En un año agitado para la Argentina, el medio ambiente obtuvo avances y retrocesos: desde el ahorro de emisiones de gases de efecto invernadero hasta la menor cantidad de fondos dispuestos a la ecología en el nuevo Presupuesto. ¿Es el 2012 un año para reforzar los aciertos y modificar los errores?

El 2011 fue tumultuoso. A nivel global, nos siguió sacudiendo la crisis financiera –que ya golpea a la economía real- y que tiene su epicentro en la Europa periférica pero, como se sabe, hoy por hoy si un continente se enferma, los otros se resfrían.

En la Argentina, fue un año agitado porque entre marzo y octubre se sucedieron constantes elecciones locales y la nacional, en la que se debatió el cambio o la continuidad del gobierno de Cristina Kirchner. Tras una campaña en la que el medio ambiente brilló escandalosamente por su ausencia, la Presidenta fue reelecta por una mayoría contundente.

En lo que a mí me concierne, que es la ecología, hubo para todos los gustos, tanto de cal como de arena. Por un lado, se cumplieron dos años desde que Argentina mezcla gasoil con un porcentaje de biodiesel gracias a una ley nacional y, según el organismo estatal INTA, eso ya generó un ahorro anual en emisiones de gases de efecto invernadero que oscilaría entre los 3,8 y 4,1 millones de toneladas.

Además, la Argentina se consolida como el primer exportador mundial de biodiesel y el cuarto productor mundial, no provocando esto un desbalance (como sí pasa en otras latitudes) con los precios de la canasta alimentaria básica de su población.

Otra buena noticia en la que la gestión pública tuvo mucho que ver es la puesta en marcha del parque eólico más grande de Sudamérica en la patagónica provincia de Chubut. Pero, también hay grises.

El gobierno argentino gastó 2.500 millones de dólares en la puesta en marcha de la central atómica Atucha II, que está ubicada a sólo 80 kilómetros de la aglomeración urbana donde viven 16 millones de personas (Buenos Aires) en el año en el que la planta nuclear de Fukushima instaló el pánico como nunca desde Chernobyl.

Sumado a eso, no sólo hubo una tardía reglamentación de la ley de Bosques por parte del Poder Ejecutivo sino que en el Presupuesto 2012 los fondos destinados son siete veces menos que los exigidos por dicha normativa.

Y en cuanto a los recursos públicos, la reasignación de partidas por la delegación de poderes del Congreso dio una ingrata sorpresa de fin de año: se recortaron en 7 millones de dólares los fondos destinados al desarrollo de la Cuenca del Riachuelo (que debe urgentemente relocalizar a sus habitantes por orden de la Corte Suprema) y se los reubicó casi en su totalidad para el programa Fútbol para Todos, que estatiza la transmisión de la primera división.

Los hechos concretos muestran avances y retrocesos. Pero sobre todo, que no se puede nunca dejar de sostener una perspectiva crítica y exigente ante el poder, para reforzar los aciertos y modificar los errores. Porque el medio ambiente no vota ni responde encuestas.