Por Lucía Ayelén Gómez

Un conocido filósofo francés dijo “hay un ser en el que la existencia precede la esencia”. Ese ser es el Hombre, único ser capaz de darse forma y moldearse a sí mismo durante su existencia. La cita de Sartre sirve para remarcar la importancia de los actos en la vida de una persona, ya que son estos los que las definen.

La revisión de un año pasado sirve para hacer un análisis de lo que hecho, si se está conforme o si se quiere hacer algo más, en el caso que no se sienta realizado con lo que se hace. Las vacaciones, el cambio de clima, el estar rodeados de amigos y familia, hace dar cuenta que la vida es más que el trabajo, ir de shopping y estudiar, se trata de compartir momentos, tener objetivos y, sobre todo, disfrutar realizarlos.

El hombre, siempre optimista al inicio del año, tiene una tendencia a proyectar y esperar lo mejor, “el año que viene voy a cambiar de trabajo”, “voy a empezar una carrera”, “voy a empezar el gimnasio”, “voy a dejar de fumar”, etc. Si es así es porque no se está completamente satisfecho con la vida que se lleva.

Pensar en uno, en lo que se quiere y en lo que se espera, revela cada día como una  oportunidad. Un nuevo día es una apertura, una posibilidad, un llamado que necesita de una respuesta, una acción, para concretizarse. El futuro latente espera.

Muchas personas ven en el trabajo voluntario una forma de dar ese giro a sus vidas. Esto no tiene que ver con hacer donaciones desde un escritorio, sino con buscar un espacio en la semana para colaborar y ayudar a otros.

La opción de hacer un voluntariado está abierta a cualquiera que esté dispuesto a donar su tiempo a quien lo necesita, y lo mejor es que no tiene límite de edad. Agustina Battaggia, 18 años, nos cuenta su experiencia: “el año pasado estuve en AIESEC, (Asociación internacional de estudiantes de Ciencias Económicas y Comerciales) que es una organización de jóvenes que tiene como objetivo desarrollar el liderazgo, romper las fronteras culturales, y para eso, se hacen intercambios.”

A su corta edad, y habiendo terminado el secundario no hace más de un año, ya adquirió experiencia en voluntariado, “decidí trabajar voluntariamente porque sentía la necesidad de hacer algo por el mundo y quería empezar a trabajar”-nos cuenta Agustina.

El trabajo puede variar de acuerdo a la organización en la que se esté. Muchos ayudan desde su especialidad, pero, generalmente, no es un requisito contar con un título o experiencia, sino tener ganas de hacer. “Lo que yo hacía era buscar chicos interesados en desarrollarse personal y profesionalmente mediante un intercambio de voluntariado en el exterior”-explica.

Si bien la retribución no es el objetivo del voluntariado, toda persona que tuvo la experiencia siente una gratificación por el trabajo realizado “trabajar en algo que ayuda a tu desarrollo personal y profesional te desafía”-comenta la entrevistada-“y aparte conoces gente”.

¿Existe un momento ideal?

El tiempo vuela y si se piensa en la posibilidad de ajustarse para comprometerse u organizarse mejor, probablemente nunca se haga. En el pasado 2013 la Argentina fue testigo de cómo se movilizó el país cuando, en abril, La Plata se vio afectada por la inundación. Ciudades de todas las provincias enviaron alimentos y muchos argentinos, sin pensarlo decidieron tomarse unos días, dejando el trabajo y el estudio, para viajar a La Plata y ayudar a quienes lo necesitaban, “me sorprendió ver tanta gente con ganas de ayudar, había gente de todos lados”, nos cuenta Lucas Pinelas, quien no dudó en ir hasta allá.

Lucas, 22 años, nos cuenta cómo lo vivió “decidí ir a La Plata porque sentí un deseo de ayudar, más que nada por una experiencia personal de la inundación que hubo en Pergamino en 1996, yo era chico y me marcó mucho”.

Desde Pergamino, Lucas viajó hasta la zona de damnificados, “me encontré con mucha gente trabajando para volver a habitar sus viviendas”. Cuando llegó a la Plata el agua había bajado pero todavía quedaba mucho por hacer “ayudé a sacar cosas de las casas, muebles que ya no servían, basura. También estuvimos limpiando las calles”.

Según Lucas, las personas no sólo necesitaban ayuda material “me encontré con mucha tristeza, las personas que habían tenido muchas pérdidas necesitaban esa contención de sentir que no estaban solos y que por lo menos tenían ayuda de alguien”.

 

La movilización a nivel país es razón suficiente para enorgullecerse, “pienso que los argentinos somos bastante solidarios en este tipo de casos”, nos cuenta Lucas, “por ahí no hay que esperar a que haya una catástrofe para poder ayudar. Poniendo un ratito del tiempo de cada uno, siempre hay cosas que hacer, sea en centro comunitarios o lugares de personas carenciadas por ejemplo”, nos dice Lucas.

Hay que animarse a cambiar y empezar a dirigir los actos en beneficio de otros, y ser conscientes de que éstos son, también, una invitación a quienes quieran seguirnos. El 2014 es una oportunidad para cambiar y hacer acciones que marquen la diferencia.

Más información:  www.aiesec.org.ar