El biodiesel y el bioetanol ganan más espacio en el sector de los combustibles y más consenso entre los policy-makers. Soldados privilegiados en la lucha por la soberanía política y económica con respecto a los dueños del petróleo, los biocombustibles son un aliado inesperado del desarrollo económico y una de las grandes esperanzas contra el cambio climático. El caso argentino como ejemplo de política virtuosa.

Los biocombustibles están dejando de ser la mosca blanca de su sector. Si bien algunos países trabajan desde hace décadas en el impulso de estos combustibles ecosustentables, en los últimos años aumentó su importancia a fuerza de consenso empresarial, mediático y político -en ese orden-.

El principal motivo de este avance es su estrategia geopolítica de doble filo: un país que utilice o produzca biocombustibles en gran medida (y ni hablar si hace ambas), estará camino a emanciparse cada vez más del petróleo y de acercarse a la meta de reducción de gases de efecto invernadero.

La primera razón es casi abyecta explicarla. Los hidrocarburos gas y petróleo son un bien no renovable y sus precios subieron por las nubes hasta la crisis financiera de fines de 2008; nada asegura que en unos pocos años no pueda volver a ocurrir un proceso de especulación similar. El hecho de que la mayor parte de las reservas estén concentradas en pocos países de Medio Oriente y Rusia, provoca turbulencias en la política internacional y en los sistemas de alianzas (y chantajes) entre naciones. Así muchos países quieren terminar con la dependencia del petróleo a través de los biocombustibles.

El segundo pilar es, a largo plazo, el esencial. Los combustibles fósiles (petróleo y gas) emiten gases de efecto invernadero (G.E.I.) que son en buena parte responsables del calentamiento global. Abastecerse, en forma gradual, parcial y ecosustentable es un paso hacia delante en la lucha contra el cambio climático nada despreciable ante la opinión pública, especialmente para los países desarrollados y los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

En esta primera parte de un informe especial, vamos a intentar entender qué son los biocombustibles, en qué fase de producción nos encontramos a nivel global, y cuál es su situación en la Argentina, donde una nueva medida de abastecimiento parcial puede cambiar el mapa productivo.

La dupla sustentable

“Biocombustible” es el término con el cual se nombra a todo tipo de combustible derivado de la biomasa, una fuente renovable de energía. Aunque hay varios tipos, por su aplicación y volumen de producción los carburantes sustentables son una dupla que viene repiqueteando fuerte en los medios en estos años: bioetanol y biodiesel.

El bioetanol es obtenido a partir del maíz, de la caña de azúcar o de la remolacha, por medio de procesos de fermentación enzimáticos de sus azúcares. El biodiesel se fabrica a partir de aceites vegetales usados o sin usar. El sistema más habitual es la transformación de estos aceites vegetales a través de un proceso de combinación con alcohol metílico e hidróxido sódico, que producen un compuesto que se puede utilizar directamente en un motor diesel sin modificar.

El biodiesel se obtiene a partir de aceites vegetales de soja, colza, girasol, palma, entre otros. También se puede elaborar a partir de grasas animales a través de un proceso denominado transesterificación.

Entre las claras ventajas que ofrecen los biocombustibles, los especialistas señalan en primer lugar que no incrementan los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Además proporcionan una fuente de energía reciclable e inagotable, revitalizan las economías rurales, generan empleo, y permiten aprovechar tierras con poco valor agrícola para producir bienes que no estén sujetos a la especulación típica de las commodities. Por último, mejorarían la competitividad de los países que ya no tendrían que importar fuentes de energía tradicionales.

La otra cara de la moneda es que todavía el costo de producción de los biocombustibles es superior al de los suministros tradicionales y, por ahora, se necesitan subsidios estatales que a veces los países más pobres no pueden proveer. Además potencian el monocultivismo intensivo con el consiguiente uso de herbicidas dañinos. Por otro lado, su uso exclusivo se limita a un tipo de motor de bajo rendimiento y poca fuerza; es decir, que por ahora no está dada la tecnología para reemplazar del todo al petróleo.

Igualmente, los pros vienen pesando más que los contras, y la producción sigue en ascenso: en 2008 se produjeron 14 millones de toneladas de biodiesel y 75 millones de metros cúbicos de etanol. Para 2010 se augura una suba del 20% en ambas cifras, impulsada por la apertura de dos gigantescas refinerías de bioetanol en Europa.

De las casi 20 millones de toneladas de biodiesel que se esperan para este año, más de la mitad se concretarían en la Unión Europea, un 16% en Estados Unidos y luego alrededor del 7% en Brasil y algo menos en la Argentina. En cuanto al bioetanol, Estados Unidos y Brasil se quedan con más del 80% de la producción mundial total.

En relación al consumo de biocombustibles, la Unión Europea y Estados Unidos concentran fuertemente su uso, porque son los más avanzados en impulsar su utilización y están reconvirtiendo su industria para poder producir en forma más ecosustentable.

Nueva etapa en Argentina

El caso argentino es paradigmático porque se puede beneficiar enormemente de los biocombustibles. De hecho, es el mayor exportador mundial de biodiesel gracias a dos ventajas: una soberbia capacidad de producción agrícola y el hecho de que sólo el 5% de la soja se destina a uso local y el resto puede ser derivado al mercado externo (a diferencia de Brasil).

Para aprovechar ese potencial, la Argentina puso en marcha recientemente una legislación que obliga a cortar con biocombustibles el 5% como mínimo de las naftas en el mercado interno.

Como explica en diálogo con Opinión Sur Joven el director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, Claudio Molina, la incorporación de este corte parcial (con miras a llegar a ser del 15% en los próximos años) no sólo favorece al medio ambiente sino al desarrollo de una economía más robusta y sustentable.

“Incorporar cortes de biodiesel y bioetanol ayuda a aumentar la oferta de combustibles, ya que la Argentina es estructuralmente importadora de gasoil y lentamente comienza a mostrar debilidades en la oferta de nafta para atender la demanda. Y además, esto sustituye parcialmente importaciones, lo que provoca un impacto positivo en el nivel de empleo. Permite usar localmente un producto de origen nacional realizado con el trabajo de los argentinos”, explica.

También, Molina destaca los impactos en la matriz energética: “La implementación de un programa de este tipo procura la diversificación, a partir de la incorporación de energía renovable, en un contexto donde el gas natural y el petróleo representan casi el 90% de las fuentes primarias de energía. Eso genera un importante condicionamiento para nuestro país en el plano estratégico”.

Otro aspecto favorable es que al promover la producción de biodiesel en territorio nacional, se impulsan las economías regionales más rezagadas de la Argentina, como es el noroeste y noreste, que cuentan con un gran potencial para producir bioetanol (por la zafra azucarera en provincias como Tucumán, Chaco, Salta y Jujuy) y biodiesel (por los excedentes de soja, en las zonas rurales de Santiago del Estero y Formosa). Además, está previsto que el impulso que dará el corte del 5% genere unos 5 mil puestos de trabajo.

En definitiva, el ejemplo argentino siguió una tendencia liderada por varios países europeos, y por Estados Unidos y Brasil, donde los cortes de combustibles fósiles con biocombustibles ya son obligatorios hace tiempo. Pero muestra, además, el círculo virtuoso que una simple legislación puede desencadenar, tanto para el medio ambiente como para el desarrollo económico. Con esos dos objetivos de la mano, y no por separado, se podrá seguir avanzando a paso fuerte.

En la segunda parte de este informe especial sobre biocombustibles, te vamos a contar cómo influye favorablemente el cada vez mayor ensamble entre biodiesel y bioetanol con la industria, la caída del viejo dilema “precios de alimentos versus biocombustibles” e interesantes ejemplos de cómo la ciencia busca ampliar el horizonte de producción.

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Algo más sobre los Biocombustibles:

Un video acerca de los Biocombustibles

Cámara Argentina de Energías Renovables

Biocombustibles en la Argentina