El sábado 27 de febrero a las 3:36 de la mañana Chile se movió; se sacudió durante un minuto y medio. Un sismo de magnitudes gigantescas azotó la zona centro-sur del país, dejando a una nación devastada, a una población totalmente perturbada. La vida de muchos chilenos no volverá a ser la misma, el temor reinará en sus rutinas, al menos por un tiempo.

Un terremoto de 8,8 en la escala de Richter (según expertos 50 veces más potente que el de Haití) cortó abruptamente el sueño de casi 10 millones de chilenos. El sismo y posterior tsunami dejaron como saldo más de 700 muertos, miles de heridos y enormes daños estructurales; carreteras y edificios derribados, grietas en los caminos, postes caídos, cortes de energía eléctrica y de las comunicaciones. Barrios enteros arrasados por la fuerza del océano, el agua se llevó pueblos enteros de la larga costa chilena. Un “error” de la armada -tal como lo denominó Michelle Bachelet-, que minutos después del terremoto descartó la posibilidad de un tsunami y les costó la vida a cientos de personas que se encontraban en estas zonas costeras.

El Instituto Geológico de Estados Unidos informó que el terremoto alcanzó una magnitud de 8,8 en la escala de Richter y su epicentro fue en la sureña región de Bío Bío, a 500 km de Santiago, a unos 90 kilómetros al sureste de Concepción, la capital regional; y se extendió por más de 700 km de la geografía chilena. Sin embargo, el Instituto Sismológico de la Universidad de Chile localizó el epicentro en la costa, a 63 kilómetros al suroeste de la ciudad de Cauquenes, en el límite entre las regiones del Bío Bío y del Maule, más al norte. Desde del gran sismo hasta el presente se registraron más de 200 réplicas, algunas de las cuales superaron los 6 grados en la escala de Richter e instalaron el pánico constante entre los habitantes.

Zona roja

Chile esta ubicado en el “Cinturón de Fuego”, una de las zonas más sísmicas del planeta. La interacción entre las placas de Nazca y de Sudamérica, una de las más activa en cuanto a movimientos telúricos, produce un sismo destructor cada 10 años, un promedio de 20 pequeños temblores diarios y alrededor de 4 mil movimientos sísmicos anuales, según el Instituto de Geofísica de la Universidad de Chile.

En los últimos 50 años, Chile sufrió 83 grandes terremotos que han causado más de 40 mil víctimas fatales. El último gran sismo que afectó al norte del país fue el 30 de julio de 1995, cuándo un terremoto de 7,8 en la escala de Richter sacudió la ciudad de Antofagasta y causó numerosas muertes, heridos y daños considerables.

En 2010 volvió el horror. Los pobladores describieron aquel temblor como “interminable”. La entonces presidenta, Michelle Bachelet declaró a los medios de prensa: “Efectivamente ha sido un sismo mayor, sin embargo están las instituciones funcionando”. En todo momento hubo que tratar de enviar un mensaje de tranquilidad a los ciudadanos: “Chile tiene que unirse para ayudar a las víctimas, a los familiares de las personas que han perdido la vida, ayudar y reconstruir lo que se ha destruido”.

Las cifras, lo que dejó

El último presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, presentó un informe con los resultados del terremoto, luego de las investigaciones realizadas por su Gobierno. Además adelantó que se pondría en práctica un plan de acción para trabajar en la restauración.

El daño patrimonial del país supera los 30 mil millones de dólares, que equivale al 17% del Producto Interno Bruto (PBI). El terremoto, que ha tenido cientos de réplicas desde entonces, dejó 2.700 escuelas inhabilitadas, 35 hospitales inutilizables o severamente dañados, más de 150 mil viviendas afectadas o inhabitables y 2 millones de damnificados.

A causa del temblor, las empresas chilenas despidieron a 8.417 personas aduciendo “caso fortuito o fuerza mayor”, lo que implica no pagar indemnizaciones amparados por el Código del Trabajo, que permite despedir a empleados en casos de que una catástrofe natural afecte al sector productivo.

La Ministra de Trabajo, Camila Merino, advirtió que los despidos por fuerza mayor pueden ser invocados únicamente por las empresas que están imposibilitadas para continuar con su actividad. “Es malo que se aprovechen para despedir trabajadores, usando esta causa sin pagar indemnizaciones. Estamos viendo que no haya abusos en eso”, aseguró Merino. También anunció bonificaciones para las empresas afectadas que no despidan o incluso contraten a nuevos empleados.

La reconstrucción, un reto para Piñera

“Quiero comprometer la total ayuda y compromiso del equipo del futuro gobierno con el actual gobierno de la presidenta Bachelet. Es una ocasión en que Chile tiene que unirse para ayudar a víctimas, a familiares de las personas que han perdido la vida, y reconstruir lo que se ha destruido”, declaraba Piñera horas después del desastre. “El desafío de levantar Chile va mucho más allá de reparar lo que demolió el terremoto; hay que construir un país mejor”, apuntó.

Cuando asumió Piñera firmó un decreto para reducir drásticamente el gastó público. “Habrá austeridad hasta que duela. Ajústense el cinturón”, advirtió. El mandatario indicó que su gobierno se manejará con una “economía de guerra” para hacer frente a los daños. “Firmé el decreto y entrará en ejecución una profunda austeridad en el gasto público”.

Para financiar la recuperación del país andino, anunció la creación de un fondo para la reconstrucción que operará al menos por los próximos cuatro años, donde será primordial el “ajuste del cinturón” en el sector público para aportar con unos 730 millones de dólares. “Hemos planteado un recorte general de gastos en las partidas correspondientes a bienes de consumo y compra de equipos y maquinarias en todos los ministerios de un 5%”, añadió. Piñera también destacó que entre u$s 5 mil y u$s 8 mil millones serán recuperados por los seguros que Chile tiene comprometidos internacionalmente.

Una encuesta de Expectativas Económicas realizada por el Banco Central de Chile reveló que la actividad económica aumentará un 4,5%. El ministro de Hacienda, Andrés Velasco, previó que la actividad se va a resentir hasta abril pero que, luego, la fuerte inversión que demandará la reconstrucción empujará la economía al alza, convirtiéndose así en la que liderará el crecimiento latinoamericano este año.

Parte del favorable pronóstico radica en la posición financiera de Chile. La presidenta, Michelle Bachelet, que terminó su mandato el 11 de marzo, dejó ahorros fiscales por u$s 14.706 millones, fondos clave para que su sucesor pueda reconstruir el país.

El Congreso de Chile ya aprobó la primera ley del presidente Piñera y se trata de la creación de un bono por u$s 80 dirigido a las familias de menores ingresos que favorecerá a cuatro millones de chilenos. Fue aprobado por unanimidad, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

Entre las nuevas medidas, el dirigente chileno destacó la creación de 60 mil nuevos empleos para las personas afectadas por el sismo y se comprometió a mantener una política macroeconómica que mantenga la competitividad de la economía chilena y permita mantener el equilibrio fiscal y estructural.

En este sentido, Piñera adelantó las tres fases del programa que diseñó su equipo de gobierno para encarar todo lo que dejó a su paso el terremoto. La primera, con un plazo de 30 días, tiene relación directa con la emergencia y el restablecimiento de los servicios básicos para la población. La segunda, el plan de emergencia otoño-invierno, busca la solución de viviendas provisorias y de emergencia para evitar que la ciudadanía afectada por el terremoto y maremoto, enfrente en condiciones deficitarias la época invernal. Y la última, será la de la reconstrucción del país, e insumirá los cuatro años de la gestión de Piñera.

¿Un escenario favorable?

Ahora, ¿éste escenario de crisis perjudica o beneficia Piñera y su posibilidad de realizar una buena gestión?

Sin duda alguna es un escenario favorable, ya que le creó una tarea que cumplir. Antes de asumir le aguardaba un gobierno sereno, sin demasiados sobresaltos. Contaba con los 20 años de gobiernos de la Concertación, que le dejaban un país moderno en términos de infraestructura, con gran crecimiento -aunque asombrosamente desigual en el reparto- y una red de protección social que él se había comprometido a extender hacia la clase media.

Michelle Bachelet dejó la presidencia de Chile con el más alto índice de popularidad jamás antes logrado por un mandatario. En el balance de su gestión como primera presidente mujer en la historia de su país, se destacaron las políticas en favor de una mayor igualdad de género, la ley de igualdad de salario ante una misma función e iniciativas contra la violencia intrafamiliar, entre otras. Continuó las políticas sociales de los gobiernos de la Concertación, impulsó la reforma previsional y otras que beneficiaron a los sectores populares.

Por ahora, las encuestas son positivas, hay esperanza entre los ciudadanos aunque se percibe también cierta desconfianza en los nombramientos que hizo el presidente. Eligió pocas figuras políticas y se inclinó, en cambio, por exitosos empresarios, algunos muy cuestionados. “Un gobierno de gerentes”, ironizan los más críticos.

El analista político Ascanio Cavallo aseguró: “A Piñera lo esperaba un gobierno sin una épica nacional, sin grandes conflictos ni crisis, un gobierno más. Al resultar electo, él había hecho una convocatoria a la unidad nacional que resultaba de lo más ridícula y su programa de gobierno era muy pobre. Todo cambió con el terremoto, se hizo urgente el problema de la unidad, se le creó un objetivo y una épica. Esto va a ser el punto crucial en el que se apoyará su administración los primeros años”.

La socióloga Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, sostiene “Piñera llegó para quedarse y esta es su oportunidad. Si no lo consigue, es porque el choque de intereses entre su lugar como empresario y la función pública termina siendo más fuerte”.

Si fracasa los chilenos no se lo van a perdonar. El pueblo va a ser muy crítico con su gestión y su gobierno. Así que es primordial que pueda desplegar toda su eficacia como político-empresario durante estos cuatro años para conseguir levantar a Chile. Le espera una tarea heroica de reconstrucción y es preciso que obtenga una mixtura de éxitos urgentes, sobre todo en rubros como salud, educación, vivienda y empleo.

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