempre atrae más cuando algún aguerrido sin recursos pelea en soledad contra un poderoso adversario que cuenta con todos los medios a su disposición. Así trabajan los militantes ambientalistas sudamericanos que luchan contra la mega explotación minera a cielo abierto que llevan adelante grandes corporaciones, como la canadienseBarrick Gold, la más famosa y grande del mundo.

Javier Rodríguez Pardo es miembro de la Red Nacional de Acción Ecologista de Argentina. A mediados de mayo viajó a Canadá para denunciar en su propia tierra los emprendimientos mineros de la Barrick. Los destinatarios de los reclamos fueron diputados de todos los partidos políticos con representación en el Parlamento. Así libró de visitante pelea que calificó “de David contra Goliat”, junto al chileno Sergio Campusano y a Jethro Tulin, de Papua Nueva-Guinea.

Acusación in situ

Hubo dos eventos claves. El primero fue el encuentro en Ottawa entre los ambientalistas y la comitiva de parlamentarios de los tres bloques más importantes: el Liberal Party (progresista), el Conservative Party (en el gobierno actualmente) y los Québécois (los independentistas de Québec, quienes fueron los que más manifestaron su apoyo a los antimineros). El segundo evento fue una conferencia de prensa con periodistas locales en Montréal, la segunda ciudad más grande del país, que este año será sede del V Congreso Mundial de Educación Ambiental.

Rodríguez Pardo relata a Opinión Sur Joven parte de la experiencia: “Hablamos con los legisladores durante casi tres horas, almuerzo incluido. Pensé que iba a ser una reunión protocolar pero nos hicieron muchas preguntas concretas. Les expliqué sobre minería y hablamos sobre todo lo que la Barrick está haciendo en los Andes y su relación con los gobiernos de la Argentina y Chile”.

En la charla también se habló de la política minera de la provincia de San Juan (que según él favorece la explotación antiecológica de la Barrick) y de los emprendimientos mineros en ese distrito, como Pascua Lama y Veladero. Por último, los grupos ecologistas explicaron los perjuicios al medio ambiente que traerá el veto de la presidenta Cristina Kirchner a la ley de Glaciares, conocido como el “veto de la Barrick”, del cual tomamos nota en el Editorial de diciembre del año pasado

“Cuando les contamos todo esto, los legisladores abrieron los ojos de una manera increíble. No podían creer lo que escuchaban y se dieron cuenta de cómo estaba todo organizado para la Barrick. Creo que no ignoraban estas cuestiones pero decírselos en la cara fue muy valioso”, cuenta el militante ambientalista que también tuvo un rol fundamental en elMovimiento Antinuclear de Chubut. “Les repetí que nuestras comunidades estaban tan hartas, que ahora queman las banderas canadienses, a lo que yo siempre me opongo porque es una falta de respeto a las naciones”, se lamenta.

El epicentro de los reclamos contra la mega minería tiene nombre y apellido: Pascua Lama, una explotación que abarca las zonas de Pascua (en el lado chileno), y Lama, (en el argentino, a 4.600 metros sobre el nivel del mar). El nombre formal del emprendimiento de la Barrick Gold es Tratado Binacional Argentino Chileno de Implementación Conjunta. “La Barrick ya viene explotando (el yacimiento) Veladero, y pegado está Pascua Lama, que es como un tercer país de su propiedad entre la Argentina y Chile; hasta tienen un aeropuerto. Ellos mandan ahí, son dueños y señores gracias al contrato que se les ha dado”, sentenció.

Del encuentro se llevaron la promesa de uno de los líderes del partido conservador, John McKay, de que su bloque presentará un proyecto de ley con el que piensan controlar a las empresas mineras canadienses que trabajan en el extranjero. “Serían las normas de funcionamiento mínimas que debe cumplir, y cuya idea tiene mucho que ver con las denuncias que viene haciendo la Coalición Quebecquense allá. Se ha bombardeado con e-mails la Bolsa de Comercio de Toronto alertando de la situación y, por ejemplo, el gobierno de Noruega ya se hizo eco y le acaba de retirar el apoyo financiero de sus fondos de pensiones a la Barrick”, explica Rodríguez Pardo.

Luego de esa reunión con dirigentes en el corazón del poder político canadiense, le siguió una conferencia de prensa en Montreal. Allí se trasladaron los tres ambientalistas, acompañados por miembros de la organización Mining Watch y la Coalición Quebecquense. Las notas en los medios y el encuentro con políticos no pasó desapercibido para la empresa minera, ya que al día siguiente, y de manera sorpresiva, decidió difundir desde su sede en Toronto el comienzo de la explotación de los yacimientos polimetálicos de Pascua Lama, tal como ya había adelantado unos días antes en la Argentina.

Números de plomo

En Opinión Sur Joven tratamos el tema de la minería en octubre del año pasado y repasamos los efectos negativos que tiene esta actividad para el medio ambiente. Ahora vemos Pascua Lama, un caso concreto que promete ser paradigmático en la lucha contra la mega minería a nivel mundial.

Según informó la propia Barrick Gold al gobierno sanjuanino, en el yacimiento binacional se busca extraer 447 toneladas de oro en 21 años de explotación (tres años llevó la construcción). Esto implicará cerca de 2000 millones de toneladas de roca removidas (cuatro toneladas por cada gramo de oro), 170.000 millones de litros de agua, casi 380.000 toneladas de cianuro de sodio, medio millón de toneladas de explosivos, 943 millones de litros de gasoil, 19 millones de litros de nafta y 110 megavatios de potencia eléctrica promedio a partir del tercer año. El agua requerida equivale al consumo de un sólo día de 170.000 familias; la electricidad, al de 137.000 hogares; el gasoil, al de seis millones de automóviles por mes; y el de nafta a 60.000 tractores por mes.

Pero no sólo se les reclama el derroche de recursos naturales: “Barrick hace la explotación a cielo abierto con elementos tóxicos, lo cual es de una perversidad inimaginable. Vuelan montañas, arrojan sopas químicas con reactivos como cianuro de sodio, que atrapan oro y plata de las rocas”, explica Rodríguez Pardo. “Para esto se utilizan cantidades gigantescas de aguas. Por ejemplo, en Pascua Lama utilizarán tres metros cúbicos de agua por segundo. En caso del cobre y uranio, usan ácidos sulfúricos”, acusa Rodríguez Pardo.

Él asegura que combatiendo la minería no frenan la creación de puestos de trabajo, porque si bien en este tipo de compañías al principio contratan gente con subsidiarias para abrir caminos y construir, luego la mina se maneja con computadoras y personal híperespecializado. “No utilizan casi mano de obra local. Encima no pagan IVA, ni impuesto al cheque, usan gasoil subsidiado y les otorgan un canon por 30 años de 1,2%”, sostiene.

El trabajo de los grupos ambientalistas impulsó el movimiento antiminero en los pueblos cordilleranos. Hoy son 70 las organizaciones sociales que lograron ejercer presión para que se sancionen leyes en seis provincias para impedir la minería a cielo abierto y con compuestos tóxicos.

“El mineral no es renovable, y lo que queda está diseminado, no concentrado. Entonces cuanto más diseminado está, más agua y energía se precisa y más montañas se deben volar. En Estados Unidos se consumen 19 toneladas de mineral per cápita por año, mientras que en la Argentina no se llega ni a una bolsa por habitante. Eso habla de un derroche muy grande. No queremos ni imaginar si China llegara a esos niveles de consumo”, alerta.

El 85% del oro sustraído va a parar a las joyerías del mundo, el 12% a las bóvedas de los bancos y el 3% a las industrias. La dicotomía que se plantea es concreta: ¿Está bien permitir la destrucción de glaciares cordilleranos (reservas de agua invaluables) y montañas para saciar el consumo suntuario?. Pero la respuesta es difícil, porque pone en contraste dos cosmovisiones del mundo: una materialista y consumista, y otra humanista y conservacionista; es decir, un enfrentamiento de paradigmas tan viejo como el mundo.

Mientras tanto, un grupo de militantes ambientalistas sudamericanos, con el insoslayable apoyo de las ONGs, fueron protagonistas de su epopeya. Con mayor o menor éxito (el futuro dirá), enfrentaron a Goliat en sus propias narices.

Ilustración: Hernán Pitarque

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