Los gobiernos de todo el mundo se reunieron en Cancún para intentar reflotar el proceso que debe a llevar la dirigencia mundial a aprobar un nuevo Protocolo de Kyoto. La influencia de la previa cumbre de Copenhagen y lo que falta por conseguir.

Un año después de calentar con el debate la fría capital de Dinamarca, los 194 países volvieron a reunirse, esta vez, en la exquisita Riviera Maya, la célebre costa del caribe mexicano. De Copenhagen a Cancún, las cumbres sobre el cambio climático auspiciadas por las Naciones Unidas vienen dejando muchas esperanzas en el camino y pocos logros.

La COP16, que fue la que tuvo lugar en el balneario mexicano, tuvo mucha menos repercusión global que la COP15, la cual había elevado las expectativas a niveles astronómicos (la visita relámpago del presidente Barack Obama para que la cumbre no implosione dio cuenta de eso). En la última, con muchas menos ínfulas y tal vez por eso mismo, se alcanzaron acuerdos más concretos, aunque insuficientes según todos los análisis.

Tras jornadas de tensión, de tironeos entre los países desarrollados y los nuevos poderes emergentes y de pujas entre los propios ricos y los propios pobres, con los fantasmas de los lobbys de las grandes corporaciones volando como no puede ser de otra manera, la firma llegó y todos evitaron volverse a casa con un fracaso total en manos, como ocurrió en 2009.

Los casi 200 estados representados, a excepción de Bolivia, establecieron un acuerdo de mínimos, en el que se marca como objetivo la reducción antes de 2020 de los gases de efecto invernadero entre un 25% y un 40% respecto a los niveles de 1990. Este compromiso atañe a los países vinculados legalmente por el Protocolo de Kyoto, firmado en 1997 y que expira en 2012.

Pero el resultado final quedó expresado en dos papeles. Además de la reducción –que intentó comenzar a llenar el vacío legal que se vendrá cuando caiga Kyoto- se estableció un Fondo Verde que el año que viene movilizaría 100.000 millones de dólares para proyectos climáticos en naciones en desarrollo.

Además, por primera vez se dejó constancia por escrito que la temperatura de la Tierra no debe aumentar más de dos grados centígrados (con ese incremento igual ya habrá duras consecuencias) y de que hacen falta pasos más ambiciosos para estabilizar la temperatura del planeta.

Y como hablar de Cancún es hablar de Copenhagen, en la COP16 se retomó el texto negociado en paralelo un año antes por un grupo reducido de países –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- para tratar de encausarlo en el proceso formal de las convenciones de la ONU, y finalizar 2011 con un acuerdo con puntos obligatorios en la próxima conferencia de Durban, Sudáfrica.

Espejitos de colores

“En Cancún el gobierno mexicano diseñó un juego de cristales de colores que pudo ofrecer a las partes y consiguió disipar el tremendo malhumor generado en Copenhagen, pero son cristales de colores, nada más”, dispara en tono pesimista el embajador Raúl Estrada Oyuela, quien fue representante de la Argentina para Negociaciones Ambientales Internacionales y actual presidente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

Según relató el diplomático en diálogo con Opinión Sur Joven, Washington no está en posición de mantener hoy la promesa que formuló en Copenhagen. Consecuentemente, las restantes promesas condicionadas al compromiso que tome Estados Unidos, no están firmes.

“Sólo la Unión Europea tiene un pacto firme que mantiene. Por lo demás, las acciones de mitigación que deben adoptar los países en desarrollo también están condicionadas y se basan en tasas de crecimiento económico que por definición son inciertas. Otra vez aparece el espejismo de la transferencia de tecnología y la financiación a largo plazo, en la que resulta difícil creer”, sentencia.

Para Estrada Oyuela, quien representó a la Argentina en elPanel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), lo pactado en México “es absolutamente insuficiente”, y lo grafica en números: “Si se cumplieran todas las promesas de mitigación formuladas en Copenhagen, todavía las emisiones excederían en 6000 millones de toneladas anuales de CO2 la cifra a la cual se necesita acercarse para un aumento de temperatura que no exceda los 2°C. Pero, además, ni siquiera esas promesas están firmes”, explica.

De hecho, un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), titulado El reporte de las emisiones de gas, sostiene que, para tener posibilidad de alcanzar la meta de los 2 grados, las emisiones antropógenas deben reducirse a 44 millones de toneladas, pero que las promesas formuladas sólo pueden conducir a se produzcan como mínimo 49 millones de toneladas.

El problema principal planteado para una vez que caiga el Protocolo de Kyoto es poder adoptar un nuevo compromiso que lo suceda y supere. Para esto, según Estrada Oyuela, es clave conocer la forma y la entidad del compromiso que asuma Estados Unidos. “Si lo quiere tomar, hay muchas formas jurídicas para resolver la cuestión pero hasta el momento esa voluntad no se ve, y también que determinen su aporte la Unión Europea, Japón, China, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, México y Corea del Sur”.

La paradoja china

La Convención Marco sobre el Cambio Climático hace las distinciones entre los países desarrollados y en desarrollo que luego se vieron reflejadas en el Protocolo de Kyoto en 1997. Pero aquella convención se celebró hace 20 años y la situación de varios países considerados en vías de desarrollo ha cambiado radicalmente.

“China no sólo es ya la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero, también es el mayor consumidor de energía. Y también es el mayor productor de turbinas eólicas y un gran productor de celdas fotovoltaicas, y proyecta instalar 300 centrales nucleoeléctricas. Sin embargo alega su condición de país en desarrollo para eludir compromisos firmes”, señala Estrada Oyuela.

Por otra parte, la nueva dimensión de potencia de China (y de mayor contaminante mundial) también depara otros resquemores. Washington anunció que no otorgará apoyo financiero a Beijing y a Nueva Delhi para emprender su reconversión productiva ecofriendly. Sin embargo, lo aprobado en Cancún establece que los países en desarrollo deben recibir apoyo financiero, pero que a su vez deberán someterse a un proceso de monitoreo y verificación como el que se aplica a los países desarrollados, algo que China ya calificó de inaceptable.

El atolladero principal actual es lo que Estrada Oyuela denomina “la ecuación de condicionamientos”. En Copenhagen, solamente la Unión Europea formuló una promesa de mitigación firme: todas las restantes promesas de los países desarrollados están condicionadas.

“La promesa de los Estados Unidos está determinada a la aprobación de una ley que no fue sancionada en 2010 y que ni tiene perspectivas de salir en 2011. La promesa de Canadá está condicionada al compromiso que tomen los Estados Unidos. Las promesas de Australia, Islandia, Japón, Noruega, Nueva Zelandia y Rusia están condicionadas a la existencia de un compromiso global con participación de países en desarrollo como China, Brasil, la India, Corea del Sur, Sudáfrica, Singapur, Indonesia y México”, lamenta.

La próxima misión se llama Durban. Allí, a fin de año, los 194 países volverán a buscar un acuerdo (ya final) con la premura del calendario como paraguas ya que Kyoto dejará de estar vigente. El obstáculo mayor que les espera, además de cómo recaudar los 100.000 millones de dólares prometidos, será cerrar la gigante brecha que separa a las cifras planteadas para reducir emisiones con el límite del aumento de temperatura planetaria de sólo 2 grados (y que ya varias organizaciones tildan de escandaloso y llaman a que se baje a 1,5).

Si Copenhagen fue la tesis, Cancún la antítesis y Durban la síntesis, dependerá del trabajo político y social de la dirigencia y de las bases en los meses por venir. La ciudad sudafricana que mira al Océano Indico promete ser el lugar de la batalla definitiva de esta dramática trilogía que tiene en vilo a los ambientalistas y que debería tener en igual estado de alarma y preocupación a todos los que habitamos el planeta, que en definitiva estamos a merced del mismo riesgo.

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Sitios de interés para que sigas informándote acerca de todo lo que sucede con el cambio climático:

Naciones Unidas

COP16

Protocolo de Kyoto

Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC)

Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)