Los recursos naturales están cada vez más amenazados. La civilización humana los dilapida y el consumo dispara la Huella Ecológica a niveles insostenibles. En la siguiente nota se analiza cómo la explotación sin principios puede llevar el sistema a su fin.

América Latina es un subcontinente privilegiado. Hay diez países que concentran el 60% de las riquezas naturales de la Tierra. En el primer puesto está, claro, Brasil, con su imponente Amazonía. En el séptimo lugar se encuentra la Argentina. Esa ecuación resulta formidablemente positiva para nuestra región: casi 600 millones de personas (menos del 10% del total mundial) viven en una de las zonas más bendecidas por la naturaleza en cuanto a su biodiversidad.

Los datos del reinado de Brasil en su biocapacidad surgen del octavo y último informe Planeta Vivo presentado por el World Wild Fund for Nature (WWF), una de las ONGs dedicadas al ambientalismo más grandes e influyentes del mundo. El estudio fue presentado a fin de 2010 y expuso un crudo panorama para el sostenimiento de la civilización humana así como funciona hoy día.

La particularidad del reporte es que vincula el índice Planeta Vivo (una medida sobre la salud de la biodiversidad mundial) con la Huella Ecológica y la Huella Hídrica [1] (medidas de la demanda de la humanidad sobre los recursos naturales totales). El saldo que da es alarmante: el empuje del crecimiento económico y la industrialización en los últimos 40 años está provocando presiones insostenibles en el planeta.

“La Huella Ecológica muestra que hemos duplicado nuestras demandas sobre el mundo natural desde los años 60´, mientras que el Índice Planeta Vivo muestra una caída del 30% en la salud de aquellas otras especies que son la base de los servicios ecosistémicos de los que todos dependemos”, sentencia.

Alimentos y bebidas, energía, transporte, bienes electrónicos. Todo el aparato productivo dispara la depredación de espacios vitales, incluso hasta depositar los residuos. Las fronteras políticas se perforan: los territorios no alcanzan para autoabastecer las necesidades o la ambición y se busca la satisfacción cada vez más en otras partes del mundo. El proceso es obscenamente desigual: hay 1.800 millones de personas que utilizan Internet pero hay 1.000 millones que todavía no tienen acceso a una fuente adecuada de agua dulce.

La producción de bienes y servicios se ve en un atolladero. ¿Es mejor desacelerar el crecimiento o tornarlo sustentable? ¿Es el consumo desmedido la madre de todos los problemas?

“Amenazas importantes”

“Sudamérica es una de las regiones a nivel mundial con una capacidad muy importante por las condiciones naturales, es una región muy diversa con una situación ambiental buena. La degradación de los recursos no ha sido tan intensa como en Europa o algunos lugares de Asia”, explica en diálogo con Opinión Sur Joven el presidente de la Fundación Vida Silvestre, Diego Moreno, cuya organización es una entidad asociada a la WWF.

Moreno señala igualmente que el contexto moderadamente favorable de Latinoamérica no implica que no haya cuestiones alarmantes: “El mayor nivel de presión sobre los recursos lo estamos empezando a recibir porque lo que se agotó en otros lados se viene a buscar acá. Hay amenazas importantes, una de las más graves es la deforestación, que implica la pérdida de ambientes boscosos debido a que la mayor producción de alimentos impulsa la expansión de la frontera agrícola”.

La disminución de bosques y pastizales pega fuerte en la región del Amazonas y en el Chaco (norte argentino, sur paraguayo y oriente boliviano). Moreno también apunta como otra de las fuertes presiones el tema de la pesca, ya que a nivel global las principales pesquerías del mundo están en proceso de agotamiento y siete de las diez principales especies que se pescan en plataforma argentina están en situación crítica porque no sólo se atrapan los adultos sino también los juveniles.

El hombre resulta una aspiradora de recursos naturales, barriendo con todos los que sean funcionales al capitalismo voraz que impera en algunas sociedades –con rescatables excepciones- y que lleva al dios materialista como estandarte. Si esto resulta una lectura cínica y exagerada, los números dotan de un baño de realidad inocultable: en 40 años la salud de los ecosistemas bajó 30%, pero la demanda humana se duplicó.

“Las causas de esta demanda tienen que ver con el crecimiento de la población mundial y con los requerimientos de consumo de algunas sociedades que toman mucho más de lo necesario para subsistir. A esto se suma que otros países están apuntando a mejorar su nivel de vida, países populosos de Asia por ejemplo”, relata Moreno.

“Tenemos que tratar de lograr un desarrollo equilibrado entre lo económico y lo ambiental. La magnitud del cambio es tan grande que requiere que todos los niveles de las sociedades se involucren: gobiernos, sector privado y a nivel individual”, agrega.

Translimitados

En 2007, el año más reciente del que se dispone de datos, la Huella Ecológica excedió la biocapacidad de la Tierra en un 50%. Es decir que se requeriría un año y medio para regenerar los recursos renovables utilizados en ese año.

Durante la década del 70´, la humanidad en su conjunto traspasó el punto en el que la Huella Ecológica y la biocapacidad anual del planeta estaban equiparadas. Desde ese momento, la población mundial empezó a consumir recursos renovables más rápido de lo que pueden regenerar los ecosistemas y a liberar más dióxido de carbono de lo que pueden absorber. Esta situación se denomina “translimitación ecológica” y se ha perpetuado desde entonces.

“Las proyecciones muestran que de seguir la tecnología actual y con los requerimientos de consumo se necesitarán dos planetas para satisfacer a la población. El nivel de consumo está 30% por encima de la capacidad del planeta”, subraya Moreno.

Para comprender mejor la idea, lo podemos graficar así: no es que consumimos lo que la Tierra no tiene, sino que, por ejemplo, si tengo 100 vacas, puedo dejar 50 terneros para seguir teniendo luego, o me puedo comer 80 terneros y dejar mucho menos de resto a futuro. No se le está dando a la naturaleza el propio tiempo que necesita para evolucionar.

Encontrar soluciones a esta asfixia no sólo es urgente por cuestiones sociales y económicas sino por el cambio climático. La depredación ambiental es el tiro de gracia a la lucha contra el calentamiento global. La deforestación en pos de la producción agrícola es un ejemplo perfecto.

“Las soluciones no son sencillas para nada. Hay alternativas y modelos que plantean posibilidades de llegar a un nivel de mayor equilibrio de acá a 2050, pero requiere fuertes inversiones en energías renovables y cambiar la matriz energética global, que hoy se nutre en un 80% de combustibles fósiles. También pasa por recuperar las poblaciones de especies pesqueras, reducir el consumo y hacer una producción más eficiente”, afirma Moreno.

Uno de los pilares de hacer sustentable el uso de recursos con su consumo es que se adopten cambios de hábitos. “Como consumidores tenemos un rol que cumplir que tiene que ver con empezar a conocer qué implica agotar los recursos naturales, reclamar que sean producidos en formas sustentables. Los avances no son suficientes pero nos muestran que puede ser factible”.

La raíz antropogénica del estrangulamiento al que se está llevando a la Tierra convierte al problema en dramático y hasta irónico. En nuestras manos está la destrucción, y por ello mismo, la resolución. La inmensa biodiversidad se ve amenazada por la desproporcionada ambición, por el desmadrado consumo. Será momento de retocar el esquema de prioridades y entender que conviene consumir menos y mejor hoy, para poder consumir mañana.

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+Info

En los siguientes sitios podés encontrar temáticas relacionadas con la biodiversidad y el consumo:

Informe Plante Vivo

World Wild Fund for Nature (WWF)

Fundación Vida Silvestre

Greenpeace Argentina

[1] La “huella ecológica” de una población representa el área de tierra productiva y ecosistemas acuáticos necesarios para producir los recursos empleados por dicha población y para eliminar sus residuos, tomando en consideración un determinado nivel de vida, e independientemente del lugar geográfico en que dichas tierras se encuentren. La huella hídrica representa la cantidad de agua que hace falta para sostener la actividad de una población.