Dos, tres, cuatro chicas pasean en skate por Puerto Madero. Unas señoras las ven pasar. “Esas en patineta son un peligro”, dice una. “Es cosa de hombres”, agrega la otra. A las muchachas no parece importarles demasiado. Siguen riéndose y esquivando perros, corredores y gente con rollers o de traje.

El diálogo que las chicas escucharon, cuentan un rato después, es algo a lo que están acostumbradas. “Una de las primeras veces que me dijeron algo en la calle, me bajé del long y les grité que, si me iba a ofender, por lo menos supiera la diferencia entre skate, longboard y una tabla de madera”, cuenta Yèsica, entre divertida y colérica.

El skate atraviesa por estos días un fuerte resurgimiento en el país. En ese contexto, jóvenes como Yesica, Candela y Carla forman parte de las mujeres que empezaron a sumarse a una disciplina que, hasta ahora, pertenecía al mundo masculino. Específicamente, eligen el longboard, que se diferencia del skate en cuanto a tamaño y usos. El primero es largo y está adaptado para hacer down hill (bajadas desde lugares empinados), derrapes y también para usarlo como medio de transporte. El segundo, en cambio, se usa para hacer trucos, saltos y movimientos más “extremos”.

¿Por qué las chicas prefieren longboards?

Keiki, encargada de iniciar una serie de clínicas en Puerto Madero, para acercar a chicas a este deporte, piensa que para las mujeres el uso del longboard pasa por una cuestión de elecciones: “En el skate hacen, cosas más arriesgadas como subirse a barandas, saltos, que quizás las chicas no se animan”. Aclara luego que, si bien hay algunas skaters que compiten, el longboard se adapta mejor a su cuerpo.

“Mi hermana de 14 años llegó del colegio una vez y se puso a ver videos de chicas andando en longboard. Nos dio curiosidad y quisimos probar”, admite Malena, de 12 años que está aprendiendo a mantener el equilibrio pero que ya se “muere por empezar a patear”. Ella y sus hermanas les exigieron a sus padres que le regalaran para un Día del Niño una tabla para empezar a andar. Después, empezaron a fijarse en páginas de Internet dónde podían juntarse con otras chicas para aprender más rápido.

Generalmente van a Puerto Madero una vez por mes, donde varias se acercan para ver trucos y pedir consejos a las más experimentadas. “Vengo de otro deporte, recién ahora estoy empezando a derrapar pero me encanta, me divierto mucho y creo que fue por eso que lo elegí”, cuenta Candela de 22 años y agrega que fue su hermano quien la incentivó a aprender. Su amiga Carla agrega que a la Universidad de Palermo, donde cursa el tercer año de Diseño de Indumentaria, van la mayoría en longboard o en bicicleta: “Al principio no me animaba, es un deporte que elegí porque me parecía más fácil que mantener el equilibrio en los rollers”, cuenta entre risas.

¿Deporte, medio de transporte o sólo diversión?

“Patinar para mi es la máxima alegría y diversión”, expresa Jorge skater profesional, con una sonrisa. Para Keiki, el andar y hacer trucos es lo que más disfruta del longboard: “A mi gusta ir sin ninguna preocupación, ir por la calle no es lo mío”. Ambos aconsejan que, al igual que cuando practican, tienen que usar las protecciones y llevar el casco puesto.

“El uso que le doy es de total diversión y un poco también para ir un día menos al gimnasio”, describe Valeria (37). Su amiga Lucía asiente: “Lo fui dejando por tiempos de facultad, de laburos y ahora a los 37 me decidí y me dije: quiero volver a las tablas y no a las del teatro precisamente”, cuenta, y explica que disfruta ponerse los auriculares, los lentes y salir a pasear.

“Surfear el pavimento” es lo que convenció a Laura, de 20 años, a abandonar la bicicleta y adoptar al longboard como medio de transporte y deporte extremo a la vez. Daniela, de 26, encargada de programas de software para bancos, cuenta cómo la vieron en su trabajo el primer día que llegó con el long a cuestas: “La cara que pusieron era inexplicable, ahora se acostumbraron. Llego, me saco el casco y hago lo mío”, se defiende. Otra de las chicas, Macarena, de 30 años, agrega: “Vas por la calle y aunque el conductor del auto te ve que vas derecho te toca bocina igual. La gente le tiene miedo al longboard”. Todas concuerdan en que falta concientizar a automovilistas y peatones que los skaters también forman parte del tránsito urbano.

¿Mujeres versus hombres?

“Para mí el skate es más divertido que el longboard. Las mujeres lo usan más porque es fácil y seguro. No corren tantos riesgos debido a que no hay tantas pruebas”, asegura Jorge Ladas Amarilla, skater profesional y uno de los pioneros de este deporte en Argentina. Pero el astro del deporte no abunda mucho más en críticas hacia las chicas. “¡A qué hombre no le interesa estar rodeado de mujeres!”, grita, más cerca de la carcajada que de otra cosa, decidió a abrirles las puertas de “su” mundo.

“Ahora hay menos prejuicios, algo que se logró a través de la difusión que tuvo el deporte”, afirma. Keiki, en esa misma línea, habla de la integración de la mujer en el mundo skater como algo que se fue dando, movido por la curiosidad de ellas mismas en querer aprender.

“Acá es todo muy comunitario, nos prestamos las cosas”, dice Lucía y agrega que la rivalidad entre hombres y mujeres casi no existe. “Es un deporte más inclusivo, no es como el fútbol o el basket”, detalla Daniela, y reafirma sus dichos explicando que el skate o el longboard son disciplinas no competitivas, donde lo que le interesa al otro es que aprendas.

“Todos saben lo mucho que te costó subirte, hacer las cosas, así que si te pueden ayudar en algo, lo van a hacer”, explica Macarena. “Una vez con mis amigas nos peleamos con unos chicos porque nos decían que ese era su lugar y que nosotras éramos minitas ignorantes”, recuerda casi colérica Laura, aunque cree que ese conflicto se debió más a la estupidez de sus interlocutores que a una discriminación por género. “A muchos hombres les copa que haya mujeres. Y hay chicas que patinan mejor que chicos”, cierra Daniela, orgullosa.