Por Lucila Etcheverría.

 

“¡Oh, dioses! ¿Puede darse mayor delito que introducir entrañas en las propias entrañas, alimentar con avidez el cuerpo con otros cuerpos y conservar la vida dando muerte a un ser que, como nosotros, vive?”. Esto expresaba Pitágoras, el filósofo y matemático griego hace ya veinticinco siglos atrás. Si bien es notorio que la idea de una alimentación libre de animales no es un producto exclusivo de éste tiempo, es innegable aceptar que en los últimos años las dietas veganas, vegetarianas u orgánicas,  se han hecho oír con más fuerza.

A veces pareciera que las personas que eligen esta alimentación son más saludables pero, en el afán de querer sumarse a este estilo de vida, se olvidan de chequear qué es lo que realmente necesita su cuerpo.

Son muchas las propuestas que hay, como así también los motivos por los cuales las personas deciden adoptarlas. Hay quiénes lo hacen por respeto hacia el mundo animal o quienes lo ven como la salida más saludable frente a las manipulaciones que se hacen con la carne. De cualquier modo, quienes deciden cambiar su alimentación deben hacer una buena investigación para ver de qué manera se puede remplazar las propiedades que brinda cada alimento.

¿Cuáles son las distintas variantes que existen y qué propone cada una? ¿Adoptar este tipo de dietas implica necesariamente que estamos mejor alimentados? ¿Qué consecuencias tiene dejar de comer carne sin tener conocimiento de cómo remplazar las proteínas que brinda?

Alex Von Foerster, dueño del emprendimiento “Granomadre – alimentos conscientes”, considera que existen 4 grandes grupos para dividir a aquellos que prefieren dejar a un lado la comida basada en animales. Estos son los vegetarianos, veganos, crudívoros y frutarianos.

“Los veganos y vegetarianos se dividen en muchos tipos, muchos más de los que la gente conoce; y cada una de éstas orientaciones tiene una filosofía propia sobre la alimentación, la naturaleza y lo saludable. Se refieren a una visión del mundo, aunque siempre están los que lo hacen por moda”, expresó el dueño de la cadena de alimentos, quien confesó haber practicado éste tipo de dietas durante muchos años. Aunque hoy consume carne,  lo hace únicamente de aquella que proviene de criaderos orgánicos.

Hay cuatro tipos de vegetarianos, aunque, como dice Alex, “es una división estimativa, siempre hay posibilidades de que surja otro grupo con hábitos nuevos o variantes entre los que ya existen”. Entre éstos encontramos a los:

 – Lacto-vegetarianosdescarga quienes permiten en sus dietas productos derivados de los lácteos, como  crema, leche y queso.

 – Ovo-lacto-vegetarianos, aquellos que además de consumir productos derivados de la leche,  consumen huevo.

 – Ovo-vegetarianos, éstos complementan sus comidas únicamente con huevo.

– Api-vegetarianos, ellos admiten miel en sus dietas pese a que pueden admitir o no lácteos y  huevos. Por lo general, al haber tantas orientaciones distintas, se producen conflictos y  desacuerdos entre aquellos que consideran que está bien valerse de ciertos productos derivados de  los animales y los que opinan que no hay que consumir nada que provenga de éstos.

Los denominados Veganos, en realidad se definen por ser vegetarianos estrictos, es decir que no comen carne como así tampoco ningún producto derivado de animales. Más que una dieta refiere a un modo de vida, regido por su concepción ética, donde se busca evitar la explotación animal de cualquier tipo. Es por este motivo que rechazan cueros, lanas o incluso cosméticos hechos con algún derivado animal.

Como el mismo nombre lo deja entrever, los Crudívoros son aquellos vegetarianos que comen exclusivamente comida cruda. Quienes siguen ésta modalidad consideran que la cocción destruye las propiedades de cada alimento, quitándole lo que éste tiene de fundamental. Aún más extremos son los que adoptan el Frutarismo. Para ellos el único alimento apto para ser comido es aquel que se desprende naturalmente de plantas o árboles, y consideran el hecho de arrancar un fruto como un “daño hacia la naturaleza”, según lo comentado por Alex.

No podemos decir que estos hábitos alimenticios sean buenos o malos en sí, ya que en cuestiones de alimentación no hay una verdad única más que la que dicta cada cuerpo. Pero lo que sí se tiene que dejar en claro es que, a la hora de plantearnos qué comer y qué no, hay varios factores que debemos tener en cuenta.

En primer lugar, hay que tomar conciencia de lo importante que es la alimentación para nuestro organismo y los efectos que puede tener en nosotros aquello que consumimos. Como expresa la médica en nutrición Mónica Katz: “somos lo que comemos”.  Resulta fundamental, entonces, hacer un chequeo para saber cómo esta nuestro cuerpo y qué es lo que necesita. Este se puede hacer a partir de un análisis detallado de sangre. Con un diagnóstico completo, uno puede recurrir a un experto en nutrición para que nos aconseje qué alimentos necesitamos comer y cómo podemos remplazar aquellos que preferimos no ingerir, manteniendo una dieta equilibrada. Sin tomar los recaudos necesarios, corremos el riesgo de que en algún momento salga a la luz la falencia de algún nutriente u hormona, que puede tener consecuencias serias. El cuidado debe ser aún mayor en bebes, embarazadas y personas mayores.grillen2-150628_L

Alex, además de tenerun negocio donde se venden alimentos orgánicos, trabaja como nutricionista junto con una oncóloga, con quien se encargan de definir la dieta de personas que padecen o han sufrido cáncer. En el trabajo que realizan, se hace evidente que para algunas corrientes, la alimentación tiene una influencia directa sobre las enfermedades.

No sólo es fundamental conocernos, sino también saber qué es lo que ingerimos, de dónde proviene y a qué tipo de procesos se lo somete. Sobre todo desde la aparición de los alimentos genéticamente modificados o, sin ir más lejos, la famosa comida congelada, que vienen a terminar con la idea de que todo lo “verde” es saludable.

Cuando vemos un video de la manipulación a ciertos animales, como por ejemplo los pollos, creemos que la solución ésta en refugiarnos en aquellos alimentos que surgen de la tierra pero…  ¡¡Atenti!! Esto ya no es garantía de nada. No debemos desconfiar de todos los productos que tenemos a nuestro alrededor. Pero si realmente lo que buscamos es lograr la alimentación más sana posible, debemos preocuparnos por saber cuál es el origen de lo que comemos.

Si nuestra ética está orientada a terminar con la explotación animal, podemos optar por una alimentación libre de mamíferos, siempre y cuando lo hagamos de una forma consciente, asesorándonos, preguntando e investigando sobre nutrición. Para aquellos que abandonan la carne, creyendo que de éste modo llevan a cabo una dieta más saludable, es esencial que se informen acerca de lo que consumen, como así también, que consulten a un especialista para saber qué de real tiene esa idea.