Está en boca de todos, aunque existe hace mucho tiempo. Es el biocombustible más famoso y usado del mundo. Desde los medios, las ONG y hasta gobiernos del primer mundo lo instalan como la opción clave para contener el cambio climático provocado por la actividad humana. Pero como nadie es perfecto, también el biodiesel tiene sus contras, con consecuencias políticas y sociales que no todas las naciones están dispuestas a tolerar ni son capaces de hacerlo.

En los últimos tiempos, el calentamiento global se ubicó como nunca en la agenda pública. El cambio climático llegó para quedarse y sus consecuencias se padecen día a día. Y desde hace ya varias décadas científicos y ecologistas investigan distintas maneras para dar vuelta esta historia.

La clave del problema es la emisión de gases de efecto invernadero que generan el aumento de la temperatura de la Tierra. O sea, un cambio climático del cual es responsable la actividad humana, desde sus megacomplejos industriales hasta su más monótona actividad, como llevar a los chicos a la escuela en auto o viajar en avión. Todas y cada una de esas acciones son granitos de arena que contribuyen al trastorno ambiental.

Si el problema está tan intrínsecamente ligado a la cotidianeidad de todos los terrícolas, es obvio que la solución debe ser estructural. Es lo que se intentó en 1997 con el Protocolo de Kyoto, en el cual los estados más ricos se comprometieron a reducir, para el año 2012, un 5% de sus emisiones de gases de efecto invernadero, es decir, las combustiones de petróleo y carbón mineral, aplastantemente dominantes en la actividad humana.

Aquí es donde el biodiesel aparece en escena. Al sustituirse (en forma parcial o total) los combustibles actuales (naftas, gasoil, fuel oil), puede lograrse un balance de emisiones mucho más favorable para el medio ambiente, o sea, menos contaminante.

Antes de profundizar en sus ventajas y desventajas, y en las consecuencias políticas y económicas que acarrea, es preciso contextualizarlo. El biodiesel se enmarca dentro de lo que se llama biocombustibles o combustibles verdes. A diferencia de recursos como el petróleo, éstos son fuentes de energía renovables porque derivan de organismos vivos, como la planta de girasol o la grasa animal. Los biocombustibles más usados y desarrollados son el biodiesel y el bioetanol. [1]

Reducen la contaminación, son renovables e inacabables y su uso disminuirá la dependencia del petróleo y de las elites políticas que lo controlan. Dado que habría más competencia, el precio de los hidrocarburos se verá forzado a bajar y sería más difícil el chantaje al que muchas veces se ve sometido el mundo por los estados dueños del oro negro.

Además, las reservas petrolíferas durarían más, lo que brindaría mayor estabilidad a las actividades que requieren imperiosamente de ese hidrocarburo.

Papas fritas por doquier

Si bien los biocombustibles generan dióxido de carbono, ese dióxido de carbono al quemarse se consume en un período muy corto, porque funciona en un ciclo de carbono cerrado y no se acumula en el ambiente”, explica en una entrevista publicada en el portal Universia el doctor Carlos Querini, investigador de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral.

El ciclo biológico de los biocombustibles genera un equilibrio en el que el dióxido de carbono que se produce en la combustión es asimilado por las propias plantas que dan lugar a él, por lo que el reciclado es permanente.

El biodiesel, cuya historia se remonta a más de un siglo cliqueá acá para conocer la historia, es el combustible verde más producido y utilizado del mundo. Para los menos entendidos en la materia, se trata de un líquido muy similar en propiedades al aceite diesel, pero obtenido a partir de productos renovables: grasas animales o vegetales, como soja, colza, palmera, maní, entre otras. Mediante un complejo proceso químico, estos aceites son combinados con alcohol (etanol o metano) y alterados en su composición para derivar en biocombustible.

Además, es el único combustible alternativo que puede usarse directamente en cualquier motor diesel, sin ser necesaria modificación alguna. Como sus propiedades son similares al diesel de petróleo, se pueden mezclar ambos en cualquier proporción sin problema.

Es ciento por ciento biodegradable, no tóxico y esencialmente libre de azufre y compuestos aromáticos. En menos de 21 días, desaparece toda traza de él en el planeta. Su toxicidad es inferior a la de la sal común de mesa y su combustión genera un olor similar al de galletitas dulces o papas fritas (según el aceite vegetal que se utilice para su fabricación).

El principal productor mundial es Alemania, que concentra el 63% de la producción. Le siguen Francia con el 17%, Estados Unidos con el 10%, Italia con el 7% y Austria con el 3%. En Europa es elaborado principalmente a partir del aceite de la semilla de canola. Para una explicación más técnica sobre su fabricación,entrá acá .

Otras de las ventajas del biodiesel es que puede extender la vida útil de los motores porque tiene mejores cualidades lubricantes que el derivado del petróleo. También, es seguro de manejar y transportar porque es biodegradable y si ocurre un accidente de derramamiento en ríos o mares resulta menos letal para la flora y fauna.

En cuanto al insoslayable factor económico, hasta el momento el biodiesel es más caro que los combustibles tradicionales, si bien se espera que en la medida en que se amplíe la producción, la aparición de economías de escala le permitirá reducir su costo, sumándolo a los subsidios que varios estados están poniendo en marcha.

Por ejemplo, el Congreso argentino acaba de dictar una ley mediante la cual se fija el objetivo de que ese tipo de productos participen del 5% de la oferta interna dentro de tres años. En la nueva norma también se prevén ayudas impositivas y la amortización de inversiones para fomentar el uso de combustibles verdes.

Siguiendo en el campo económico, las esperanzas también están puestas en que el biodiesel genere nuevos puestos de trabajo, ya que requiere de una mayor cantidad de personas que la elaboración de petróleo; además puede ser elaborado a nivel enteramente nacional sin necesidad de importación de materias primas.

Por último ayudaría al desarrollo local de regiones postergadas. Según un estudio de la Universidad Nacional de San Martín, los cultivos aptos para elaborar biocombustibles como la colza o la jatrofa, podrían producirse en áreas geográficas que han sido marginales hasta ahora en el plano agropecuario, como la precordillera argentina o el monte chaqueño. Esto significa que, más allá de los beneficios medioambientales, el fenómeno verde podría convertirse en la pieza clave para el despegue de economías menos desarrolladas.

No todo es color de rosa

Algunos sectores lo miran con desconfianza y hacen distintas críticas. Antes de comentarlas vale una aclaración: hay muchos que sostienen que las investigaciones y las voces contrarias a los biocombustibles son financiados por el lobby del petróleo. Pese a eso, siempre es bueno escuchar los dos lados del mostrador.

Por un lado, están los tecnócratas de siempre, obsecuentes del amo y señor mercado, que hacen foco en que los costos de producción de esa fuente alternativa son muy elevados y que económicamente sigue conviniendo utilizar petróleo y gas, a pesar de que la Tierra arda.

Claro está, que muchos estados avalaron esa idea. Incluso Estados Unidos (el mayor emisor de gases del planeta) no quería ni oír de promoción a los biocombustibles, hasta que algo cambió: el tema explotó en la agenda pública y la superpotencia advirtió que cada vez se le hará más complicado depender del petróleo extranjero. Ahora, George W. Bush busca una alianza hemisférica con Brasil para la producción de etanol. La geopolítica y la biopolítica, como vemos, se entrelazan.

También algunos consideran que el beneficio ecológico que conlleva su uso se pierde por otro lado. Como se va a necesitar establecer plantaciones de oleaginosas muchos temen que se sequen las fuentes naturales de agua y humedales y que esto derive en la pérdida de bosques tropicales y de su riqueza en biodiversidad. A este efecto se lo denomina “desierto verde”. Además, dicen los críticos, la quema de bosques para el establecimiento de plantaciones libera mucho más dióxido de carbono del que se puede ahorrar.

Algunos planteos más radicales incluso alegan que la demanda de biocombustibles potencia los monocultivos. Esto acarrearía mayor uso de plaguicidas y herbicidas, contaminándose también las aguas, lo cual afectaría principalmente a las comunidades regionales de distintos rincones del mundo que viven de sus plantaciones menos rentables. Esta postura más alarmista -pero quizás no menos cierta- alerta sobre una posible “contrarreforma agraria” en marcha en favor de las grandes corporaciones agricultoras.

Sin embargo, el elemento más preocupante del boom de los biocombustibles es el factor alimentario, que afecta principalmente a los sectores más pobres y es mucho más tangible. Si bien los países no desarrollados son los más beneficiados por la suba de precios de las materias primas, son sus clases bajas las perjudicadas por el mayor costo de consumirlas como alimento. Se ha comenzado a generar una especie de competencia entre producción de alimentos y producción de combustibles.

Por ejemplo, se presenta la paradoja de que el mayor productor de maíz del mundo, Estados Unidos, está potenciando la fabricación de bioetanol, el cual extrae casi en totalidad a través de ese cultivo, lo que provocó una duplicación en su precio en el último año. Así han subido los alimentos básicos y de consumo popular. Quienes más lo sufren son sus vecinos pobres del sur y mayores importadores del maíz estadounidense, el taco, esencial en la dieta mexicana, es elaborado a partir de ese grano.

La quema de cultivos que sirven para alimentos no es una cuestión indiferente en un mundo con hambre, aun cuando sea para la fabricación de combustibles que mejorarían la salud de la Tierra. Se calcula que hay más de 800 millones de personas hambrientas, a las que el alimento les escaseará aún más si productos básicos como el maíz o la soja tienen los precios por las nubes.

Sin embargo, es necesaria una salvedad: la miseria en la que vive tanta gente es consecuencia de la pésima distribución de la riqueza. Sería bueno combinar la preocupación por el acceso a la alimentación, con la militancia contra el calentamiento global, ya que ambos son los flagelos del siglo XXI. Es el desafío del mundo que viene. Que vino.

+Info

¿Cómo se hace el biocombustible?. No creemos que aprendas a fabricarlo, pero al menos podés pegarle una miradita.

¿Qué es el etanol?. Más información útil para entender el tema.

Nota complementaria Escrita por Eduardo Remolins. Es buena tanto la nota como los comentarios de los lectores.

Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).Tiene una muy buena página con mucha información sobre los biocombustibles en América Latina y algunas legislaciones vigentes

Una película: Syrana, de Stephen Gaghan. Habla sobre el mundo del petróleo. Tal vez los conflictos de esa película desaparecerían si se implementan los biocombustibles… o tal vez no.

Contactate Daniel Galvalizi, autor de la nota.

[1] El bioetanol, también llamado etanol de biomasa, se obtiene a partir de maíz, sorgo, caña de azúcar o remolacha. Brasil es el principal productor de Bioetanol (45% de la producción mundial), Estados Unidos representa el 44%, China el 6%, la Unión Europea el 3%, India el 1% y otros países, el restante 1%.