Pequeñas variaciones, que expresan cómo ven el mundo los unos y los otros. El cine americano quiere brillo y color; el europeo es más sepia y por momentos aburrido. Unos producen mayoritariamente para vender; el otro intenta retratar la realidad, aunque por su falta de ritmo no siempre lo logra. Un joven director explica su posición sobre el tema

Decido ir a ver una película. El cine es el arte que más me atrae, porque tiene la capacidad de hacer ver ciertas complejidades humanas, algunas bellezas y muchas tensiones.

No tengo decidido cuál voy a ver. Me acerco a la boletería.
-¿Qué me recomienda que empiece ahora?
-Mmm…Dos opciones -me dice la boletera-, “La vida de los otros”, un policial alemán muuuuy intenso o “Letra y Música”, una comedia para pasar el rato.

Me sorprendo. ¿Es posible que una película sea capaz de alterar las leyes del espacio-tiempo? Si en “Letra y Música” el tiempo pasa, ¿eso significa que en La Vida de los Otros se detiene?

Me quedo con la boca abierta y la mirada perdida.
-Joven, joven. Sala 5, butaca 11-S para “Letra y Música”, Gracias. Como buen zombi/espectador (en algunos casos es lo mismo) me dirijo a la sala. Entro a ver la película y me recuesto sobre el asiento de pana roja.

Mientras veo los adelantos me surge la idea de escribir esta nota… tendría que ser divertida, me digo, una nota para pasar el rato.

“Pequeños arreglos”

En la década del 50 las películas de Visconti tenían dos tipos de dosificados (arreglos de color y tonalidad). Uno para Estados Unidos y otro para el resto del mundo. ¿Cuál era la diferencia? La copia de USA tenía más brillo, más contraste. Un pequeño arreglo. Así empezó.

Así sigue: En su última película Carlos Reygadas tuvo que modificar las imágenes de prensa del film porque a la actriz principal se le veían los pechos. Otro pequeño arreglo.

Mi amiga conoce a un muchacho: es bonito, inteligente, gusta del jazz, los perfumes fuertes y los impermeables largos. Esto a mi amiga la deslumbra. “Nunca he conocido a alguien así -me dice- es U-N-I-C-O”. La relación prospera. Al tiempo ella siente que algo la perturba, la incomoda. Descubre que es el aroma del perfume de su amado. “No hay problema”, se dice y le regala a su ahora novio una caja de la mejor colonia fresca y primaveral que encuentra. Al tiempo descubre que el impermeable es algo “demodé” y el jazz un tanto triste. “Sweater de hilo y jazz electrónico”. Pequeños arreglos, sólo pequeños arreglos para la mejor convivencia.

Desde hace algunos años está en auge el cine de terror asiático: se hacen remakes de esos mismos films sólo que con actores e idioma norteamericano. Son “pequeños arreglos”: adonde antes había un asiático ahora está “Buffy, la Caza vampiros”; donde antes Tokio ahora Detroit.

¡Ahh! Ahora sí…analogía entre mi amiga y sus demandas y las demandas de la industria norteamericana. “Pequeñas diferencias”, nada más. En el ejemplo anterior, la postura es muy clara: en USA no quieren ver asiáticos, no quieren oír otros idiomas, quieren la misma historia donde ellos son protagonistas y enunciadores.

Después de todo ellos son los protagonistas de La Historia.

El Gran Dilema

El cine es un arte (aunque algunos nos quieren hacer creer lo contrario con sus incapacidades o malas intenciones). Y como tal habla del mundo desde el mundo.

El cine es un arte caro e industrial (un conocido mío, un tal Walter Benjamín, tiene algunas cositas escritas sobre el tema). Hace falta mucho dinero para producirlo y se necesita recaudar más o igual cantidad de lo que se invirtió.

Nos enfrentamos ante un dilema. La exhibición, la distribución y la difusión del cine está en manos de empresas norteamericanas, que tienen el poder y los medios para decidir qué cine quieren que “yo, tu él” veamos; y también tienen el poder para que no se produzca, no se distribuya y no se exhiba otro tipo de cine, siempre bajo la estricta lógica del mercado. Dicho en los términos de otro negocio más popular: ¿Por qué producir buena ficción con los costos que esto acarrea si se puede encerrar a 15 tipos en una casa y filmarlos 24 horas sin costo adicional?

Pero volvamos al celuloide: ¿Qué es este “otro tipo de cine” que los distribuidores no difunden? Es una pregunta muy amplia, por lo tanto la respuesta será igual. En general es un cine en que no interesa distribuir. No hay (lealo sin repetir y sin soplar): Arañas-Hombre que van por la ciudad, monos gigantes peludos enamorados de rubias arias, explosiones a gran escala, persecuciones de autos sobre calles de pueblos o ciudades, refugiados políticos con el maquillaje Ok, ladrones solamente negros, grandes discursos de pequeñas personas.

Algo para Hincar el Diente

En cuanto a cuestiones formales está claro que hay más que un océano de diferencias entre un cine y otro. Desde tiempos inmemoriales la industria norteamericana y la europea han elegido diferentes rumbos;.catalogados de forma opuesta el cine norteamericano fue leído como “popular (baja cultura)” y el francés “cine de elite (alta cultura)”.

Toda etiqueta es un nombre falso, o en todo caso, simplificador. El cine está hecho por personas y son éstas quienes deciden día a día en su labor y en su deseo qué rumbo le dan a la expresión de su realidad.

Veamos: la principal reacción que tengo cuando me enfrento a ciertas películas norteamericanas es de sorpresa, incomprensión y cierto rechazo. ¿Por qué? Porque lo que allí observo es un retrato de un mundo distinto del que provengo. ¿Es entonces el cine un arte que debe retratar el mundo de los espectadores y si no lo hace fracasa? Claro que no.

No me pertenece porque allí, en ese universo retratado no se mueven las tensiones que a mí (como persona) me hacen involucrarme en el mundo. Hay un cine que me quita el mundo, o al menos lo desvanece, lo difumina, lo aliviana, le quita la densidad insoportable que a veces tienen las cosas. El cine standard norteamericano hace más irreal mi realidad, le quita tensiones.

Tal vez de eso se trate cuando se acostumbra decir “es una película para pasar el tiempo”. Un film norteamericano difícilmente sea una singularidad, es decir, un acontecimiento. Esto que nombro aquí no sucede por falta de talento sino, tal vez, porque la cultura de la cual proviene ese cine -de la cual provienen quienes producen ese cine- tienen como medida la producción en masa, la cadena de montaje, el World Trade Center, el 11-S, el “amigo americano” y a “mi vecino el asesino” con bruce Willis, que es igual a tantas otras y que será igual a tantas otras por venir.

Un momento. ¿Es que acaso en Europa el cine es un movimiento de tensiones siempre complejas y de alta intensidad? Para nada. Europa es un continente que ha producido y producirá grandes bofes ilustrados. Entonces, ¿donde radica la diferencia?

Es importante señalar que la diferencia está en todos lados: silencios, manejo de los planos, distintas puestas de cámara, tipo de rostros, actores famosos

Tanto en Europa como en USA o Argentina existen y existirán muchos tipos y gentes del cine. La única gran diferencia estará en cómo se conceptualiza al cine ¿Es éste un medio de expresión, de reflexión y una forma de transitar esta vida de sobresaltos? ¿O es simplemente un lugar a donde se asiste antes de ir a comer o a la hora de llevar a los nenes en las vacaciones de invierno?.

No hay un cine norteamericano, no hay un cine europeo. Hay cultura norteamericana, hay gentes y cultura europeas. Hay objetos y personas que se ofrecen y son ofrecidos únicamente como objetos de consumo; no es extraño que el cine haya caído en esa bolsa. En Europa hay otras suertes: algunos siglos más de historia, el renacimiento, la Capilla Sixtina, Caravaggio. También hay cine del peor y del más aburrido.

¿Qué nos queda a los espectadores sino podemos saber nunca qué cosa es cada cosa? Bueno, como decía el gran Forrest “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”. Bienvenidos a la selva del celuloide.