Toda nuestra vida hacemos infinidad de acciones, tenemos desafíos, logramos resolver diversas situaciones e incluso en ocasiones nos sentimos sorprendidos. Pero nada de esto resulta tan positivo, o empleando un término más oportuno, novedoso. Todas estas actividades están emparentadas con lo familiar, aquello que no debe ser muy fácil pero de todas formas nos deja cómodos.

¿Cuál es el término adecuado para hablar de aquello que tenemos dominado y forma parte de nuestra rutina? Zona de confort.

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Una vez que entendemos que nuestro pasado, miedos o temores nos condicionan a hacer todo en nuestra vida, pienso que lo ideal sería derribar esa barrera y entrar en el campo de lo “nuevo”,  “desconocido”; ya que no todas las situaciones tienen que ser conocidas y en cambio pueden ofrecernos su cuota de desconcierto o peligro. Tampoco podemos escapar a que a todos estos términos desafiantes y renovadores, les asignamos un significado negativo.

Ubicarnos constantemente en una “zona de confort” puede tener consecuencias negativas. Entre ellas están el temor a los cambios, no poder tener una visión a largo plazo o evaluar riesgos adecuadamente.

Si aún no lograste detectar si estás ubicado o no en tu zona de confort, te dejo algunos puntos a tener en cuenta:

  • Creer que lograste todas tus metas. Lo cual limita de capacidad de “ir por más” de forma creativa e innovadora.
  • Creer que nada va a afectar tu estado actual. No es real la teoría de que somos impermeables a nuestro entorno y lo mejor que puede pasarnos es estar en contacto con todas las sensaciones, incluso aquellas que pueden desestabilizarnos.
  • Te alejás de personas que no comparten tu concepto de “estabilidad”. Rodearse de personas que sólo piensen como vos no te hará enriquecerte de tu entorno.
  • Si proyectas tu vida unos años después, te gustaría estar haciendo exactamente lo mismo que ahora. Esto demuestra el temor el cambio y el pesimismo de mostrar que ninguna situación nueva será superadora.
  • Aceptas tus limitaciones como absolutas, sin animarte a cuestionarlas. El conformismo de la zona de confort te lleva a resignarte y sin poder demostrarte que se puede mejorar.

De todas maneras cabe recordar que estar en una “zona de confort” no es malo, puede ayudar a estabilizarnos en diferentes circunstancias. Lo dañino es pensar que siempre será así. Animarse a pensar, crear y sobre todo creer en uno hará que “actuar” sea todo un desafío placentero.

Dejo un video para que comprendamos de forma más dinámica a qué llamamos “zona de confort” y cuáles son las herramientas para salir de ella.

https://www.youtube.com/watch?v=n37Ej6OUrIo#t=343