Arte en ferias itinerantes. Arte en parques. Arte fuera de la ciudad. Arte móvil y colaborativo. El Centro Rural de Arte es una asociación que propone acciones creativas en diferentes espacios rurales para desarrollar la actividad artística contemporánea. Una experiencia sensible y colectiva para compartir.

Elegir las naranjas más jugosas, el perejil más vitamínico o el kilo de la lechuga más fresca puede convertirse en una experiencia “de otra dimensión”. A través de una idea, en este caso materializada en una acción artística, es posible reflexionar sobre algo tan básico como el alimento y transitar como espectadores una feria a la que se va comúnmente a comprar comida.

De eso se trata a, uno de los proyectos del Centro Rural de Arte, donde seis artistas provenientes de distintas disciplinas se trasladan en un trailer junto a los comerciantes de las ferias itinerantes de Buenos Aires, se instalan a la par de los puestos de comida y proponen una iniciativa artística para experimentar desde otro lugar lo que implica el alimentarse.

“Se apuesta a un lenguaje novedoso. No se trata del clásico formato de teatro callejero, es un espacio móvil que se traslada en la ciudad, un proyecto de arte que se adecua a la dinámica de una feria”, explica Elina Rodríguez, bailarina, docente de composición e improvisación de danza; e integrante de la organización.

En [a], una pieza sonora manifiesta el recorrido que realizan los alimentos hasta llegar al lugar y en un libro con recetas de diferentes artistas del mundo se propone un relato sobre la comida como cultura: parrilla marina onomástica, panqueque coreano y hasta una torta compuesta a la forma dadaísta son algunas de las opciones

“Se trata de imaginar una acción. Nos encontramos con un lugar, o lo salimos a buscar, y empezamos a descubrir qué hay en ese espacio, qué nos llama la atención, qué se desprende, pensándolo como un territorio en cuanto a temas, personas, infraestructura. Y a partir de ahí generamos una iniciativa”, cuenta María José Trucco, actriz e integrante del Centro.

Salir a la ruta

El Centro Rural de Arte es una asociación civil sin fines de lucro que surgió en 2008 con las ganas de realizar acciones de arte fuera de la ciudad de Buenos Aires.

A través de la puesta en común de lenguajes artísticos y saberes completamente distintos, el grupo está conformado por una bailarina, una actriz, un organizador de eventos y un administrador agropecuario: ellos son Elina Rodríguez, María José Trucco, Luciano Bianchi y Pablo Ramos. Todos los proyectos, según indican, “surgen siempre del intercambio entre los cuatro”.

Así, con la idea de trabajar desde la Argentina para generar iniciativas artísticas en escenarios rurales, se organizan residencias –con convocatorias abiertas e internacionales-, talleres y acciones creativas conjuntas con otros grupos de arte del país y del mundo; todas actividades de carácter nómade y eventual.

Ellos sostienen que la dinámica del grupo es “salir a la ruta” como un modo donde “se van entrelazando los proyectos y encontrando los lugares”. “En un principio habíamos pensado al Centro como un espacio fuera de la ciudad donde pudieran ocurrir manifestaciones artísticas”, explica María José. “Buscamos estaciones de trenes abandonadas, recorrimos cerca de 100 en la provincia de Buenos Aires y finalmente encontramos una con la que ahora estamos en gestiones con el Estado”, agrega. Pero en esta etapa, reafirma, “decimos que somos nómades”.

De esa manera fueron generando distintas iniciativas en zonas de la provincia de Buenos Aires como por fuera de ella: estuvieron en el partido de Tornquist, San Andrés de Giles, 25 de Mayo; también en el parque nacional Los Alerces y en la Isla Victoria, en la Patagonia.

“Todos los proyectos son una puesta en relación entre el arte y otros conocimientos específicos”, subrayan los miembros del Centro. “Con el INTA trabajamos por ejemplo el tema de desarrollo forestal y con los parques nacionales, la conservación. Es decir no sólo hay un saber técnico sino otros saberes que circulan y que son cotidianos”, cuentan.

El trabajo que realizan se basa entonces en la construcción de “plataformas operativas interdisciplinarias”, es decir, que son acciones que surgen en conjunto y del diálogo entre artistas, trabajadores y habitantes de las diferentes zonas donde se desempeña el proyecto, así como también de artistas extranjeros.

Para planificar cada actividad, buscan primero un espacio donde trabajar, realizan una investigación sobre ese lugar y tratan de definir los aspectos geográficos, sociales o políticos, entre otros, que se allí se destacan. “Trabajamos mucho en cada planificación. Vamos al lugar, conocemos a la gente, decidimos a quién convocar y analizamos qué tema es el que circula allí, lo que implica un gran trabajo de diseño que a veces nos lleva incluso un año”, explica Elina. “Luego le proponemos una dinámica al artista, que estará inmersa en un proyecto más grande, ya que es interesante observar los intercambios que se dan entre esos artistas y la gente del lugar”, añade la bailarina. Así, en la última residencia en Los Alerces el Centro Rural de Arte convocó a 15 artistas que colaboraron cada uno desde su propio saber.

Trabajo colaborativo

Además de las acciones artísticas que se desarrollan en cada territorio, otro de los puntos importantes para el Centro Rural de Arte es la difusión.

“Trabajamos en la documentación de todos los proyectos que llevamos a cabo. Nos interesa que quede un registro, que haya una instancia donde se pueda compartir la experiencia”, sostiene la actriz del grupo. Así, para la acción que se llevó a cabo en el parque nacional Los Alerces, están realizando una película donde convocaron a Jonathan Perel, un director de cine que “trabaja entre lo documental y la ficción”, explica.

Por su parte, la bailarina dice que cada proyecto es muy distinto y que en cada nuevo lugar, siempre es buena la recepción y el intercambio con la gente: “Es una experiencia muy fuerte a nivel social”, afirma. Es que cada vez que llegan a un nuevo “territorio”, tienen que hacer “una inmersión muy rápida” con los artistas que van a participar del proyecto, los medios, los habitantes…

Si bien aclaran que aún hay mucho por “descubrir y repensar”, sostienen que cada nueva actividad genera mucho aprendizaje y que el mayor desafío lo tienen en el propio objeto de investigación. “Se trata de cómo volvernos más eficientes, sin dejar por ello de ser y estar sensibles, en el sentido de que ocurra lo que estamos buscando. Es decir, no que vengan mil personas a las actividades, sino que si estamos planteando un intercambio con los trabajadores, cómo hacer para que sea real y potenciarlo”, agregan.

Con el cierre de año, el Centro Rural de Arte finalizó en principio con las intervenciones en las ferias, pero la idea es continuar a fines de febrero y a principio de marzo del 2012 con otro ciclo en Buenos Aires. Y también, extenderse a otros circuitos del país, con otros estímulos y otros paisajes de la Argentina.

Se trata de la búsqueda y creación de territorios para el desarrollo y la difusión del arte contemporáneo, abordando cada iniciativa desde la diversidad de lenguajes, o como ellos mismos señalan, “desde una acción colectiva de investigación acerca de un tema en común”. Toda una experiencia de otra dimensión.

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